Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola




martes, 29 de octubre de 2024

COMIENZOS DE ANÁLISIS: ENTREVISTAS PRELIMINARES Rosa Lahoz y Pilar Ruiz

  

Este año, el Grup de Treball Psicoanalític del Garraf se ha planteado trabajar sobre los  comienzos de análisis, comienzos en plural.

 

El  encuentro de hoy inicia el trabajo del grupo propiamente dicho de este curso, si bien    contamos previamente con un acto inaugural a cargo Erik Gonzaliez y Karina Peluso. Sus ponencias apuntaron al psicoanálisis con niños y al psicoanálisis en la institución, ambas fuera del dispositivo analítico.

 

Deseo de saber, transferencia de estudio, preguntarse y pensar sobre los avatares del psicoanálisis hoy fundamentan nuestro grupo y nos han dirigido a trabajar sobre los comienzos.

 

A nivel teórico hemos tomado el texto de Freud “Iniciación al tratamiento psicoanalítico”. El primer capítulo de Introducción al método psicoanalítico de J.-A. Miller y un artículo de J.  Caretti: “Comienzos de análisis: las entrevistas preliminares”.

 

También hemos articulado este trabajo con alguna viñeta clínica. Para finalizar con algunas reflexiones acerca de las entrevistas preliminares y el psicoanálisis hoy.

 

Comienzos de análisis

 

Freud[i] relaciona el juego del ajedrez con el psicoanálisis en el hecho de que sólo las aperturas y los finales pueden ser sistematizados en ambos. Como las jugadas intermedias son prácticamente infinitas[ii], los jugadores aprenden estudiando las partidas entre maestros. Las reglas para el tratamiento psicoanalítico tienen idéntica limitación.

 

Las entrevistas preliminares son una innovación de Lacan, teniendo en cuenta las premisas previas de Freud, para salir de la encrucijada entre el análisis didáctico y el análisis propiamente dicho. Se originaron en el contexto de la separación de Lacan del órgano rector del psicoanálisis de la IPA, cuando la Ego-Psychology era el paradigma teórico dominante.

 

Desde la enseñanza de Lacan, la partida analítica, la mantiene “el deseo del analista” y su ética. Este “deseo” diferencia el psicoanálisis lacaniano de otras psicoterapias, porque no presupone cuál es el bien del paciente o lo que éste necesita y cómo puede conseguirlo. El analista no goza del saber porque nadie lo tiene y sufre de la ignorancia, como todos. El mandato ético para él es ocupar su lugar vacío de goce, de ideales y fantasmas, para que el saber no sabido del paciente-analizante emerja del inconsciente. Pone el bien-decir en el lugar de los buenos deseos[iii].

 

Los principios éticos son la piedra angular de una práctica que no puede tipificarse dadas la diversidad y plasticidad psíquicas, dijo Freud. Desde Lacan sus principios son:

1.            La transmisión por medio del propio análisis, de la supervisión y de la observación y escucha del trabajo de los colegas.

2.                  La dirección de la cura que comienza con las bienvenidas cuyo objetivo es acoger la demanda de ser admitido como paciente. 

3.                  Las entrevistas preliminares y la avaluación.

Freud se refiere a la motivación diagnóstica[iv] del periodo de prueba para la selección de enfermos y a aceptarlos provisionalmente hasta comprobar que pueden ser tratados.

4.            La no distinción entre análisis formativo y terapéutico. Por tanto, no autorizar demandas de formación, sin análisis

 

Las muy diversas formas de comienzo de análisis tienen en común el encuentro con lo real; es decir, el paciente se ve afectado por un malestar insoportable y enigmático que motiva la demanda y que, puesto en palabras, se constituye en un síntoma que sostiene las entrevistas preliminares. Cuando éste se convierte en una pregunta sin respuesta y el sujeto supone que el analista sabe sobre lo que le pasa, se instaura el “sujeto supuesto saber” que es la transferencia del saber no sabido al analista. Éste propicia darle un lugar al inconsciente y al goce que comporta. Como el saber produce amor al saber, detrás de la transferencia, hay una demanda de amor dirigida al analista. Lacan añade que lo que está en el fondo no es sólo el saber, sino el “objeto causa del deseo”, el objeto a, del cual el analista es responsable en cuanto que es el semblante de éste. Se podría decir que la transferencia ya opera cuando el paciente hace la primera llamada. *Ejemplo clínico.

 

Cuando el síntoma se pone en palabras, pasa de un estado amorfo a tomar forma lingüística lentamente a través de los relatos de la historia, de las relaciones personales, de la sexualidad... Se configura como un discurso dirigido al analista quien puede clarificar el sinsentido del malestar del paciente a través del corte o de la interpretación. Si el discurso es cerrado, se tendrá que operar una fisura para que la enunciación del sujeto se haga presente más allá de la queja. Dado que el saber de ese malestar habita en el inconsciente como un saber no sabido, la intervención trata de generar una apertura a lo inconsciente como lugar de causa, induciendo el saber del inconsciente y el goce. El analista busca suscitar un cierto desconcierto en el sujeto que lo aparte del discurso imaginario y lo introduzca en el enigma de su propio inconsciente. Es su manera de favorecer la entrada en análisis: sorprender, desconcertar[v].

 

Hablar con un analista conlleva dilucidar que lo dicho puede querer decir otra cosa, nada se da por sentado para romper el lazo S1 /S2. La pregunta “qué quiere decir con esto” se instala en el inconsciente y apunta a la división subjetiva marcando la diferencia entre enunciado y enunciación y motivando que el sujeto se interrogue. El analista deja en suspenso su saber introduciendo la pregunta, no sólo por razones técnicas o éticas, sino porque, en verdad, el analista no sabe del sujeto. En el acto analítico no caben ni el saberlo todo ni el juicio moral.

A diferencia del encuadre, en el enfoque psicoanalítico no se calcula un número determinado de sesiones[vi], más bien se trata de presentar al paciente la indeterminación; es decir, la variación, escansión del tiempo, la asociación libre y la falta de control. Esto sirve de soporte para indicar que el psicoanálisis es una práctica que trabaja con la falta, con la castración.

 

Dice Miller[vii]  que el paciente llega a la consulta en la posición de hacer una demanda basada en la autoavaluación de sus síntomas y pide el aval del analista sobre esta autoavaluación. Las bienvenidas son un “acto analítico” porque soportan la transferencia y porque aceptar o rechazar ya implica la ética del psicoanálisis desde el principio. El comienzo se ve aplazado hasta poder autorizar la demanda si las razones son claras; si no, no se la debe avalar y habría “preliminares permanentes”.

 

Por otra parte, Miller formula las finalidades de las preliminares como niveles que se superponen y que serían: la avaluación clínica[viii], la instauración de la transferencia analítica y la construcción de un síntoma que culminan con el inicio de análisis.

 

En primer lugar, las entrevistas representan el tiempo y el medio que el analista necesita para localizar las particularidades del goce y del deseo del paciente y para realizar un diagnóstico previo sobre la estructura clínica del demandante; es decir, si se trata de neurosis, psicosis o perversión. No se puede pertenecer a dos estructuras, aunque a veces resulte difícil precisar de cuál se trata. Según Freud, tampoco se padecen varias neurosis por lo que advierte contra el furor curandis que puede llevar a querer liberar a un paciente de un síntoma neurótico sin advertir que otro más furibundo aparecerá en su lugar[ix].

 

Las estructuras psíquicas están relacionadas con el encuentro del ser humano con su sexualidad, con los goces parentales y con la Ley; es decir, con la castración. Lacan señala tres formas de resolver ese encuentro:

Represión, sin garantía de éxito, ya que puede fallar y entonces lo reprimido retorna como síntoma. Es el caso de las neurosis.

Renegación de la diferencia sexual y de la castración materna poniendo el objeto fetiche como aquello que llena dicha la ausencia. Es el mecanismo de la perversión.

Forclusión: cuando la Ley no se inscribe en el sujeto, en su universo simbólico no se ha inscrito el significante del Nombre del Padre. El delirio aparece como intento de restitución ante el retorno de lo real.

 

La avaluación es vital en los casos de psicosis. El psicoanalista debe tener un saber profundo de la estructura psicótica para recusar la demanda si no se puede pasar por terapia; o no desencadenarla con cualquier palabra o con la propuesta de pasar al diván. Si se sospecha una psicosis, hay que buscar concienzudamente los fenómenos elementales en el presente o en algún episodio del pasado del paciente, incluso remoto.  Éstos son: fenómenos de automatismo mental: voces. Fenómenos de cuerpo como fragmentación, extrañeza, percepción distorsionada del espacio o del tiempo. Fenómenos de sentido: experiencias inefables, percepción de signos del universo, certezas absolutas de identidad u hostilidad.

 

Las encrucijadas diagnósticas se producen cuando resulta difícil precisar si se trata de psicosis o histeria. Ej. clínico. También es esencial distinguir psicosis de neurosis obsesiva, así como deslindar la estructura perversa del goce sexual perverso. Un neurótico puede tener un goce sexual perverso, pero su deseo sexual ser neurótico. La estructura perversa es perversión, la conducta perversa, neurosis. El perverso es alguien satisfecho que sabe lo que hay que saber sobre el goce; mientras que el neurótico no está satisfecho y se pregunta sobre el sentido de su deseo. Es pues una verdadera cuestión ética para el analista dilucidar bien el diagnóstico y rechazar al verdadero perverso si pide formación analítica, porque él quiere satisfacer su pulsión voyeurista de conocer y rectificar el goce de los otros. También puede suceder que escape a su análisis y se autorice a analizar ya que tiene el saber sobre el goce que es el más importante[x].

 

En las preliminares, el analista escucha los significantes primordiales del sujeto y abre una brecha entre esos significantes primordiales y el saber que se ha consolidado alrededor de él. Hay que ir aislando los significantes amo de la cadena conocida, de las explicaciones que lo enmarcan. Aislarlo para que pueda soltar algo de la satisfacción que lo habita, de la marca de goce, que es la causa de la repetición.

 

La segunda de las finalidades es la instauración de la transferencia que es decisiva para que haya inicio de análisis y que es el motor de la cura analítica; sin embargo, si es muy intensa, puede generar muy fuertes resistencias en el paciente y entorpecer la cura.

A propósito de ella, Freud dice:

 

En tanto que las comunicaciones y las ocurrencias del paciente se suceden sin interrupción, no debemos tocar para nada el tema de la transferencia, dejando esta labor, la más espinosa de todas las que nos plantea el análisis, para el momento en que la transferencia se haya convertido ya en resistencia[xi].

 

Por último, las entrevistas preliminares deben contribuir a la construcción de un síntoma que se distinga claramente de la queja inicial del paciente, así se develará la estructura de su padecer. Esa queja, en el mejor de los casos, irá dirigida al analista quien con sus intervenciones posibilitará que el sujeto asuma una posición frente al mismo, que se haga responsable de su sufrimiento. Lacan denomina este cambio “rectificación subjetiva” y varia según la estructura clínica de cada sujeto.

 

A modo de conclusión

 

1 - El análisis lacaniano-freudiano tiene una ética de respeto al saber del inconsciente y de cómo dirigir la cura para que el paciente sea responsable de su propio saber que no tiene parangón en las psicoterapias. El acto de aceptación o no de la demanda del paciente, sin promesa así formulada, pone en juego la posición ética del analista.

2 - Las entrevistas preliminares tienen un lugar principal en el tratamiento para determinar una hipótesis diagnóstica de la estructura del paciente.

 

3 - El psicoanálisis no retrocede ante la psicosis porque tiene herramientas teóricas y prácticas para acoger a estos pacientes. Esto es así por el empeño de Lacan, Miller y otros.

 

4 - Podemos pensar que no todo el mundo puede llevar a cabo un análisis puro; pero sí se puede hacer un trabajo analítico con cada sujeto.

 

Presentación de 3 viñetas que apuntan a diferentes cuestiones relacionadas con las entrevistas preliminares.

 

Reflexiones en torno al Psicoanálisis de hoy y el concepto de preliminares

 

Leer a Miller, escuchar atentamente las ponencias de apertura del curso y conceptualizar las preliminares, nos ha llevado a preguntarnos sobre el estatuto de  estas entrevistas en los diferentes ámbitos en que trabaja el psicoanálisis más allá del dispositivo.

 

El concepto de entrevistas preliminares, si bien tiene un sentido para diferenciar el encuentro con un analista de la entrada en análisis propiamente dicha, estimamos que sus principios valen tanto para el análisis en su rigor como para todos aquellos encuentros que se dan con pacientes en la consulta o en instituciones. Ya que tratan de una apertura que favorece la escucha del sujeto del inconsciente, sin olvidar la persona.

 

La idea de preliminares, preámbulo, previas, etc. apunta a la consistencia de lo que viene después. Al pensar en la idea del analista fuera del dispositivo (análisis con niños, con discapacitados, en instituciones), nos planteamos denominarlo “encuentro con un analista” para significar el carácter de inauguración, de apertura a lo inconsciente como lugar de causa, restando importancia al hecho de que haya o no un análisis canónico, que sabemos que no siempre se producirá.

 

Al hilo de esta reflexión, nos preguntamos sobre del uso del diván: ¿Qué motiva el pasaje de un paciente del cara a cara con el analista al diván? ¿Es imprescindible el diván para llevar a cabo un análisis? ¿Hay muchos pacientes en diván hoy en día que no supieran previamente a qué iban cuando buscaron el encuentro con un analista?

 

Valoramos que allá donde trabaje un analista lo que prevalece es, en rigor, su ética. El analista lleva en cierta medida el discurso con él. Un lugar no es el mismo si está ocupado o no por un analista, ya que su intervención inaugurará un encuentro con lo real, con la división subjetiva, con la castración, es decir con el NO TODO.

Por último, al ser el psicoanálisis una práctica del uno por uno, sea donde sea que se dé el encuentro entre un analista y un sujeto-paciente, los comienzos estarán servidos... La partida, empezada. Quedará por ver cómo se juega y hasta dónde llega.


[i]    Freud, S., “Iniciación del tratamiento”, Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1981,vol. II  p.1661.

[ii]El número de partidas únicas posibles es 10120, mayor que el número de electrones del universo, 1079

[iii]Luongo, Luigi, en el Prólogo a Psicoanálisis y psicoterapia de Ronald Portillo. Caracas, Pomaire, 2007.

[iv]Freud, op. cit., pág. 1662.

[v]    Caretti, Joaquín, “Comienzos de análisis. Las entrevistas preliminares”. Intervención en el debate con mismo título celebrado online el 25-09-022. En Publicaciones de psicoanálisis de orientación lacaniana.

[vi]    Freud, op. cit, pág. 1664. A la pregunta de cuánto duraría el tratamiento, Freud respondía como Esopo  al caminante: “antes de poder determinar el tiempo, necesitamos conocer su paso”.

[vii]Miller, J.-A., Método psicoanalítico, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 16-19.

[viii]    Miller, ibid., p. 20.

[ix]    Freud, op. cit., pág. 1666.

[x]  Miller, op. cit., p. 27.

[xi]Freud, op. cit., pág. 1671.

viernes, 11 de octubre de 2024

jueves, 9 de mayo de 2024


 

ACERCA DEL TRAUMA

El concepto de trauma es uno de los conceptos fundamentales en la obra de Freud, es posible localizar en sus escritos las diferentes posiciones teóricas que va exponiendo a través del avance de su teoría. Fue a partir de las grandes guerras, donde apareció, efectivamente, la neurosis traumática como tal.

Las primeras definiciones de trauma las podemos encontrar entre 1893 y 1896; trazan la función de la memoria inconsciente en la neurosis, señala el papel de la escena traumática como recuerdo inconsciente, a partir de la formación y repetición de los síntomas.

Vuelve a definir el concepto de trauma en 1920 destacando el carácter perturbador de la satisfacción pulsional. El exterior en el interior, de esta forma, Freud destituye la escena psíquica e instala el trauma en el campo de la memoria inconsciente.

En “Nuevas puntualizaciones sobre la neuropsicosis de defensa (1896) Freud dice: “En mi primera comunicación sobre las neurosis de defensa quedó sin esclarecer cómo el afán de la persona hasta ese momento sana por olvidar una de aquellas vivencias traumáticas podía tener por resultado que se alcanzara realmente la represión deliberada y, con ello, se abriesen las puertas a la neurosis de defensa. Ello no podía deberse a la naturaleza de la vivencia, pues otras personas permanecían sanas a despecho de idénticas ocasiones. No era posible entonces explicar cabalmente la histeria a partir del efecto del trauma, debía admitirse que la aptitud para la reacción histérica existía antes de este.”1

Más adelante, en el mismo texto dirá: “no son las vivencias mismas las que poseen efecto traumático, sino solo su reanimación como recuerdo”

En tres ensayos de teoría sexual (1905) postula el estatuto universal de la sexualidad infantil, señalando su valor constitutivo en la estructura. Entre síntomas e impresiones infantiles se intercalan las fantasías, las invenciones de recuerdos.

A lo largo de su obra, Freud, enlaza trauma y síntoma al ubicar una vivencia sexual prematura traumática en el origen de las neurosis, aunque señalará que no será la vivencia en sí sino su recuerdo, lo que devendrá traumático (1990). Encontraremos la pulsión del lado del empuje económico del síntoma, mientras que la fantasía contribuye y posibilita su figuración escénica.

En “Más allá del principio del placer” (1920) vuelve sobre el problema de la satisfacción pulsional y redefine su teoría traumática. El trauma, en este momento, ilustra la paradójica relación del sujeto con la satisfacción pulsional. Freud descubre la relación íntima entre la pulsión de vida, la pulsión de muerte y el trauma al estudiar una serie de fenómenos como: el sueño, la repetición, etc. el trauma representa aquello que, cada vez, es lo mismo y que se resiste a ser contado.

Eric Laurent en su texto «El revés del psicoanálisis” dirá refiriéndose a la obra de Freud: “veinticinco años más tarde, después de la primera guerra mundial, Freud da un sentido nuevo a los accidentes traumáticos y las patologías que les sucedían. Hace de estos casos entonces, un ejemplo del fracaso del principio del placer y uno de los fundamentos de la hipótesis de la pulsión de muerte. Durante largos períodos y sin ningún remedio, sueños repetitivos que

reproducen la escena traumática provocan despertares angustiosos. Estos sueños contrastan con una actividad de vigilia que ella, puede no estar dañada.2

Para Germán García, “no hay una elección entre trauma y fantasía, tampoco se trata de que si tengo fantasía entonces no hubo ningún acontecimiento del mundo, o a la inversa, si existe un acontecimiento del mundo entonces no tengo ninguna fantasía. La cuestión del trauma está ligada a la contingencia de un encuentro. Para el psicoanálisis el acontecimiento no tiene que ser necesariamente terrible para ser traumático. El factor que subraya Freud es la sorpresa.”3

García sigue en su seminario sobre la actualidad del trauma analizando los escritos de Freud y así como también los de Lacan y dice que ya no es posible pensar el trauma como un hecho exterior, en el cual alguien no estaría implicado. Está implicada la imagen que se tiene de sí, así como un cierto equilibrio libidinal, económico o, como dice Freud, una particular manera de ligar y desligar los afectos a ciertos discursos. Todo esto trasciende la idea del trauma como un acontecimiento externo.

Lacan, en su seminario “Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, adopta un enfoque kierkegaardiano para decirnos qué es el trauma. Para Kierkegaard, Wiederholung [repetición] y Erinnerung [recuerdo] son dos caras de la misma moneda: «Repetición y recuerdo son el mismo movimiento, excepto en direcciones opuestas, porque lo que se recuerda se repite hacia atrás» (Kierkegaard, 1983, p. 131). Lacan está de acuerdo en que estos dos conceptos están relacionados, pero solo en cierta medida: el límite que establece Lacan para esta repetición hacia atrás es lo real.

¿Dónde encontramos ese real? Lo real es eso que yace siempre tras el automaton, y toda la investigación de Freud evidencia que su preocupación es esa dirá Lacan, refiriéndose al concepto que introdujo en el seminario XI, la tyche.

“El lugar de lo real […] se extiende desde el trauma hasta la fantasía», y «la fantasía nunca es nada más que la pantalla que oculta algo bastante primario, algo determinante en la función de la repetición».

“Nuestra experiencia nos plantea entonces un problema, y es que, en el seno mismo de los procesos primarios, se conserva la insistencia del trauma en no dejarse olvidar por nosotros. ¿Cómo puede el sueño, portador del deseo del sujeto, producir lo que hace surgir repetidamente al trauma -si no su propio rostro, al menos la pantalla que nos indica que todavía está detrás?

Ahora tenemos que detectar el lugar de lo real. Lo real puede representarse por el accidente, el ruidito, ese poco-de-realidad que da fe que no soñamos. Lo real hay que buscarlo más allá del sueño.

Ese real, velado por la pantalla del fantasma, queda, en este período donde domina lo simbólico, como parte inasimilable.4

Según Lacan, hay un trauma esencial y común que todos compartimos: en su Seminario X, Lacan va tan lejos como para sugerir que nacer es una experiencia traumática: él lo llama “el

trauma del nacimiento”. Todos compartimos este trauma común, porque todos emergemos en el mismo «Otro entorno».

Llamamos trauma al encuentro contingente ocurrido en la primera infancia entre lalengua oída que porta el goce de quien la habla y el cuerpo del niño que aún no puede dar significación ni sentido a lo que oye. El resultado de ese encuentro azaroso es la fijación de un goce en su cuerpo que es el núcleo real del síntoma como acontecimiento de goce en el cuerpo. Ese goce que el analizante podrá localizar al final de su análisis como lo real de su síntoma, está allí desde el principio.

Lacan nos habla del trauma universal, del trauma de todos los parlêtres. Es el que tiene su causa en el lenguaje, y es lo que Lacan llamará Trou-matisme. En el troumatisme se trata de la experiencia de goce fuera de sentido, inasimilable, que es el encuentro del niño con un agujero en la comprensión de las palabras y las cosas que recibe del Otro. Es la irrupción de lalangue, que agujerea lo real. El cuerpo es anterior al lenguaje y está afectado por el goce. De este encuentro entre lalangue y el cuerpo surgen las marcas en el cuerpo. El troumatisme de lalangue como acontecimiento del cuerpo es la marca y la lengua se inscribe y fija el goce en el parlêtre.

Otro término que merece ser subrayado es el de la extrañeza. Si bien hay sorpresa, digamos que quien tiene un trauma también tiene la extrañeza de ese trauma, si no fuera así tendría la evidencia y podría decir: "Es un trauma por esto y aquello ... " pero, en general, las personas no tienen una explicación: "¡No tengo ninguna explicación!". Es algo que lo avergüenza, algo que oculta y sobre lo cual no tiene explicación.

En 1932 Sigmund Freud definió lo reprimido como una tierra extraña interna, casi como se define una embajada que, si bien pertenece al territorio del país donde está el edificio, simultáneamente, también pertenece al país que representa. Un elemento extraterritorial dentro del propio territorio. Jacques Lacan llamará a eso extimidad, algo topológicamente extraño, una tierra extranjera interna; en este sentido, es importante tener en cuenta que, anteriormente, en 1917, Freud había dicho que el “yo no era amo en su propia casa”.

¿Por qué razón, de pronto, alguien sería particularmente afectado por una palabra? La tesis de Sigmund Freud es que esto se produce porque existe una conexión afecto/palabra, es decir que las palabras están ligadas a ciertos afectos.

Es la ley de la condensación y el desplazamiento: una palabra que, por asociación, recibe una carga afectiva desplazada de otra. Jacques Lacan construye con esto una retórica, en términos de cómo alguien se separa y se junta con algo.

Lo decisivo ya no es el trauma, no es que el trauma sea un hecho de historia, sino que en ese momento podemos hablar del trauma, por el contrario, como un significante enigmático. La fórmula ‘el significante enigmático del trauma sexual’, que encontramos en La instancia de la letra…, ya indica esa elección, decisiva también para la práctica, de no aprehender el trauma a partir de la historia y del sentido, es decir, a partir de algo ‘vivido como’, sino a partir del enigma, que es ‘el colmo del sentido’, si quieren, pero precisamente en el punto en que éste se anula y, como significante, deja abierta la interpretación.”5

Marcas de lalengua.

Las marcas en el cuerpo de lalengua no son sin ser también inscripciones sobre el cuerpo, como firmas de un trauma inscritas sobre la piel, pudiendo dar a ver allí un punzón de la historia singular del parlêtre. Es de esas heridas que, aunque son del cuerpo, no son visibles en el sentido de que no se sabe la singularidad de lo que esconden, sin embargo, el que las lleva siente que las miran. Lo traumático se intensifica y se repite en la realidad de alteridad.6

Hoy en día el término trauma, situaciones traumáticas, lo encontramos en todas partes y dando explicaciones de diversas situaciones o eventos y siempre vinculadas a acontecimientos externos al sujeto, negando a la vez la subjetividad y singularidad de cada uno. Y como dice Colette Soler: “en el trauma uno piensa, más bien, que la responsabilidad subjetiva no está implicada”7

Lo que si podemos asegurar es que:

“Cada uno tiene su propio trauma”

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 1 Edición Amorrortu. Obras completes. Vol III

2 E. Laurent – El revés del trauma – Revista Virtualia 6 

3 G. García – Actualidad del trauma – Grama Ediciones 

4 G. Brioles – Parlêtre, un nombre del trauma – Revista el Psicoanálisis 38

5 J.-A.Miller - Causa y consentimiento – Ed. Paidós

6 G. Briole - Parlêtre, un nombre del trauma – Revista el Psicoanálisis

 7 C. Soler – De un trauma al Otro – Seminario Internacional