Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana. Quadern de bitàcola




domingo, 9 de febrero de 2014

Reseña: "El Hombre de las Ratas", Freud 1909

El pasado mes de enero trabajamos el caso de El Hombre de las Ratas para ver la relación entre la culpa y el deseo en la neurosis obsesiva. Tras la lectura de las referencias al deseo y los pasajes del historial clínico que dan cuenta de la culpa y la angustia en el caso, tomamos algunas referencias de Lacan entorno a éste, así como vimos las similitudes en algunas viñetas clínicas de casos actuales de neurosis obsesiva.

Cuando Freud publica el análisis de El Hombre de las Ratas aún no ha desarrollado conceptos fundamentales que se juegan en el caso como la pulsión de muerte y el superyó, tal y como podemos ver en las compulsiones, en los martirios del pensamiento, en el goce que asoma en la narración del tormento de las ratas - en la expresión del paciente como “signo de horror ante un placer del que no tenía la menor conciencia” - y en sus relaciones de amor, en los castigos, en los impulsos suicidas...

Una de las primeras indicaciones es que el deseo obsesivo se encuentra enlazado íntimamente con un temor obsesivo, algo terrible va a suceder. “Hallamos, pues, un instinto erótico y una rebelión contra él mismo”, un impulso a adoptar medidas defensivas. Así, sitúa continuamente obstáculos para no acceder a su deseo, hay un esfuerzo por evitar ese encuentro.

Lacan apunta, en el Seminario Las formaciones del inconsciente: "Cuando vemos a un obsesivo en bruto o en estado de naturaleza, tal como nos llega o se supone que nos llega a través de las observaciones publicadas, vemos a alguien que nos habla ante todo de toda clase de impedimentos, de inhibiciones, de obstáculos, de temores, de dudas, de prohibiciones", y añade, en el seminario IV La estructura misma del deseo da siempre una nota de imposibilidad al objeto del deseo humano, pero lo que caracteriza al obsesivo como tal es que él pone el acento sobre el encuentro con esta imposibilidad. Es decir, se las arregla para que el objeto de su deseo tome el valor de significante de esa imposibilidad”.

En El Hombre de las Ratas vemos la postergación del acto, las inhibiciones y el pensar delirante como lo nombra Freud. Un ejemplo claro es el conflicto sobre devolver el dinero: si lo devuelve, sucede lo que no quiere que suceda, lo quiere devolver pero a quien no corresponde, cuando parece que toma una decisión la anuda a una condición imposible ("Tan cierto como que mi padre y la dama pueden tener hijos, devolveré el dinero a él.). Encontramos una y otra vez, la impotencia y la imposibilidad del deseo, y entorno a esto, se dibuja la angustia.

Freud también anota que hay una angustia que corresponde a un deseo pretérito y reprimido, en este caso, en relación al deseo de la muerte del padre. Sitúa la fuente de este deseo hostil en la emergencia de deseos sensuales para cuya satisfacción habría visto en su padre un estorbo, deseo que resurgía en situaciones análogas de intensos deseos amorosos. Pero encontramos también un añadido, otro elemento común en esta repetición: la prohibición de un deseo y el hecho de infringir un mandato. El obsesivo soluciona su barrera frente al deseo (siempre evanescente) colocando el lugar del deseo prohibido, imposible. Coloca en ese lugar al Otro. Esta estrategia no permite en absoluto apaciguar el deseo, extinguirlo, sino todo lo contrario: mantenerlo.

En la clase titulada "El obsesivo y su deseo", del Seminario 5, Lacan plantea que el obsesivo "ha de constituirse frente a su deseo evanescente”. Encuentra en la prohibición del Otro la manera de resolver la evanescencia de su deseo logrando producir un deseo prohibido. "La prohibición está ahí para sostener el deseo, pero para que se sostenga ha de presentarse".


Míriam Pérez.