Grup de Treball Psicoanalític del Garraf
Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola

martes, 6 de octubre de 2026
lunes, 27 de abril de 2026
viernes, 17 de abril de 2026
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JORGE SOSA. LO FEMENINO EN EL DIVAN. RESEÑA
Reseña: Lo femenino en el diván, libro de Jorge Sosa
En el marco de las actividades de la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona de la Comunidad de Cataluña, y del Grupo de Trabajo Psicoanalítico del Garraf, el psicoanalista Jorge Sosa presentó su libro Lo femenino en el diván, una obra que propone un recorrido riguroso y clínicamente orientado desde Freud hasta Lacan, trazando un camino lógico des del enigma de la mujer hasta incluso el concepto de escuela de Lacan.
Alín Salom, psicoanalista socia de la ELP planteó la presentación como una entrevista, con pregunta muy elaboradas que pusieron “al trabajo” a Jorge.
Era una escena muy viva, como el libro: esto no fué una presentación, sino un diván colectivo en plena conversación, con ideas que se pasaban el relevo como si fueran una linterna encendida en una cueva.
Uno de los grandes aciertos del texto es su fidelidad a la lectura “paso a paso” de las fuentes. Sosa trabaja con citas precisas de Freud y Lacan, comentadas minuciosamente, lo que permite al lector no solo comprender los conceptos, sino también seguir el movimiento mismo del pensamiento psicoanalítico. Esta metodología, lejos de ser erudita en exceso, sostiene el deseo de lectura y mantiene el libro “vivo”, en contraste con ciertas producciones teóricas que se vuelven opacas o inertes, resaltaba Alin en su comentario inicial.
El punto de partida freudiano —la idea de que tanto hombres como mujeres rechazan la feminidad— es retomado y reformulado a la luz de Lacan. Allí donde Freud encontraba una “roca” al final del análisis, Lacan introduce la posibilidad de atravesar ese límite mediante un cambio en la relación del sujeto con lo real. Lo femenino deja de ser un obstáculo para convertirse en un operador lógico: aquello que señala que no todo puede ser dicho, que no hay totalidad posible en el lenguaje.
La referencia a la lógica no es casual en el título del capítulo 2. Entre otros detalles Sosa muestra cómo Lacan recurre a desarrollos como las paradojas lógicas o los infinitos de Cantor para formalizar la imposibilidad estructural de cerrar el sentido. Lo femenino se articula así con el “no-todo”, es decir, con aquello que escapa a la captura del significante.
Sobre la pregunta acerca del goce otro, Sosa hace la distinción entre el goce fálico —ligado al lenguaje y a la repetición— y un “otro goce”, suplementario, que no puede ser plenamente simbolizado. Este goce, tradicionalmente asociado a la mujer, es pensado por Lacan como una dimensión que atraviesa a todo ser hablante. No se trata de un atributo femenino en sentido biológico, sino de una experiencia límite, opaca, que desborda la identificación y que a menudo se manifiesta como angustia o extrañeza.
En la pregunta sobre la máscara de la portada se alude al tratamiento de la “mascarada femenina”, concepto que permite pensar cómo las mujeres pueden presentarse como objeto del deseo del otro, al precio de velar su propio goce. Sin embargo, esta mascarada no es simplemente una alienación, sino también una estrategia, una forma de relación con ese punto enigmático que constituye lo femenino.
Finalmente, el libro aborda la cuestión del final de análisis, donde el sujeto ya no busca reducir todo al sentido, sino que puede identificarse con un resto irreductible: su modo singular de gozar. En este punto, lo femenino deja de ser un enigma a resolver para convertirse en una dimensión con la que hacer algo.
Lo más bonito del intercambio fué la clínica como laboratorio vivo. Ejemplos clínicos espontáneos, no teoría en vitrina, sino sujetos reales, con sus miedos, sus escenas, sus defensas, sus modos de amar y de sostener el propio enigma.
En suma, Lo femenino en el diván es una obra exigente pero profundamente esclarecedora. Producto del trabajo de DEA de su autor se propone como una lectura precisa que permite al lector, insistía Sosa, en la posibilidad de seguir cuestionando los conceptos a que atañe, como en una conversación.
Al final de la entrevista todas queríamos el libro firmado—“yo también quiero”— y lo tomo como lo que es: un deseo de inscripción, de que algo de lo dicho quede marcado.
Vanessa Postigo
Abril 2026
lunes, 6 de abril de 2026
sábado, 7 de marzo de 2026
Taller de lectura: EL HUESO DE UN ANÁLISIS, EL USO DE UN ANÁLISIS
El recorrido, la cura y final de un análisis, una mirada a partir de la lectura
de Miller, El hueso de un análisis.
Pensar en el final de análisis es complejo, me enfrenta a un no poder decir, siempre complicado para mí, el silencio.
El libro, Miller parte de un poema de Carlos Drummond “No meio do caminho “… “En medio del camino hay una piedra, hay una piedra en medio del camino….” . Miller dirá: “Para nosotros el camino del que se trata es el camino de la palabra y la piedra es también la piedra de la palabra” pág16.
La piedra es lo que la palabra encierra, eso adherido al
cuerpo. En la palabra esta la muerte y la vida.
“existen dos efectos del
significante en el cuerpo, uno que es la mortificación y el otro que es la
producción de plus de goce. Si el significante mata el goce, al mismo tiempo lo
produce.” Pág.68
“lo esencial no es
que el significante tenga un efecto de mortificación sobre el cuerpo, sino que,
el significante es causa de goce, que tiene una incidencia de goce sobre el
cuerpo. Eso es lo que Lacan llama el síntoma. De cierta manera eso viene al
mismo lugar de lo que él llama fantasma, excepto que este supone la distinción
radical entre el orden del significante
y el orden del goce.” Pàg.68
“El
fantasma aparece como una mediación
entre esos dos órdenes, en tanto que el síntoma, inscribe una relación mucho
más directa entre el significante y el goce. Esto supone que no se puede
definir el significante sin el goce y tampoco el goce sin el significante y es
está la nueva definición de significante lacaniano, que el significante como
tal se refiere al cuerpo y esa referencia se hace sobre la modalidad del
síntoma.” Pág.69
Entonces Miller sitúa un cambio en la formulación de
Lacan; si en el fantasma la relación es
entre el Sujeto y el A, gran Otro, operando en el sujeto la mortificación del
significante produciendo una falta en ser, la división del sujeto, y el Otro
está pensado como otro del significante; se pasa a pensar en el sujeto poniendo el foco
como parlêtre, como tal habla porque es
hablado. Ese significante del Otro produce un impacto en el cuerpo que el
sujeto toma, el goce en el cuerpo es
consecuencia del impacto de ese significante . El parlêtre goza cuando habla,
el efecto de eso es el síntoma del sujeto.
“Sustituyendo
el termino sujeto por parlêtre, que es lo contrario de falta en ser, El
parlâtre es el sujeto más el cuerpo, es
el sujeto más la sustancia gozante.”Pàg.70.
El Otro también es un parlêtre, es quien habla al sujeto, pasando a pensarse,
ese Otro, como pareja-síntoma. El Otro como cuerpo gozante también. Todo cuerpo
gozante es un cuerpo sexuado. ¿Por qué sexuado? Porque ahí está la diferencia,
la articulación binaria, que articula las características de una relación.
(Tener-lo o no tener-lo//ser-lo o no ser-lo). Un real fisiológico. Se ubica la
relación sexual /la no relación sexual. Esta es la piedra de un análisis.
“El Otro del que se
trata en la pareja-síntoma no es más un cuerpo mortificado, vacio de su goce,
sino que es un cuerpo vivo. … eso nos obliga a percibir que este cuerpo es
sexuado. Correlativamente el parlêtre tiene también un cuerpo sexuado y es por
eso que necesariamente, se ubica la cuestión de la relación sexual.”pág.71.
Entonces la relación es entre UNO y OTRO
y en esos términos no hay significante para la relación sexual.
De alguna manera será decir que el parlêtre es un sujeto,
sujeto al lenguaje más al efecto de goce que produce en el cuerpo, de hecho se
sujeta al lenguaje así, marcado por la relación del Otro con su propio cuerpo y
transmitido esto en el lenguaje. El Otro marcado por la sexuación.
“Y a
nivel sexual la relación pasa por el goce, por el goce del cuerpo y por el goce
de lalengua, pasa por el síntoma. Es así que ingresamos en la dimensión de la
pareja-síntoma tomandola como el hueso la medula misma de la cura, esta pareja
no podemos fundarla a nivel de significante…, se funda a nivel de goce”. Pág
72.”
El Otro, como pareja síntoma se torna un medio de goce
para el parlêtre, su síntoma.¿ Que quiere decir esto? Que está implicado en la
relación de UNO con el OTRO.
EL RECORRIDO
Entonces, ¿Qué implica el final de un análisis y como
se distingue de la cura? Miller nos dice:
“Si retomamos la pregunta acerca del
hueso de la cura vamos a recordar primeramente lo imaginario, luego la
identificación fálica, el fantasma y hasta llegar a la última respuesta que
puedo dar hoy: el hueso de una cura es el síntoma y más precisamente la pareja-síntoma.
[...] Entonces, si el hueso de una cura es lo imaginario, el final del
análisis consiste en superar el plano de lo imaginario; si el hueso de una cura
es la identificación fálica, el final del análisis es dejar caer las
identificaciones; y si el hueso de una cura es el fantasma, el final del
análisis será su atravesamiento. Ahora bien, si el hueso de la cura es el
síntoma, ¿cuál será el final del análisis? Sobre esto no hay una respuesta
unívoca de Lacan; él habló solamente una vez de identificarse con el síntoma.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir, en todo caso, que el síntoma no se
franquea a diferencia del plano de lo imaginario. Quiere decir que, a
diferencia de las identificaciones, al síntoma no lo hacemos caer; y que, a
diferencia del fantasma, el síntoma no se atraviesa. Quiere decir que con el
síntoma tenemos que vivir, que debemos -como se dice en francés- faire-avec (hacer con). Quiere
decir que debemos vérnosla con él: llegar a identificarse con el síntoma
significa que yo soy tal como gozo. Eso quiere decir aún muchas cosas más, que
no están totalmente pensadas, que no están totalmente escritas, sino
vislumbradas, indicadas por Lacan." Pág72-73,.
El hueso de una
cura es lo que se fragua en la relación con el OTRO como pareja- síntoma, e
inscribe un modo de gozar, “.. un modo de gozar primeramente del inconsciente,
del saber inconsciente, de la articulación del significante, de la investidura
libidinal del significante y del significado y por eso mismo, en segundo lugar
es un modo de gozar del cuerpo del Otro.” Entiendo que ahí está la relación a
nivel de goce, un sentido gozado. Yo soy como gozo, hacer con eso.
(Guillem soy /como debo ser ,
despistado).
MODALIDADES
DE GOCE EN LA RELACIÓN DE UNO CON EL OTRO (SEXUACIÓN)
A partir de que “el goce se produce en el cuerpo del Uno
a través del cuerpo del Otro” pág.74, El Otro como cuerpo y significante. No
hay relación sexual en tanto no hay una respuesta significante a la relación en
la diferencia sexuada, hay relación en tanto al goce y esta es siempre
sintomática.
El goce será autoerótico como (autístico) y al mismo
tiempo aloerótico (incluye al Otro),Miller dirá que es preciso la doble
vertiente para no perderse.
A partir de ahí se piensan las formas de goce, en tanto
una estructuras significantes femenina y la masculina, “tenemos aquí las estructuras significantes del cuerpo del lado
masculino y del lado femenino.” Pàg76.
Las estructuras significantes del cuerpo determinan la
pareja-síntoma como medio de goce.
Entonces se producen formas de goce en relación a las
estructuras significantes del lado masculino y femenino. El goce autoerótico;
goce autístico, goce UNO, goce masculino, goce fálico, goce masculino
mastrubatorio, en el que el órgano en cuestión es identificable, es localizable,
que se experimenta con un sentimiento de exterioridad en el cuerpo, ahí el
cuerpo propio se revela como el cuerpo Otro, localización del goce masculino
fuera del cuerpo propio, punto de excepción. El hombre sabe de qué goza. El goce localizado en el objeto. La relación
del hombre con el objeto fetiche, la localización del rasgo, el matiz del
cuerpo, tiene que ver con el a. Objeto fuera del cuerpo que es una unidad de
goce. En la lógica de contabilidad del TODO. La pareja síntoma del hombre, la mujer .
El goce femenino, en un cuerpo no todo, ese goce se
localiza en el propio cuerpo pero un cuerpo no todo, lo que le da un
sentimiento de otredad al goce, un goce otro. Mujer arrebata, loca, poseída…
“la mujer es otra para ella misma”, ¿Qué es una mujer? Goce enigmático para
ella misma, difícil de saber de que goza una mujer. Pareja síntoma de una mujer
el Otro barrado A. La falta en el otro por
el lado del significante, tiene que hablar, dando cuenta infinita de su no
saber, para que la demanda de amor se perpetúe. Es un goce ilimitado,
incontable, asociado, a veces a esa demanda infinita de amor, el reverso es el
estrago, el estrago de un hombre en una mujer.
Por ello el goce femenino se vincula a la erotomanía, al místico, amor ilimitado,
deslocalizado.
Miller nos dice que el parlêtre femenino hay dos axiomas:
para amar es preciso hablar y para
gozar es preciso amar. Nos presenta la secuencia Hablar-Amar-Gozar.
Me pregunto si no será que esta fórmula es así para la mujer y para el hombre. Porque en el camino
del análisis hay una piedra, en la cura hay una piedra que es la palabra, ESA
PALABRA. El parlêtre habla, es hablado por
Otro parlêtre, ahí está el acceso a la vida(al goce) y al amor, al lazo
y al goce en el cuerpo, al deseo. Es des de ahí que pienso que las mujeres
hacen un recorrido al limitar la demanda de amor, habla-me hasta que muera y
los hombre hacen un recorrido para hablar
y no estar mudos.
Rosa Antolín
viernes, 6 de febrero de 2026
lunes, 2 de febrero de 2026
Taller de Lectura: AMOR (ES) Y FINAL (ES) DE ANÁLISIS: UN NUEVO AMOR
AMOR(ES) Y FINAL(ES) DE ANALISIS: EL NUEVO AMOR
Agnès Wehr
El título "un nuevo amor" remite a que hay también un "antiguo" amor.
En el nuevo amor, no se trata de un cambio de objeto de amor, sino de un amor nuevo, modificado por el trabajo psicoanalítico. Se trata de un cambio de paradigma.
Entonces debemos entender lo que es el amor desde el punto de vista del inconsciente y del sujeto hablante, antes y después del análisis.
Perspectiva social y momento histórico:
El amor platónico, el amor cortés medieval que ahora nos pueden parecer pasados de moda, en realidad han llegado hasta nuestros días y se pueden escuchar en las demandas de los pacientes que se quejan de amar demasiado, de no saber amar, de fracasos repetitivos(etc..) El malestar viene con el intento de conseguir un amor ideal, una unidad, y con la alienación del sujeto a este ideal.
Pero, a la vez, ningún ideal, ni siquiera el propio puede subsumir lo que causa nuestro deseo y nuestra forma singular de satisfacernos.
Para la ciencia y el capitalismo, todo es posible, lo que no sabemos hoy lo sabremos mañana. Pero Lacan ha hecho de lo imposible una brújula de lo indispensable.
Perspectiva de la teoría psicoanalítica:
Freud ya advertía sobre lo imposible de cualquier idea de perfección o armonía en el amor, sobre cierta ilusión en el amor de transferencia, ilusión necesaria pero que, a la vez, se tendrá que desmantelar.
Lacan en el seminario XX afirma:
" Lo único que hacemos en el discurso psicoanalítico es hablar de amor."(p. 101)
Este amor reposa sobre cierta imposibilidad en la relación entre la mujer y el hombre, y en el amor están implicados el fantasma, el deseo y el goce.
El nuevo amor es un cambio del sujeto que pasa de ignorar esta imposibilidad a desear saber sobre ella.
El amor, dice Mercedes de Francisco, es clandestino, oculto para los propios amantes porque ignoran lo que está en juego cuando aman.
Este secreto deberá ser desvelado en el análisis para acceder al nuevo amor.
Lo que desconocemos, es lo que Lacan nombra la imposibilidad de escribir la relación sexual entre una mujer y un hombre, lo que esto tiene que ver con el fantasma, el goce y el deseo.
"La relación sexual entre mujer y hombre es imposible escribirla. Esta imposibilidad es lo que el amor, de una forma u otra, trata de suplir. El amor es una suplencia. " (Lacan).
"La elección de objeto no se rige igual en la mujer y en el hombre, como flechas que apuntan a otro objetivo". Son posiciones diferentes en referencia al falo, la castración y a la manera de gozar.
"Todo se juega en el fantasma, pero un fantasma que puede desarticularse de modo que dé cuenta de porqué sabe mucho más de lo que cree cuando actúa."dice Lacan.
El hombre en tanto TODO, se inscribe en la función fálica, aunque ésta sea negada por la función del padre, y la castración suple la relación sexual que no se puede escribir.
La mujer, la persona que se inscribe en la fórmula femenina vetará lo universal y se inscribirá en el NO-TODO.
En la mascarada femenina, la mujer acepta hacer de semblante del objeto que provoca el deseo del hombre. Detrás de esta mascarada no hay nada, apunta a la falta.
Hablar de ser una mujer apunta a la rúbrica del semblante. Un sujeto se puede ubicar en la posición femenina sólo si el semblante se anuda a la falta, tanto en su aspecto simbólico como real.
En cambio, en el sujeto obsesivo, llevado al extremo, el deseo implica la anulación, la destrucción del Otro. El fantasma del obsesivo es un fantasma sádico.
Donde hay un agujero fálico, el sujeto obsesivo plantea una necesidad absoluta de tapar este agujero, de velar "que hay algo que es imposible entre una mujer y un hombre",
Lacan introduce el objeto a como causa del amor.
Seminario Xl: " te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, y te mutilo"..cita Alexandre Stevens.
El amor es narcisista, las elecciones de objeto son siempre narcisistas porque son demanda de amor, demanda en relación al objeto materno o al objeto a.
" En las últimas páginas de El Seminario 20 Aún, Lacan define el amor como la respuesta a una situación estructural, la que implica que en el inconsciente "el Otro se reduce al objeto a"(p.174). Y añade que esta reducción del Otro al objeto a "pone a prueba" el amor, pues éste interviene allí donde existe un impasse, una hiancia entre lo imposible y lo contingente (el encuentro amoroso).
Lacan en el seminario XX: "El fin de la enseñanza es disociar a y A, reduciendo a a lo que concierne a lo imaginario, y A a lo que concierne a lo simbólico.
Mercedes de Francisco escribe:
En el amor, suponemos que encarnamos la imágen que el otro desea, que el otro ama, la imágen que viste al objeto a. Cuando ya no nos aman, nos enfrenta al a, ese objeto que ya no tiene imágen para los otros, pero que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra subjetividad, es lo que nosotros hemos construido en el fantasma.
AMOR (ES) Y FINAL(ES) DE ANÁLISIS: UN NUEVO AMOR
Rosa Lahoz Juan
Enero 2026
Ø EL AMOR EN LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA PSICOANALÍTICA.
En psicoanálisis, el amor ocupa un lugar estructural tanto en la elaboración teórica como en la práctica clínica. Freud subraya que el vínculo entre analizante y analista se constituye como un vínculo libidinal es decir como un vínculo de amor: el paciente atribuye al analista un saber sobre su verdad inconsciente. Esta atribución funda la transferencia y constituye su motor.
La transferencia, sin embargo, no puede reducirse a la simple repetición de vínculos pasados. Si bien el sujeto convoca al analista en el lugar del Otro, es responsabilidad del analista impedir que el lazo quede fijado en esa repetición, orientando la cura hacia aquello que, en el decir del sujeto, se presenta como imposible de decir.
La experiencia analítica no apunta a una toma de conciencia racional ni a una adaptación a la realidad, sino a una elaboración del decir que permita bordear los puntos de vacío, el sin-sentido y la falla simbólica (no todo es decible) que estructuran la posición subjetiva.
Ø LA TRANSFERENCIA MÁS ALLÁ DEL FANTASMA.
Con Lacan, la transferencia deja de pensarse exclusivamente en relación con el fantasma. El analista acepta ocupar el lugar que la transferencia le asigna, pero sin identificarse con él, sosteniendo una posición que permita señalar la inconsistencia del Otro. La operación analítica desplaza así el amor de transferencia —sostenido por la suposición de un saber— hacia el reconocimiento de la falta estructural.
En el curso del tratamiento se produce una desidealización progresiva del Otro: cae la creencia en la existencia de alguien capaz de decir quién es el sujeto o cómo podría completarse. Este movimiento resulta decisivo para el final de análisis y tiene mucho que ver con una posible transformación profunda y un cambio de posición subjetiva con lo que al amor se refiere.
Ø SINGULARIDAD SUBJETIVA, INVENCIÓN Y DESTINO.
El trabajo analítico permite aislar las marcas singulares que definen a cada sujeto como irrepetibles. Estas marcas no se confunden con determinaciones familiares, sociales o edípicas, sino con la invención particular mediante la cual cada sujeto responde a lo imposible que estructura su experiencia. Se trata de una manera singular de gozar, no atribuible a ninguna causa externa, que constituye lo más propio del sujeto. Lleva tiempo encontrarse con lo que es su invención, ya que no lo puede achacar a ninguna determinación, que es lo más propio: una manera singular de gozar conectada con ese imposible.
Ø LA RELACIÓN SEXUAL NO EXISTE
Uno de los ejes centrales de la enseñanza de Lacan es la afirmación de que no hay relación sexual, en el sentido de que no existe un significante capaz de escribir una complementariedad entre los sexos. Esta imposibilidad no es contingente, sino estructural. No encontramos en lo real un saber que permita formular la relación hombre–mujer. El síntoma aparece entonces como la respuesta singular del sujeto a esa imposibilidad.
El amor, por su parte, no viene a resolver la no-relación, sino a suplirla: intenta hacer Uno allí donde estructuralmente no lo hay. De allí su carácter fallido, pero insistente del amor.
Lacan señalará que el diálogo entre los sexos está atravesado por el malentendido. El amor se presenta como un laberinto sin salida, lo cual no impide que entremos en laberinto y juguemos a corretear por él.
Ø EL CONCEPTO DE “NUEVO AMOR”
Cuando en psicoanálisis se habla de un “nuevo amor”, no se trata de un amor con un nuevo objeto, sino de una modificación de la lógica del vínculo amoroso. Se trata de amar de otra manera: un amor que ya no se sostiene en la ilusión de completud ni en el ideal del sacrificio, sino en la asunción de la falta y en la contingencia del encuentro.
Este amor no se orienta por garantías simbólicas ni por ideales universales. Reconoce la inconsistencia del Otro y, por ello, se presenta como menos engañoso.
¿Cómo elige uno? La elección amorosa no responde a una lógica única. Intervienen tanto el azar del encuentro como las determinaciones inconscientes. Sin embargo, el nuevo amor se distingue de las elecciones regidas por las determinaciones edípicas, en la medida en que se apoya en la marca singular que cada sujeto ha construido como respuesta a la imposibilidad. En términos de Lacan, se trata del encuentro entre dos exilios.
Ø AMOR, GOCE Y DIFERENCIA SEXUAL
La diferencia sexual no es la que domina cuando del amor se trata, el hombre no puede retroceder frente a esa diferencia que en el mundo instaura la existencia de lo femenino, permitiendo así que ella no retroceda frente a lo que es ajeno a ella misma. La existencia del cuerpo femenino (el no todo de lo femenino) nos lleva a hablar del amor como modalidad de pérdida. Ella le deja el recuerdo de un amor perdido antes de que haya podido advenir. Así, el amor siempre será un intento de suplencia.
Según Mercedes de Francisco Lo que ha entrado en deflación es lo simbólico en su anudamiento con lo real… Las maneras de gozar de cada uno, con sus marcas irrepetibles no copulan y es por ello que desde la perspectiva del goce no podemos hacer lazo con el otro. ES EL AMOR LO QUE PERMITE ESE LAZO.
Ø EL FINAL DE ANÁLISIS Y LA TRANSFORMACIÓN DEL VÍNCULO AMOROSO
El final de análisis no equivale a una curación ni a la desaparición del malestar, sino a una transformación de la posición del sujeto respecto del deseo, del goce y del Otro. El efecto central es la caída del Sujeto Supuesto Saber: ya no hay un Otro que garantice el sentido del ser o del deseo.
En este punto, el amor se presenta como suplencia de una inexistencia que ya no se desconoce. No se sostiene en el olvido de la imposibilidad ni en un intento de velarlo.
No es necesariamente un amor más feliz, pero sí menos ciego. Nasio en “El dolor de amar” jugara con la palabra enamoramiento: EN-AMOR-MIENTO.
Al final del análisis, Lacan plantea que amar no es encontrar lo que falta, SINO ASUMIR LA FALTA. Su célebre fórmula —“amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”— adquiere aquí todo su sentido: el sujeto ya no espera que el Otro lo salve de su falta estructural, sino que puede sostener un lazo sin negar esa falta. Es sostener un lazo sabiendo que no hay relación sexual, que no hay Uno, y aun así consentir al encuentro.
Ø EL PARTENAIRE COMO SÍNTOMA Y COMO ELECCIÓN
Cuando Lacan afirma que el partenaire es un síntoma, señala que el vínculo amoroso está ligado de forma estructural al modo singular de goce del sujeto. Antes del análisis, este síntoma suele vivirse como una repetición alienante. Después, puede devenir una elección contingente: una manera de arreglárselas con el propio sinthome sin exigir al otro que lo cure o lo justifique. El partenaire ya no es convocado para escribir la relación sexual inexistente, sino para sostener un lazo que reconoce dicha inexistencia.
El partenaire deja de ser usado como: tapón de la angustia, soporte del síntoma, garante del sentido. El partenaire nunca es el adecuado: siempre hay desajuste. Cada sujeto se relaciona, en última instancia, con su propio goce, y el otro es convocado para hacerlo soportable o decible. No se ama al otro como tal. Se ama al otro en tanto ocupa un lugar en la economía del deseo y del goce propio.
Ø AMAR DESPUÉS DEL ANÁLISIS
Para Lacan, el final de análisis implica una identificación al sinthome: el reconocimiento del propio modo singular de gozar, dejando de vivirse como un destino impuesto y aprendiendo a saber hacer con él. Esto no elimina la angustia existencial, pero la vuelve más transitable.
El análisis conduce a reconocer que la falta no es un accidente reparable, sino algo estructural. Se trata, entonces, de amar de otro modo: advertidos de la no-relación, separados de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia.
Amar después del análisis implica consentir a dar lo que no se tiene sin esperar que el otro complete la falta estructural. Es un amor que no promete armonía ni fusión, pero que puede sostenerse sin desconocer el imposible que lo fundamenta. Se trata, en definitiva, de un amor, que no niega el vacío estructural (la falta) sino que aprende a hacer con él.
En Encore, Lacan no aborda el amor como ilusión a disipar, sino como aquello que insiste allí donde la relación sexual no se escribe. El amor no viene a resolver la no-relación; viene a decir algo de ella. Después de un análisis, persiste como respuesta a lo imposible: un amor que sabe que, aun sin creer en el Uno, encore —aún— se ama. Al estar advertido, es más probable que el amor con el otro tenga un lugar más digno, que ponga esta imposibilidad en su justo lugar y no se convierta en una impotencia.
El psicoanálisis no apunta a corregir al partenaire, sino a que el sujeto advierta la función sintomática que este ocupa en su estructura y pueda modificar su relación con su propio goce.
El amor toma una dimensión ética del no todo: ni todo amor, ni todo gozar, ni todo sentido, quedando menos atrapado en la demanda de ser UNO.
Se trata de amar de otro modo: con más responsabilidad, advertidos de la no‑relación, separados de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia. El “nuevo amor”, no niega el vacío estructural (la falta) sino que aprende a hacer con ella.