AMOR(ES) Y FINAL(ES) DE ANALISIS: EL NUEVO AMOR
Agnès
Wehr
El
título "un nuevo amor" remite a que hay también un
"antiguo" amor.
En
el nuevo amor, no se trata de un cambio de objeto de amor, sino de un amor
nuevo, modificado por el trabajo psicoanalítico. Se trata de un cambio de
paradigma.
Entonces
debemos entender lo que es el amor desde
el punto de vista del inconsciente y del sujeto hablante, antes y después del
análisis.
Perspectiva social y momento histórico:
El
amor platónico, el amor cortés medieval que ahora nos pueden parecer pasados de
moda, en realidad han llegado hasta nuestros días y se pueden escuchar en las
demandas de los pacientes que se quejan de amar demasiado, de no saber amar, de
fracasos repetitivos(etc..) El malestar viene con el intento de conseguir un
amor ideal, una unidad, y con la
alienación del sujeto a este ideal.
Pero,
a la vez, ningún ideal, ni siquiera el propio puede subsumir lo que causa
nuestro deseo y nuestra forma singular de satisfacernos.
Para
la ciencia y el capitalismo, todo es posible, lo que no sabemos hoy lo sabremos
mañana. Pero Lacan ha hecho de lo imposible una brújula de lo indispensable.
Perspectiva de la teoría psicoanalítica:
Freud ya advertía sobre lo imposible de
cualquier idea de perfección o armonía en el amor, sobre cierta ilusión en el
amor de transferencia, ilusión necesaria pero que, a la vez, se tendrá que
desmantelar.
Lacan
en el seminario XX afirma:
"
Lo único que hacemos en el discurso psicoanalítico es hablar de amor."(p.
101)
Este
amor reposa sobre cierta imposibilidad en la relación entre la mujer y el
hombre, y en el amor están implicados el fantasma, el deseo y el goce.
El
nuevo amor es un cambio del sujeto que pasa de ignorar esta imposibilidad a desear
saber sobre ella.
El
amor, dice Mercedes de Francisco, es clandestino, oculto para los propios
amantes porque ignoran lo que está en juego cuando aman.
Este
secreto deberá ser desvelado en el análisis para acceder al nuevo amor.
Lo que desconocemos, es lo que Lacan nombra la imposibilidad de escribir la relación sexual entre una mujer y un hombre, lo que esto tiene que ver con el fantasma, el goce y el deseo.
"La
relación sexual entre mujer y hombre es imposible escribirla. Esta
imposibilidad es lo que el amor, de una forma u otra, trata de suplir. El amor
es una suplencia. " (Lacan).
"La
elección de objeto no se rige igual en la mujer y en el hombre, como flechas
que apuntan a otro objetivo". Son posiciones diferentes en referencia al
falo, la castración y a la manera de gozar.
"Todo
se juega en el fantasma, pero un fantasma que puede desarticularse de modo que
dé cuenta de porqué sabe mucho más de lo que cree cuando actúa."dice
Lacan.
El
hombre en tanto TODO, se inscribe en la función fálica, aunque ésta sea negada
por la función del padre, y la castración suple la relación sexual que no se
puede escribir.
La
mujer, la persona que se inscribe en la fórmula femenina vetará lo universal y
se inscribirá en el NO-TODO.
En la mascarada femenina, la mujer acepta
hacer de semblante del objeto que provoca el deseo del hombre. Detrás de esta mascarada
no hay nada, apunta a la falta.
Hablar
de ser una mujer apunta a la rúbrica del semblante. Un sujeto se puede ubicar
en la posición femenina sólo si el semblante se anuda a la falta, tanto en su
aspecto simbólico como real.
En cambio, en el sujeto obsesivo, llevado al
extremo, el deseo implica la anulación, la destrucción del Otro. El fantasma
del obsesivo es un fantasma sádico.
Donde
hay un agujero fálico, el sujeto obsesivo plantea una necesidad absoluta de
tapar este agujero, de velar "que hay algo que es imposible entre una
mujer y un hombre",
Lacan
introduce el objeto a como causa del amor.
Seminario Xl: " te amo, pero
porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, y te
mutilo"..cita Alexandre Stevens.
El
amor es narcisista, las elecciones de objeto son siempre narcisistas porque son
demanda de amor, demanda en relación al objeto materno o al objeto a.
"
En las últimas páginas de El Seminario 20 Aún, Lacan define el amor como la
respuesta a una situación estructural, la que implica que en el inconsciente
"el Otro se reduce al objeto a"(p.174). Y añade que esta reducción
del Otro al objeto a "pone a prueba" el amor, pues éste interviene
allí donde existe un impasse, una hiancia entre lo imposible y lo contingente
(el encuentro amoroso).
Lacan
en el seminario XX: "El fin de la enseñanza es disociar a y A, reduciendo
a a lo que concierne a lo imaginario, y A a lo que concierne a lo simbólico.
Mercedes
de Francisco escribe:
En el
amor, suponemos que encarnamos la imágen que el otro desea, que el otro ama, la
imágen que viste al objeto a. Cuando ya no nos aman, nos enfrenta al a, ese
objeto que ya no tiene imágen para los otros, pero que tiene que ver con
nosotros mismos, con nuestra subjetividad, es lo que nosotros hemos construido
en el fantasma.
AMOR (ES) Y FINAL(ES) DE ANÁLISIS: UN
NUEVO AMOR
Rosa Lahoz Juan
Enero 2026
Ø
EL
AMOR EN LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA PSICOANALÍTICA.
En psicoanálisis,
el amor ocupa un lugar estructural tanto en la elaboración teórica como en la
práctica clínica. Freud subraya que el vínculo entre analizante y analista se
constituye como un vínculo libidinal es decir como un vínculo de amor: el
paciente atribuye al analista un saber sobre su verdad inconsciente. Esta
atribución funda la transferencia y constituye su motor.
La transferencia,
sin embargo, no puede reducirse a la simple repetición de vínculos pasados. Si
bien el sujeto convoca al analista en el lugar del Otro, es responsabilidad del
analista impedir que el lazo quede fijado en esa repetición, orientando la cura
hacia aquello que, en el decir del sujeto, se presenta como imposible de decir.
La experiencia
analítica no apunta a una toma de conciencia racional ni a una adaptación a la
realidad, sino a una elaboración del decir que permita bordear los puntos de
vacío, el sin-sentido y la falla simbólica (no todo es decible) que estructuran
la posición subjetiva.
Ø
LA
TRANSFERENCIA MÁS ALLÁ DEL FANTASMA.
Con Lacan, la
transferencia deja de pensarse exclusivamente en relación con el fantasma. El
analista acepta ocupar el lugar que la transferencia le asigna, pero sin
identificarse con él, sosteniendo una posición que permita señalar la
inconsistencia del Otro. La operación analítica desplaza así el amor de
transferencia —sostenido por la suposición de un saber— hacia el reconocimiento
de la falta estructural.
En el curso del
tratamiento se produce una desidealización progresiva del Otro: cae la creencia
en la existencia de alguien capaz de decir quién es el sujeto o cómo podría
completarse. Este movimiento resulta decisivo para el final de análisis y tiene
mucho que ver con una posible transformación profunda y un cambio de posición
subjetiva con lo que al amor se refiere.
Ø
SINGULARIDAD SUBJETIVA, INVENCIÓN Y
DESTINO.
El trabajo
analítico permite aislar las marcas singulares que definen a cada sujeto como
irrepetibles. Estas marcas no se confunden con determinaciones familiares,
sociales o edípicas, sino con la invención particular mediante la cual cada
sujeto responde a lo imposible que estructura su experiencia. Se trata de una
manera singular de gozar, no atribuible a ninguna causa externa, que constituye
lo más propio del sujeto. Lleva tiempo encontrarse con lo que es su invención,
ya que no lo puede achacar a ninguna determinación, que es lo más propio: una
manera singular de gozar conectada con ese imposible.
Ø
LA
RELACIÓN SEXUAL NO EXISTE
Uno de los ejes
centrales de la enseñanza de Lacan es la afirmación de que no hay relación
sexual, en el sentido de que no existe un significante capaz de escribir una
complementariedad entre los sexos. Esta imposibilidad no es contingente,
sino estructural. No encontramos en lo real un saber que permita formular la
relación hombre–mujer. El síntoma aparece entonces como la respuesta singular
del sujeto a esa imposibilidad.
El amor, por su
parte, no viene a resolver la no-relación, sino a suplirla: intenta hacer Uno
allí donde estructuralmente no lo hay. De allí su carácter fallido, pero
insistente del amor.
Lacan señalará
que el diálogo entre los sexos está atravesado por el malentendido. El amor se
presenta como un laberinto sin salida, lo cual no impide que entremos en
laberinto y juguemos a corretear por él.
Ø
EL
CONCEPTO DE “NUEVO AMOR”
Cuando en psicoanálisis se habla de un
“nuevo amor”, no se trata de un amor con un nuevo objeto, sino de una modificación
de la lógica del vínculo amoroso. Se trata de amar de otra manera: un amor que
ya no se sostiene en la ilusión de completud ni en el ideal del sacrificio, sino
en la asunción de la falta y en la contingencia del encuentro.
Este amor no se
orienta por garantías simbólicas ni por ideales universales. Reconoce la
inconsistencia del Otro y, por ello, se presenta como menos engañoso.
¿Cómo
elige uno? La elección amorosa no responde a una lógica única. Intervienen
tanto el azar del encuentro como las determinaciones inconscientes. Sin
embargo, el nuevo amor se distingue de las elecciones regidas por las
determinaciones edípicas, en la medida en que se apoya en la marca singular que
cada sujeto ha construido como respuesta a la imposibilidad. En términos de Lacan,
se trata del encuentro entre dos exilios.
Ø AMOR, GOCE Y DIFERENCIA SEXUAL
La
diferencia sexual no es la que domina cuando del amor se trata, el hombre no
puede retroceder frente a esa diferencia que en el mundo instaura la
existencia de lo femenino, permitiendo así que ella no retroceda frente a
lo que es ajeno a ella misma. La existencia del cuerpo femenino (el no todo de
lo femenino) nos lleva a hablar del amor
como modalidad de pérdida. Ella le deja el recuerdo de un amor perdido
antes de que haya podido advenir. Así, el amor
siempre será un intento de suplencia.
Según
Mercedes de Francisco Lo que ha entrado
en deflación es lo simbólico en su anudamiento con lo real… Las maneras de
gozar de cada uno, con sus marcas irrepetibles no copulan y es por ello
que desde la perspectiva del goce no podemos hacer lazo con el otro. ES EL AMOR
LO QUE PERMITE ESE LAZO.
Ø EL
FINAL DE ANÁLISIS Y LA TRANSFORMACIÓN DEL VÍNCULO AMOROSO
El final de análisis no equivale a una
curación ni a la desaparición del malestar, sino a una transformación de la
posición del sujeto respecto del deseo, del goce y del Otro. El efecto central
es la caída del Sujeto Supuesto Saber: ya no hay un Otro que garantice el
sentido del ser o del deseo.
En
este punto, el amor se presenta como suplencia de una inexistencia que ya no
se desconoce. No se sostiene en el olvido de la imposibilidad ni en un
intento de velarlo.
No
es necesariamente un amor más feliz, pero sí menos ciego. Nasio en “El dolor
de amar” jugara con la palabra enamoramiento: EN-AMOR-MIENTO.
Al final del análisis, Lacan plantea que
amar no es encontrar lo que falta, SINO ASUMIR
LA FALTA. Su célebre fórmula —“amar es dar lo que no se tiene a
alguien que no lo es”— adquiere aquí todo su sentido: el sujeto ya no
espera que el Otro lo salve de su falta estructural, sino que puede sostener un
lazo sin negar esa falta. Es
sostener un lazo sabiendo que no hay relación sexual, que no hay Uno, y aun así
consentir al encuentro.
Ø
EL
PARTENAIRE COMO SÍNTOMA Y COMO ELECCIÓN
Cuando Lacan
afirma que el partenaire es un síntoma, señala que el vínculo amoroso está
ligado de forma estructural al modo singular de goce del sujeto. Antes del
análisis, este síntoma suele vivirse como una repetición alienante. Después,
puede devenir una elección contingente: una manera de arreglárselas con el
propio sinthome sin exigir al otro que lo cure o lo justifique. El
partenaire ya no es convocado para escribir la relación sexual inexistente,
sino para sostener un lazo que reconoce dicha inexistencia.
El
partenaire deja de ser usado como: tapón de la angustia, soporte del síntoma,
garante del sentido. El
partenaire nunca es el adecuado: siempre hay desajuste. Cada sujeto se
relaciona, en última instancia, con su propio goce, y el otro es convocado para
hacerlo soportable o decible. No se ama
al otro como tal. Se ama al otro en
tanto ocupa un lugar en la economía del deseo y del goce propio.
Ø
AMAR
DESPUÉS DEL ANÁLISIS
Para Lacan, el final de
análisis implica una identificación al sinthome: el reconocimiento del propio
modo singular de gozar, dejando de vivirse como un destino impuesto y
aprendiendo a saber hacer con él. Esto no elimina la angustia existencial, pero
la vuelve más transitable.
El análisis conduce a reconocer que la falta no es un
accidente reparable, sino algo estructural. Se trata, entonces, de amar de otro
modo: advertidos de la no-relación, separados de la ilusión del Todo, capaces
de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia.
Amar después del
análisis implica consentir a dar lo que no se tiene sin esperar que el otro
complete la falta estructural. Es un amor que no promete armonía ni fusión,
pero que puede sostenerse sin desconocer el imposible que lo fundamenta. Se
trata, en definitiva, de un amor, que no niega el vacío estructural (la
falta) sino que aprende a hacer con él.
En Encore,
Lacan no aborda el amor como ilusión a disipar, sino como aquello que insiste
allí donde la relación sexual no se escribe. El amor no viene a resolver la
no-relación; viene a decir algo de ella. Después de un análisis, persiste como
respuesta a lo imposible: un amor que sabe que, aun sin creer en el Uno, encore
—aún— se ama. Al estar advertido, es más probable que el amor con el otro tenga
un lugar más digno, que ponga esta imposibilidad en su justo lugar y no se
convierta en una impotencia.
El psicoanálisis no apunta a corregir al partenaire, sino
a que el sujeto advierta la función sintomática que este ocupa en su estructura
y pueda modificar su relación con su propio goce.
El amor toma una
dimensión ética del no todo: ni todo
amor, ni todo gozar, ni todo sentido, quedando menos atrapado en la demanda de
ser UNO.
Se trata de amar
de otro modo: con más responsabilidad, advertidos de la no‑relación, separados
de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en
impotencia. El “nuevo amor”, no niega el vacío estructural (la falta) sino que aprende a hacer con ella.
