Grup de Treball Psicoanalític del Garraf
Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola

sábado, 7 de marzo de 2026
viernes, 6 de febrero de 2026
Texto de la exposición: AMOR (ES) Y FINAL (ES) DE ANALISIS: EL NUEVO AMOR
AMOR(ES) Y FINAL(ES) DE ANALISIS: EL NUEVO AMOR
Agnès
Wehr
El
título "un nuevo amor" remite a que hay también un
"antiguo" amor.
En
el nuevo amor, no se trata de un cambio de objeto de amor, sino de un amor
nuevo, modificado por el trabajo psicoanalítico. Se trata de un cambio de
paradigma.
Entonces
debemos entender lo que es el amor desde
el punto de vista del inconsciente y del sujeto hablante, antes y después del
análisis.
Perspectiva social y momento histórico:
El
amor platónico, el amor cortés medieval que ahora nos pueden parecer pasados de
moda, en realidad han llegado hasta nuestros días y se pueden escuchar en las
demandas de los pacientes que se quejan de amar demasiado, de no saber amar, de
fracasos repetitivos(etc..) El malestar viene con el intento de conseguir un
amor ideal, una unidad, y con la
alienación del sujeto a este ideal.
Pero,
a la vez, ningún ideal, ni siquiera el propio puede subsumir lo que causa
nuestro deseo y nuestra forma singular de satisfacernos.
Para
la ciencia y el capitalismo, todo es posible, lo que no sabemos hoy lo sabremos
mañana. Pero Lacan ha hecho de lo imposible una brújula de lo indispensable.
Perspectiva de la teoría psicoanalítica:
Freud ya advertía sobre lo imposible de
cualquier idea de perfección o armonía en el amor, sobre cierta ilusión en el
amor de transferencia, ilusión necesaria pero que, a la vez, se tendrá que
desmantelar.
Lacan
en el seminario XX afirma:
"
Lo único que hacemos en el discurso psicoanalítico es hablar de amor."(p.
101)
Este
amor reposa sobre cierta imposibilidad en la relación entre la mujer y el
hombre, y en el amor están implicados el fantasma, el deseo y el goce.
El
nuevo amor es un cambio del sujeto que pasa de ignorar esta imposibilidad a desear
saber sobre ella.
El
amor, dice Mercedes de Francisco, es clandestino, oculto para los propios
amantes porque ignoran lo que está en juego cuando aman.
Este
secreto deberá ser desvelado en el análisis para acceder al nuevo amor.
Lo que desconocemos, es lo que Lacan nombra la imposibilidad de escribir la relación sexual entre una mujer y un hombre, lo que esto tiene que ver con el fantasma, el goce y el deseo.
"La
relación sexual entre mujer y hombre es imposible escribirla. Esta
imposibilidad es lo que el amor, de una forma u otra, trata de suplir. El amor
es una suplencia. " (Lacan).
"La
elección de objeto no se rige igual en la mujer y en el hombre, como flechas
que apuntan a otro objetivo". Son posiciones diferentes en referencia al
falo, la castración y a la manera de gozar.
"Todo
se juega en el fantasma, pero un fantasma que puede desarticularse de modo que
dé cuenta de porqué sabe mucho más de lo que cree cuando actúa."dice
Lacan.
El
hombre en tanto TODO, se inscribe en la función fálica, aunque ésta sea negada
por la función del padre, y la castración suple la relación sexual que no se
puede escribir.
La
mujer, la persona que se inscribe en la fórmula femenina vetará lo universal y
se inscribirá en el NO-TODO.
En la mascarada femenina, la mujer acepta
hacer de semblante del objeto que provoca el deseo del hombre. Detrás de esta mascarada
no hay nada, apunta a la falta.
Hablar
de ser una mujer apunta a la rúbrica del semblante. Un sujeto se puede ubicar
en la posición femenina sólo si el semblante se anuda a la falta, tanto en su
aspecto simbólico como real.
En cambio, en el sujeto obsesivo, llevado al
extremo, el deseo implica la anulación, la destrucción del Otro. El fantasma
del obsesivo es un fantasma sádico.
Donde
hay un agujero fálico, el sujeto obsesivo plantea una necesidad absoluta de
tapar este agujero, de velar "que hay algo que es imposible entre una
mujer y un hombre",
Lacan
introduce el objeto a como causa del amor.
Seminario Xl: " te amo, pero
porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, y te
mutilo"..cita Alexandre Stevens.
El
amor es narcisista, las elecciones de objeto son siempre narcisistas porque son
demanda de amor, demanda en relación al objeto materno o al objeto a.
"
En las últimas páginas de El Seminario 20 Aún, Lacan define el amor como la
respuesta a una situación estructural, la que implica que en el inconsciente
"el Otro se reduce al objeto a"(p.174). Y añade que esta reducción
del Otro al objeto a "pone a prueba" el amor, pues éste interviene
allí donde existe un impasse, una hiancia entre lo imposible y lo contingente
(el encuentro amoroso).
Lacan
en el seminario XX: "El fin de la enseñanza es disociar a y A, reduciendo
a a lo que concierne a lo imaginario, y A a lo que concierne a lo simbólico.
Mercedes
de Francisco escribe:
En el
amor, suponemos que encarnamos la imágen que el otro desea, que el otro ama, la
imágen que viste al objeto a. Cuando ya no nos aman, nos enfrenta al a, ese
objeto que ya no tiene imágen para los otros, pero que tiene que ver con
nosotros mismos, con nuestra subjetividad, es lo que nosotros hemos construido
en el fantasma.
AMOR (ES) Y FINAL(ES) DE ANÁLISIS: UN
NUEVO AMOR
Rosa Lahoz Juan
Enero 2026
Ø
EL
AMOR EN LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA PSICOANALÍTICA.
En psicoanálisis,
el amor ocupa un lugar estructural tanto en la elaboración teórica como en la
práctica clínica. Freud subraya que el vínculo entre analizante y analista se
constituye como un vínculo libidinal es decir como un vínculo de amor: el
paciente atribuye al analista un saber sobre su verdad inconsciente. Esta
atribución funda la transferencia y constituye su motor.
La transferencia,
sin embargo, no puede reducirse a la simple repetición de vínculos pasados. Si
bien el sujeto convoca al analista en el lugar del Otro, es responsabilidad del
analista impedir que el lazo quede fijado en esa repetición, orientando la cura
hacia aquello que, en el decir del sujeto, se presenta como imposible de decir.
La experiencia
analítica no apunta a una toma de conciencia racional ni a una adaptación a la
realidad, sino a una elaboración del decir que permita bordear los puntos de
vacío, el sin-sentido y la falla simbólica (no todo es decible) que estructuran
la posición subjetiva.
Ø
LA
TRANSFERENCIA MÁS ALLÁ DEL FANTASMA.
Con Lacan, la
transferencia deja de pensarse exclusivamente en relación con el fantasma. El
analista acepta ocupar el lugar que la transferencia le asigna, pero sin
identificarse con él, sosteniendo una posición que permita señalar la
inconsistencia del Otro. La operación analítica desplaza así el amor de
transferencia —sostenido por la suposición de un saber— hacia el reconocimiento
de la falta estructural.
En el curso del
tratamiento se produce una desidealización progresiva del Otro: cae la creencia
en la existencia de alguien capaz de decir quién es el sujeto o cómo podría
completarse. Este movimiento resulta decisivo para el final de análisis y tiene
mucho que ver con una posible transformación profunda y un cambio de posición
subjetiva con lo que al amor se refiere.
Ø
SINGULARIDAD SUBJETIVA, INVENCIÓN Y
DESTINO.
El trabajo
analítico permite aislar las marcas singulares que definen a cada sujeto como
irrepetibles. Estas marcas no se confunden con determinaciones familiares,
sociales o edípicas, sino con la invención particular mediante la cual cada
sujeto responde a lo imposible que estructura su experiencia. Se trata de una
manera singular de gozar, no atribuible a ninguna causa externa, que constituye
lo más propio del sujeto. Lleva tiempo encontrarse con lo que es su invención,
ya que no lo puede achacar a ninguna determinación, que es lo más propio: una
manera singular de gozar conectada con ese imposible.
Ø
LA
RELACIÓN SEXUAL NO EXISTE
Uno de los ejes
centrales de la enseñanza de Lacan es la afirmación de que no hay relación
sexual, en el sentido de que no existe un significante capaz de escribir una
complementariedad entre los sexos. Esta imposibilidad no es contingente,
sino estructural. No encontramos en lo real un saber que permita formular la
relación hombre–mujer. El síntoma aparece entonces como la respuesta singular
del sujeto a esa imposibilidad.
El amor, por su
parte, no viene a resolver la no-relación, sino a suplirla: intenta hacer Uno
allí donde estructuralmente no lo hay. De allí su carácter fallido, pero
insistente del amor.
Lacan señalará
que el diálogo entre los sexos está atravesado por el malentendido. El amor se
presenta como un laberinto sin salida, lo cual no impide que entremos en
laberinto y juguemos a corretear por él.
Ø
EL
CONCEPTO DE “NUEVO AMOR”
Cuando en psicoanálisis se habla de un
“nuevo amor”, no se trata de un amor con un nuevo objeto, sino de una modificación
de la lógica del vínculo amoroso. Se trata de amar de otra manera: un amor que
ya no se sostiene en la ilusión de completud ni en el ideal del sacrificio, sino
en la asunción de la falta y en la contingencia del encuentro.
Este amor no se
orienta por garantías simbólicas ni por ideales universales. Reconoce la
inconsistencia del Otro y, por ello, se presenta como menos engañoso.
¿Cómo
elige uno? La elección amorosa no responde a una lógica única. Intervienen
tanto el azar del encuentro como las determinaciones inconscientes. Sin
embargo, el nuevo amor se distingue de las elecciones regidas por las
determinaciones edípicas, en la medida en que se apoya en la marca singular que
cada sujeto ha construido como respuesta a la imposibilidad. En términos de Lacan,
se trata del encuentro entre dos exilios.
Ø AMOR, GOCE Y DIFERENCIA SEXUAL
La
diferencia sexual no es la que domina cuando del amor se trata, el hombre no
puede retroceder frente a esa diferencia que en el mundo instaura la
existencia de lo femenino, permitiendo así que ella no retroceda frente a
lo que es ajeno a ella misma. La existencia del cuerpo femenino (el no todo de
lo femenino) nos lleva a hablar del amor
como modalidad de pérdida. Ella le deja el recuerdo de un amor perdido
antes de que haya podido advenir. Así, el amor
siempre será un intento de suplencia.
Según
Mercedes de Francisco Lo que ha entrado
en deflación es lo simbólico en su anudamiento con lo real… Las maneras de
gozar de cada uno, con sus marcas irrepetibles no copulan y es por ello
que desde la perspectiva del goce no podemos hacer lazo con el otro. ES EL AMOR
LO QUE PERMITE ESE LAZO.
Ø EL
FINAL DE ANÁLISIS Y LA TRANSFORMACIÓN DEL VÍNCULO AMOROSO
El final de análisis no equivale a una
curación ni a la desaparición del malestar, sino a una transformación de la
posición del sujeto respecto del deseo, del goce y del Otro. El efecto central
es la caída del Sujeto Supuesto Saber: ya no hay un Otro que garantice el
sentido del ser o del deseo.
En
este punto, el amor se presenta como suplencia de una inexistencia que ya no
se desconoce. No se sostiene en el olvido de la imposibilidad ni en un
intento de velarlo.
No
es necesariamente un amor más feliz, pero sí menos ciego. Nasio en “El dolor
de amar” jugara con la palabra enamoramiento: EN-AMOR-MIENTO.
Al final del análisis, Lacan plantea que
amar no es encontrar lo que falta, SINO ASUMIR
LA FALTA. Su célebre fórmula —“amar es dar lo que no se tiene a
alguien que no lo es”— adquiere aquí todo su sentido: el sujeto ya no
espera que el Otro lo salve de su falta estructural, sino que puede sostener un
lazo sin negar esa falta. Es
sostener un lazo sabiendo que no hay relación sexual, que no hay Uno, y aun así
consentir al encuentro.
Ø
EL
PARTENAIRE COMO SÍNTOMA Y COMO ELECCIÓN
Cuando Lacan
afirma que el partenaire es un síntoma, señala que el vínculo amoroso está
ligado de forma estructural al modo singular de goce del sujeto. Antes del
análisis, este síntoma suele vivirse como una repetición alienante. Después,
puede devenir una elección contingente: una manera de arreglárselas con el
propio sinthome sin exigir al otro que lo cure o lo justifique. El
partenaire ya no es convocado para escribir la relación sexual inexistente,
sino para sostener un lazo que reconoce dicha inexistencia.
El
partenaire deja de ser usado como: tapón de la angustia, soporte del síntoma,
garante del sentido. El
partenaire nunca es el adecuado: siempre hay desajuste. Cada sujeto se
relaciona, en última instancia, con su propio goce, y el otro es convocado para
hacerlo soportable o decible. No se ama
al otro como tal. Se ama al otro en
tanto ocupa un lugar en la economía del deseo y del goce propio.
Ø
AMAR
DESPUÉS DEL ANÁLISIS
Para Lacan, el final de
análisis implica una identificación al sinthome: el reconocimiento del propio
modo singular de gozar, dejando de vivirse como un destino impuesto y
aprendiendo a saber hacer con él. Esto no elimina la angustia existencial, pero
la vuelve más transitable.
El análisis conduce a reconocer que la falta no es un
accidente reparable, sino algo estructural. Se trata, entonces, de amar de otro
modo: advertidos de la no-relación, separados de la ilusión del Todo, capaces
de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia.
Amar después del
análisis implica consentir a dar lo que no se tiene sin esperar que el otro
complete la falta estructural. Es un amor que no promete armonía ni fusión,
pero que puede sostenerse sin desconocer el imposible que lo fundamenta. Se
trata, en definitiva, de un amor, que no niega el vacío estructural (la
falta) sino que aprende a hacer con él.
En Encore,
Lacan no aborda el amor como ilusión a disipar, sino como aquello que insiste
allí donde la relación sexual no se escribe. El amor no viene a resolver la
no-relación; viene a decir algo de ella. Después de un análisis, persiste como
respuesta a lo imposible: un amor que sabe que, aun sin creer en el Uno, encore
—aún— se ama. Al estar advertido, es más probable que el amor con el otro tenga
un lugar más digno, que ponga esta imposibilidad en su justo lugar y no se
convierta en una impotencia.
El psicoanálisis no apunta a corregir al partenaire, sino
a que el sujeto advierta la función sintomática que este ocupa en su estructura
y pueda modificar su relación con su propio goce.
El amor toma una
dimensión ética del no todo: ni todo
amor, ni todo gozar, ni todo sentido, quedando menos atrapado en la demanda de
ser UNO.
Se trata de amar
de otro modo: con más responsabilidad, advertidos de la no‑relación, separados
de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en
impotencia. El “nuevo amor”, no niega el vacío estructural (la falta) sino que aprende a hacer con ella.
lunes, 2 de febrero de 2026
SOBRE EL FIN DE ANÁLISIS. DE LO TERMINABLE A LO INTERMINABLE.
Sobre el fin de análisis . De lo interminable a lo terminable.
Lectura de algunos conceptos de Freud a Lacan en relación al final de análisis.
Patricia Montozzi
Qué
es lo interminable en Freud ? Hay algo
con lo que se topa : por un lado el domeñamiento de las pulsiones y por otro la
roca de la castración vía la diferencia de los sexos. Y lo dice al final de
éste artículo:
“…dos
temas se presentan con especial preeminencia y proporcionan al analista una cantidad
desmedida de trabajo… Algo que los dos sexos tienen en común ha sido forzado,
por la diferencia entre los sexos, a expresarse de distinta forma. Los dos
temas que se corresponden, son: en la mujer, la envidia del pene –una
aspiración positiva a poseer un órgano genital masculino-, y en el varón, la
lucha contra su actitud pasiva o femenina frente a otro varón”.
Y por otro lado ,cómo ir más allá de la neurosis de transferencia ?Donde una interpretación llama a otra ; hasta el infinito de sentido, cómo ir más allá del Padre.
Ante esto se detiene el neurótico. Se detiene por una razón en cierto modo interna al análisis y que resulta de lo siguiente, que es el analista quien lo conduce hasta esa cita. La castración no es, a fin de cuestas , nada más que el momento de la interpretación de la castración”
En
éste sentido , para él al psicoanálisis
no deja de dar vueltas en el círculo de la verdad pero lo verdadero nada tiene que ver con lo
Real. Porque? Porque gira en torno al
agujero de la represión originaria que es irreductible.
Lacan
plantea un encuentro epifanico, vale decir puntual y fuera de sentido con un
elemento que ya no se articula ahí ,ya no hay reclamación por la
interpretación; es ésto y basta no llama a la producción de sentido , es el
encuentro con una unidad de goce que no entre en cadena alguna.
Pero
ahora el S1 en cuanto elemento , uno entre otros, llamado inconsciente Real
entrará en coalescencia con el goce en la formación de los síntomas. Entonces,
distinguimos entre el sujeto del incs en tanto desciframiento y el trabajo del
incs como desciframiento , para qué trabaja? Para producir goce.
Y
si esto es un saber , en todo caso es un saber sin sujeto.
Por lo tanto si el incs es un saber es un saber sin sujeto. Que tipo de saber hay en el incs . ?
La
respuesta la tenemos en el Seminario XXIII, el saber del inc es un saber hacer
, que a veces Lacan lo compara , no el del artista, sino al del artesano. No es
un saber articulado , habiendo solo saber articulado por el forzamiento del
desciframiento. Es un saber hacer del orden pues de una pragmática , para la
producción de goce. En éste seminario también acuña una nueva ortografía del
Sinthome como función de anudamiento, de nominación, que lo distingue del
síntoma metáfora ( que remita a una significante inconsciente ) y al síntoma
letra, referido a la letra de goce.
Con
el despliegue del caso Joyce distinguimos entre su goce por la letra , su
síntoma y lo que se produce con su arte , el afecto de anudamiento borromeo que
corrige el lapsus del nudo causado por la forclusión del N.P. Lacan al final
dice que Joyce ha podido corregir el nudo por el arte-decir con el Ego
corrector.
Como
primera cuestión la palabra bajo transferencia como desciframiento del inc el
análisis no encuentra finitud. No se trata de operar sobre la estructura del
lenguaje ; aunque haya que pasar primero por ahí. Donde apunta , al Real , ese
real que yace en el núcleo del síntoma como goce incurable y opaco ,
inverosímil ( o sea ajeno a toda captación por el semblante) por lo símil , por
el sentido.
Un
decir del no-todo:
Diríamos que la orientación hacia lo real conlleva la apertura de un decir del
no-todo, no remite a un decir femenino , sino a un decir no uniformizado,
desparejo , descabalado del Sínthoma. Se puede apostar por un análisis que abra
el campo de ese decir , que difiere del campo de la palabra Un decir que
alcance a ese poco de Real que se encuentra como goce opaco en el núcleo del
síntoma , ahí donde fracasa toda metáfora y donde la letra no lo fija se
verifica siendo siempre incierta. En éste sentido el mayor testigo de lo real
es “ no hay proporción sexual” es lo que el síntoma no deja de escribir.
Decir
que hay borromeo , para el decir del Sinthome
que permite que el síntoma cese de escribirse .
Del
fantasma al síntoma:
Lacan nos decía que la única puerta hacia lo real era el fantasma. , no porque
fuera real, si no porque venía a ese lugar de taponamiento de lo real. De ahí
la importancia concebida a la angustia no sólo como sensación del deseo del
otro sino como apertura a lo real . A partir del la Tercera, Lacan hablará que
lo real del síntoma no puede clasificarse en tipos definidos, en cambio si hay
tipos de fantasma de histeria , de obsesión etc. En contraposición de ésto está
el Síntoma marcado por la contingencia , es decir lo singular del síntoma
marcado por la contingencia del encuentro con lo real . El núcleo de goce del
síntoma de cada uno es siempre singular y no deja de escribirse. Entonces a
diferencia de lo real el fantasma no está excluido del sentido , puede siempre
remitir a una frase ..( pegan a un niño) en cambio el goce opaco del Síntoma no
puede expresarse escapa al tipismo del fantasma y del deseo.
El
fin del análisis se convierte entonces en un duelo por el goce fálico que le
permite al ser hablante (parlêtre) abrirse a la experiencia de un goce del cual
no tiene que tener el mando, un goce ante el cual se inclina o se encomienda en
vez de encomendarse al padre .
La ficción ayuda a narrar la realidad . Podemos decir que es un recurso
Simbólico / Imaginario para interpretar lo Real. Aquí están los tres registros,
así podemos decir que se toca lo real a través de lo simbólico por esto también
se puede tratar el goce. Digamos que el paciente llega con una ficción y
durante la cura se va construyendo otra , bajo transferencia y es llevada hasta
el límite y es a la vez un intento fallido de nombrar algo de la opacidad de lo
real del goce . Es complejo ,porque son construcciones significantes que
determinan a la vez cuestiones imaginarias pero no llegamos del todo a lo real.
Cómo se pasa de la representación a lo Real ?
Como pensarlo.? Lacan lo invierte,
porque para él lo Real es causa, y eso es la estructura del lenguaje, no está
tan separado el lenguaje de lo real. El simbólico es el nombre de lo real
porque todo parte del impacto del S1 que es lo más real que hay para el sujeto.
El Uno solo no hace ficción.
Por lo tanto el análisis consiste en medir el desajuste entre la verdad
mentirosa y el real. Pero hay que ir más allá de la gran ficción que es el
fantasma, pues de lo que se trata es del fracaso de la ficción y cómo se
arregla con el goce y el síntoma, con el cuerpo y la imagen.
En el pase , el analista se somete otra vez bajo la verdad mentirosa para poder
hacer pasar a los otros por esa experiencia de lo real.
Con
respecto a las ficciones simbólicas, para nombrar algunas: el mito individual
del neurótico, la novela familiar, el Edipo mismo. Ahora bien, estas ficciones,
en un sentido, se oponen a lo real y, en otro, sobre ellas buscamos lo
real, es más, en la línea de lo que
presento, podemos tomar al lenguaje mismo (elucubración de saber sobre
lalengua) como una ficción, podemos sostener que el lenguaje tiene estructura
de ficción; por lo tanto, lo simbólico, es del orden de la ficción.
El análisis mismo como camino o trayecto de lo
simbólico a lo real, nos muestra en las narraciones del analizante los
tropiezos, los agujeros, signos de otra verdad, de otro sentido.
“Un psicoanálisis es sin duda una experiencia
que consiste en construir una ficción, pero al mismo tiempo, o a continuación,
es una experiencia que consiste en deshacer esta ficción. De modo que el
psicoanálisis no es el triunfo de la ficción, la cual es más bien puesta a
prueba en relación con su impotencia para resolver la opacidad de lo real”.
Retomo
algo del pase a partir de la proposición del 9 de octubre 67.
Unas
páginas más adelante Lacan subrayará que: “esta sombra espesa que recubre
ese empalme del que aquí me ocupo, ese en el que el psicoanalizante pasa a psicoanalista,
es esto lo que nuestra Escuela puede esforzarse en disipar”
Lacan
afirma en el Acto de Fundación de la Escuela que el psicoanálisis no tiene nada
más seguro que hacer valer en su activo que la producción de psicoanalistas,
intentando advertir y aislar el psicoanálisis de la deriva a la terapéutica
porque esto distorsiona y relaja su rigor.
Atacando
o cuestionando el edificio burocrático y
los stands de la Internacional fundada por Freud y todo lo que vino con los
post -freudianos. Lo que intenta Lacan
es introducir un nuevo procedimiento de reconocimiento de los analistas ,para
aquellos que pueden dar cuenta, de un final de análisis orientado por lo real
del síntoma y el goce.
Sabemos
que Freud se pregunta si es posible resolver un conflicto pulsional de modo
permanente y definitivo y nos propone la metáfora de que la “represión actúa
como los diques contra el empuje del agua”, es decir la represión intervine
conteniendo la fuerza pulsional y en algunos momentos de la vida eso fracasa.
El
factor cuantitativo o económico que tiene que ver con la intensidad pulsional
del sujeto es lo que Lacan terminará por nombrar como goce. La acepción del
goce en Lacan incluye lo que está del lado del placer, las pulsiones de vida y
también su vertiente mortífera, las pulsiones de muerte. En cada sujeto hay un
programa de goce, que es singular y particular, que se produce a partir de un
encuentro contingente.
El
sujeto analizado sabe lo que es, pero al mismo tiempo sabe lo que ya no es y de
ahí la fórmula que utilizara: “el saber vano de un ser que se sustrae” y
la idea de que el pase es un duelo del ser anterior que no sabía su causa. Y en
el espacio del pase se transmite lo que
se sabe y compartirlo con la comunidad de la Escuela.
Jacques
Lacan vuelve a valorar el pase seis años después (1973).estamos en la época del
Seminario RSI La experiencia del pase y de la propia práctica analítica le
lleva a proponer en un texto “La Nota Italiana” otra formulación del fin
del análisis, en el que el saber que está en juego es el saber de que “no hay
relación sexual”, es decir, un saber que llega mucho más allá de la verdad del
ser de deseo.
Se
trata de un saber que Lacan coloca en el registro de lo real y su consecuencia
es el comienzo de esa gran desvalorización de la verdad.
En
este texto, de forma irónica, Lacan toma distancia de Freud de quien dice que “la
novela de Freud son sus amores con la verdad”
De
esta forma Lacan está haciendo una nueva formulación del fin de análisis que
podría consistir en desembarazarse de la verdad para acceder a cierto saber
sobre lo real y bordearlo.
Aparece
aquí esbozada la ruptura entre la verdad y lo real que a partir del año 76
conducirá a Lacan a decir que no hay verdad sobre lo real, ya que lo real se
perfila como excluyendo el sentido.
En
el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11” de 1976 Lacan ya nos
dice que: “ Faltaría que yo diga una verdad. No es el caso: fallo. No hay
verdad que, al pasar por la atención, no mienta”
“El espejismo de la verdad, del que solo cabe
esperar la mentira (lo que cortésmente llamamos resistencia), no tiene otro
término que la satisfacción que marca el fin del análisis”
Aquí deja el tema de la verdad en un segundo plano y nos propone el pase en
la dimensión de la satisfacción en el final del análisis y la satisfacción de
exponerlo antes otros.
Lo
que Lacan define aquí es un fin de análisis definido por la satisfacción y el
goce y ya no por el deseo. Lacan subraya en este texto que: “Por ello
designé con el pase esta puesta a prueba de la hystorización del análisis, (cuidándose
de no imponer este pase a todos), porque no hay todos en este punto, sino
dispersos descabalados. Lo dejé a disposición de los que se arriesgan a
testimoniar lo mejor posible sobre la verdad mentirosa” ( Prefacio de la Ed .Inglesa)
Toda
la cuestión radica en la manera que cada uno encuentra la forma de salir de la
repetición o de experimentar su modo singular de goce de manera menos
mortificante.-
Lacan
J: Seminario 10, 21, 23, 24 .
“ Prefacio de la Edición inglesa
del seminario 11”
“ Proposición del 9 de octubre
del 1967”
Lessere,
A : Artículo : “ Ficción y Real”
Cevasco,R
: “ Paso a Paso , Volumen 3” Centro de
Investigación psicoanálisis y sociedad.
lunes, 10 de noviembre de 2025
Freud y el resto que queda sin simbolizar. Dos ejemplos de final de análisis en la literatura
Pilar Ruiz Gimeno
En la sesión de trabajo abordamos el concepto de resto en Análisis terminable e interminable de Freud y el resto en el pase de N. Carbonell. Después, cómo lo narran P. Rey y J. J. Millás.
No es extraño que el psicoanálisis indague entre los “restos” de la psique porque no hay operación humana perfecta, cualquiera de sus manifestaciones deja residuos. Son objeto de estudio de la arqueología y la antropología. El sistema social o educativo tiene sus restos. También la literatura trabaja con huellas de la memoria y la poesía con restos de la vida. Dice Idea Vilariño: Qué fue la vida /qué podrida manzana / qué sobra / qué desecho. Y en lenguaje coloquial, nombramos los restos mortales.
Miller afirma, en “Marginalia de Milán II”, que Analisis terminable e interminable es una especie de “sinfonía del resto” cuyo subtítulo sería “como acabar con él”. Ahí Freud constata que las sustituciones en las etapas del desarrollo psicosexual se hacen gradualmente y de manera incompleta porque persisten fragmentos de la antigua organización junto a los más recientes. Siempre quedan fenómenos residuales. Por ejemplo, el mecenas con algún rasgo de mezquindad, la persona amable con alguna reacción hostil o las creencias y supersticiones de la Humanidad cuyos vestigios persisten porque se enraízan en las pasiones.
Para Freud, el yo tiene la función de dominar o domesticar la pulsión, aunque siempre queda alguna "secuela parcial” que es el primer obstáculo para la cura de la neurosis. (Los otros son las defensas del yo y la pulsión de muerte). Por otra parte está el factor cuantitativo de la pulsión, lo que no es descifrable. Al haber una disyunción entre saber y verdad, el único saber verdadero es el que no se ofrece.
Según Miller “Las consideraciones sobre el factor cuantitativo, sobre “las manifestaciones residuales”, se aclaran a partir del concepto petit a[1]”. Y que “el yo se defiende de la pulsión” equivale a “el objeto a divide al sujeto”. “Cuando la percepción de la realidad comporta displacer, la verdad debe sacrificarse, ésta es la experiencia del rechazo de la castración de la madre”[2].
El resto de goce pulsional persistente está relacionado con “la adhesividad o la viscosidad de la libido”, fijación sobre un objeto o idea y la dificultad para pasarla a otros. Al irremediable, la cuestión es cómo vivir con él[3].
Para Freud que la curación sea posible y durable se relaciona con las causas de las neurosis que son: exterior o contingente, el trauma no alteró el yo en la defensa; interna o constitucional es la pulsión. Entre lo interior y exterior están las demandas reprimidas del Ello.
La duración del análisis y la curación dependen de que la causa de la neurosis y de que el destino de la pulsión hayan alterado o no el yo. El objetivo sería limitar la pulsión no erradicarla.
Para Lacan, el origen de la neurosis se encuentra en la división del sujeto introducida por el lenguaje. Y el final de análisis no está relacionado con la represión sino con el fantasma que es el mecanismo de defensa fundamental del sujeto contra la pulsión. Estar analizado es un “estado original” del sujeto y el pase sería la verificación de que el sujeto está en ese estado original[4].
Para Freud [5], estar analizado es una creación totalmente original que nunca sucede en el yo espontáneamente y su objetivo es lograr las mejores condiciones para las funciones del yo.
El psicoanálisis permite al yo que ha alcanzado mayor madurez y fuerza emprender una revisión de las antiguas represiones; unas pocas son destruidas, mientras otras son reconocidas, pero reconstruidas con un material más sólido.
D. Castrillo[6], interpreta que reconocer la represión supone aceptar un modo de gozar rechazado y por tanto adquisición de saber; mientras que destruir y reconstruir pertenecen a la posición ética del sujeto, su consentimiento o rechazo.
El resto en el pase de
Neus Carbonell [7]
El testimonio de N. Carbonell ilustra la aserción de D. Castrillo de que “cualquier posibilidad de pensar un final de análisis que no sea una interrupción, sino que suponga que se ha alcanzado una conclusión, pasa por admitir que hay un resto de goce con el que tenemos que vivir”.
Resto de la operación analítica: La disolución de los restos del análisis se ven en un sueño en el que las letras se van cayendo de una página escrita hasta quedar flotando en un barreño con agua. Es imposible leer y gozar del sentido cuando las letras no están organizadas por la gramática.
Resto de transferencia: Tras un tiempo de malestar provocado por lo irreductible de la pulsión oral, Carbonell soñó con dos ojos cociéndose al tiempo que se desprendía el S1 fuera de sentido “suquetdepeix”. La pulsión oral y escópica se licuan en el S1. El sueño fue esclarecedor para el fin de análisis.
Resto sintomático: Lo que la hacía vivir en estado de “revuelta” no ha desaparecido, se ha convertido en “objeto causa” de sus estudios y de su trabajo como analista al haberse desvanecido el ideal. “Eso” que todavía insiste está puesto a favor de la causa. Como analista puede ser un vacío de saber.
Llegar a un final de análisis como el de N. Carbonell está al alcance de pocos, para la mayoría franquear la neurosis tiene menos pretensiones. De acuerdo con Freud sería algo así como que el sujeto que sufre los acontecimientos de la vida de manera incapacitante pueda vivirla con un sufrimiento cabal, adecuado al problema y que tenga la fortaleza para adaptarse.
P. Rey y J.J. Millás, dos ejemplos de final de análisis en la literatura
P. Rey, Una temporada con Lacan[8], 1989, cuenta cómo supo que había acabado su análisis.
La historia de amor llegaba a su fin. Al concluir una travesía que había durado diez años, el barquero había llevado sano y salvo al pasajero-de-paso a otra orilla. [...]
El sentimiento que me agitaba estaba hecho a la vez de afecto y de desapego: mientras, tres días antes, lo ignoraba, sabía que ya nada tenía que hacer allí.
Lacan me estrechó la mano. La puerta se cerró. Y nunca más volvería a verlo (p. 184 ).
No sabemos si Lacan, como dice Freud, juzgó que P. Rey ya no sufría de sus síntomas, había superado su angustia y sus inhibiciones; pero ahí acabó el viaje que comenzó cuando Rey le dijo a Lacan que quería verlo porque no le veía la salida.
Quedó un resto: Rey confiesa que diez años después, cuando escribe el libro, sigue siendo tan fóbico como entonces; pero que entretanto aprendió a negociar con sus fobias (p. 65).
Quizás Lacan creyó que P. Rey había llevado su análisis lo suficientemente lejos ya que, en cierto momento, Laca le dijo que estaba perfectamente calificado para hacer observaciones analíticas e incluso le preguntó si no había pensado hacerse analista (p. 124).
Es significativo que Rey diga que pudo asumir la responsabilidad de su goce. Y que no hay más ética que la propia de la plasmación del deseo, que el resto es literatura, la letra que le sirve de soporte. Su máxima era que “como la muerte lleva las de ganar, hay que tomar sin demora lo que la vida nos ofrece” (p. 176). “Más adelante siempre es ya mismo”.
En resumen: dejar de vivir bajo el sueño de eternidad o autodestruyéndose, asumir el deseo y responsabilizarse del propio goce parecen logros de un buen final de análisis.
J. J. Millás, escribió sobre su final de análisis en el artículo “La escena del crimen”[9].
A ver, Freud. Precisamente acabo de terminar mi análisis con una psicoanalista ortodoxa, … Cuando me dejé caer en su diván (con aspecto de catafalco pobre), el muerto era yo. Llegué allí con la fantasía de que me dijera: “Levántate y anda”. […]
En cuanto a Marta Lázaro, sigue ahí, a la escucha. No nos volveremos a ver. Nunca. En eso quedamos y en eso estamos.
Y en la novela Ese imbécil va a escribir una novela[10],
su análisis se acaba cuando su psicoanalista comprende que el parloteo no lleva
más que a pasar el tiempo. Freud diría que “no podrían esperarse mayores
cambios en el paciente aunque se continuara el análisis”.[11]
Pero en lo que era continuaba expresándose un agujero existencial no diría que insoportable, puesto que había sobrevivido a él tantos años, pero incómodo. Un agujero incómodo. Ese agujero, imaginé que decía mi psicoanalista, nos recuerda que somos seres en construcción, siempre incompletos. Pero es esa incompletud y el deseo de resolverla lo que nos empuja precisamente a vivir. El agujero no desaparece porque no es su papel. El agujero constituye un espacio de potencialidad, de misterio, de ahí que sea también el espacio de la creatividad. […] Me dio risa lo fácil que me resultaba imitar la voz de mi psicoanalista (p. 160-63).
Ese es el resto con el que vive y crea Millás.
Ambos escritores cierran la narración del final de su análisis con la misma frase lapidaria: “Y nunca más volvería a verlo”, Rey y “No nos volveremos a ver. Nunca”, Millás.
[1] Miller, J.-A., 1993, Marginalia de Milán I, Uno por uno, 36, p. 46.
[2] Miller, J.-A., 1993, Marginalia de Milán II, Uno por Uno, p. 23.
[3] Freud, S., Análisis teminable e interminable, Madrid, Biblioteca Nueva, III, 1981, p. 3344.
[4] Miller, J.-A.,1994, Marginalia de Milán III, Uno por Uno, 38, p. 78.
[5] Freud, S., Op. cit., pp. 3362 y 3347.
[6] Castrillo D., Comentario sobre Análisis terminable e interminable. https://nucep.com/publicaciones/comentario-sobre-analisis-terminable-e-interminable/
[7] Carbonell, N., Suquetdepeix, Testimonio AE, Jornadas ELP 2024.
[8] Rey, P., Una temporada con Lacan, Buenos Aires, Letra Viva, 2016.
[9] Millás, J. J., “La escena del crimen”. https://elpais.com/cultura/2015/09/03/babelia/1441297790_812347.html
[10] Millás, J. J., Ese imbécil va a escribir una novela, Barcelona, Alfaguara, 2025.
[11] Freud, S., Op. cit., p. 3340.