Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola




viernes, 6 de febrero de 2026

Texto de la exposición: AMOR (ES) Y FINAL (ES) DE ANALISIS: EL NUEVO AMOR

 

AMOR(ES) Y FINAL(ES) DE ANALISIS:  EL NUEVO AMOR

Agnès Wehr

 

El título "un nuevo amor" remite a que hay también un "antiguo" amor.

En el nuevo amor, no se trata de un cambio de objeto de amor, sino de un amor nuevo, modificado por el trabajo psicoanalítico. Se trata de un cambio de paradigma.

Entonces debemos entender lo que  es el amor desde el punto de vista del inconsciente y del sujeto hablante, antes y después del análisis.

 En su libro titulado "Un nuevo amor", Mercedes de Francisco aborda este cambio teniendo desde diferentes perspectivas.

 Perspectiva social y momento histórico:

El amor platónico, el amor cortés medieval que ahora nos pueden parecer pasados de moda, en realidad han llegado hasta nuestros días y se pueden escuchar en las demandas de los pacientes que se quejan de amar demasiado, de no saber amar, de fracasos repetitivos(etc..) El malestar viene con el intento de conseguir un amor ideal, una unidad, y  con la alienación del sujeto a este ideal.

Pero, a la vez, ningún ideal, ni siquiera el propio puede subsumir lo que causa nuestro deseo y nuestra forma singular de satisfacernos.

Para la ciencia y el capitalismo, todo es posible, lo que no sabemos hoy lo sabremos mañana. Pero Lacan ha hecho de lo imposible una brújula de lo indispensable.

 

 Perspectiva de la teoría psicoanalítica:

 Freud ya advertía sobre lo imposible de cualquier idea de perfección o armonía en el amor, sobre cierta ilusión en el amor de transferencia, ilusión necesaria pero que, a la vez, se tendrá que desmantelar.

Lacan en el seminario XX afirma:

" Lo único que hacemos en el discurso psicoanalítico es hablar de amor."(p. 101)

Este amor reposa sobre cierta imposibilidad en la relación entre la mujer y el hombre, y en el amor están implicados el fantasma, el deseo y el goce.

El nuevo amor es un cambio del sujeto que pasa de ignorar esta imposibilidad a desear saber sobre ella.

El amor, dice Mercedes de Francisco, es clandestino, oculto para los propios amantes porque ignoran lo que está en juego cuando aman.

Este secreto deberá ser desvelado en el análisis para acceder al nuevo amor.

Lo que desconocemos, es lo que Lacan nombra la imposibilidad de escribir la relación sexual entre una mujer y un hombre, lo que esto tiene que ver con el fantasma, el goce y el deseo.

"La relación sexual entre mujer y hombre es imposible escribirla. Esta imposibilidad es lo que el amor, de una forma u otra, trata de suplir. El amor es una suplencia. " (Lacan).

 Mercedes de Francisco dice:

"La elección de objeto no se rige igual en la mujer y en el hombre, como flechas que apuntan a otro objetivo". Son posiciones diferentes en referencia al falo, la castración y a la manera de gozar.

 Enumeraremos a continuación las diferencias a las que apunta Lacan entre una mujer y un hombre en cuestión de amor:

"Todo se juega en el fantasma, pero un fantasma que puede desarticularse de modo que dé cuenta de porqué sabe mucho más de lo que cree cuando actúa."dice Lacan.

El hombre en tanto TODO, se inscribe en la función fálica, aunque ésta sea negada por la función del padre, y la castración suple la relación sexual que no se puede escribir.

La mujer, la persona que se inscribe en la fórmula femenina vetará lo universal y se inscribirá en el NO-TODO.

 Del fantasma 

  En la mascarada femenina, la mujer acepta hacer de semblante del objeto que provoca el deseo del hombre. Detrás de esta mascarada no hay nada, apunta a la falta.

Hablar de ser una mujer apunta a la rúbrica del semblante. Un sujeto se puede ubicar en la posición femenina sólo si el semblante se anuda a la falta, tanto en su aspecto simbólico como real.

  En cambio, en el sujeto obsesivo, llevado al extremo, el deseo implica la anulación, la destrucción del Otro. El fantasma del obsesivo es un fantasma sádico.

Donde hay un agujero fálico, el sujeto obsesivo plantea una necesidad absoluta de tapar este agujero, de velar "que hay algo que es imposible entre una mujer y un hombre",

 

Lacan introduce el objeto a como causa del amor.

           Seminario Xl: " te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, y te mutilo"..cita Alexandre Stevens.

El amor es narcisista, las elecciones de objeto son siempre narcisistas porque son demanda de amor, demanda en relación al objeto materno o al objeto a.

 Nicanor Mestres escribe:

" En las últimas páginas de El Seminario 20 Aún, Lacan define el amor como la respuesta a una situación estructural, la que implica que en el inconsciente "el Otro se reduce al objeto a"(p.174). Y añade que esta reducción del Otro al objeto a "pone a prueba" el amor, pues éste interviene allí donde existe un impasse, una hiancia entre lo imposible y lo contingente (el encuentro amoroso).

Lacan en el seminario XX: "El fin de la enseñanza es disociar a y A, reduciendo a a lo que concierne a lo imaginario, y A a lo que concierne a lo simbólico.

Mercedes de Francisco escribe:

En el amor, suponemos que encarnamos la imágen que el otro desea, que el otro ama, la imágen que viste al objeto a. Cuando ya no nos aman, nos enfrenta al a, ese objeto que ya no tiene imágen para los otros, pero que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra subjetividad, es lo que nosotros hemos construido en el fantasma.


AMOR (ES) Y FINAL(ES) DE ANÁLISIS: UN NUEVO AMOR

Rosa Lahoz Juan

Enero 2026

Ø  EL AMOR EN LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA PSICOANALÍTICA.

En psicoanálisis, el amor ocupa un lugar estructural tanto en la elaboración teórica como en la práctica clínica. Freud subraya que el vínculo entre analizante y analista se constituye como un vínculo libidinal es decir como un vínculo de amor: el paciente atribuye al analista un saber sobre su verdad inconsciente. Esta atribución funda la transferencia y constituye su motor.

La transferencia, sin embargo, no puede reducirse a la simple repetición de vínculos pasados. Si bien el sujeto convoca al analista en el lugar del Otro, es responsabilidad del analista impedir que el lazo quede fijado en esa repetición, orientando la cura hacia aquello que, en el decir del sujeto, se presenta como imposible de decir.

La experiencia analítica no apunta a una toma de conciencia racional ni a una adaptación a la realidad, sino a una elaboración del decir que permita bordear los puntos de vacío, el sin-sentido y la falla simbólica (no todo es decible) que estructuran la posición subjetiva.

Ø  LA TRANSFERENCIA MÁS ALLÁ DEL FANTASMA.

Con Lacan, la transferencia deja de pensarse exclusivamente en relación con el fantasma. El analista acepta ocupar el lugar que la transferencia le asigna, pero sin identificarse con él, sosteniendo una posición que permita señalar la inconsistencia del Otro. La operación analítica desplaza así el amor de transferencia —sostenido por la suposición de un saber— hacia el reconocimiento de la falta estructural.

En el curso del tratamiento se produce una desidealización progresiva del Otro: cae la creencia en la existencia de alguien capaz de decir quién es el sujeto o cómo podría completarse. Este movimiento resulta decisivo para el final de análisis y tiene mucho que ver con una posible transformación profunda y un cambio de posición subjetiva con lo que al amor se refiere.

Ø  SINGULARIDAD SUBJETIVA, INVENCIÓN Y DESTINO.

El trabajo analítico permite aislar las marcas singulares que definen a cada sujeto como irrepetibles. Estas marcas no se confunden con determinaciones familiares, sociales o edípicas, sino con la invención particular mediante la cual cada sujeto responde a lo imposible que estructura su experiencia. Se trata de una manera singular de gozar, no atribuible a ninguna causa externa, que constituye lo más propio del sujeto. Lleva tiempo encontrarse con lo que es su invención, ya que no lo puede achacar a ninguna determinación, que es lo más propio: una manera singular de gozar conectada con ese imposible.

Ø  LA RELACIÓN SEXUAL NO EXISTE

Uno de los ejes centrales de la enseñanza de Lacan es la afirmación de que no hay relación sexual, en el sentido de que no existe un significante capaz de escribir una complementariedad entre los sexos. Esta imposibilidad no es contingente, sino estructural. No encontramos en lo real un saber que permita formular la relación hombre–mujer. El síntoma aparece entonces como la respuesta singular del sujeto a esa imposibilidad.

El amor, por su parte, no viene a resolver la no-relación, sino a suplirla: intenta hacer Uno allí donde estructuralmente no lo hay. De allí su carácter fallido, pero insistente del amor.

Lacan señalará que el diálogo entre los sexos está atravesado por el malentendido. El amor se presenta como un laberinto sin salida, lo cual no impide que entremos en laberinto  y juguemos a corretear por él.

Ø  EL CONCEPTO DE “NUEVO AMOR”

Cuando en psicoanálisis se habla de un “nuevo amor”, no se trata de un amor con un nuevo objeto, sino de una modificación de la lógica del vínculo amoroso. Se trata de amar de otra manera: un amor que ya no se sostiene en la ilusión de completud ni en el ideal del sacrificio, sino en la asunción de la falta y en la contingencia del encuentro.

Este amor no se orienta por garantías simbólicas ni por ideales universales. Reconoce la inconsistencia del Otro y, por ello, se presenta como menos engañoso.

¿Cómo elige uno? La elección amorosa no responde a una lógica única. Intervienen tanto el azar del encuentro como las determinaciones inconscientes. Sin embargo, el nuevo amor se distingue de las elecciones regidas por las determinaciones edípicas, en la medida en que se apoya en la marca singular que cada sujeto ha construido como respuesta a la imposibilidad. En términos de Lacan, se trata del encuentro entre dos exilios.

Ø  AMOR, GOCE Y DIFERENCIA SEXUAL

Para Lacan, la presencia de las mujeres en el mundo hace existir un GOCE que no pasa ni se reduce al goce fálico o de órgano. Participa de ese goce fálico, pero además experimenta un goce suplementario que compromete a todo su cuerpo (Plus de goce). Se trata de un goce vinculado al no-todo que pone  de manifiesto la imposibilidad de cerrar la relación entre los sexos. Así los modos de gozar no son complementarios ni armonizables.

La diferencia sexual no es la que domina cuando del amor se trata, el hombre no puede retroceder frente a esa diferencia que en el mundo instaura la existencia de lo femenino, permitiendo así que ella no retroceda frente a lo que es ajeno a ella misma. La existencia del cuerpo femenino (el no todo de lo femenino)  nos lleva a hablar del amor como modalidad de pérdida. Ella le deja el recuerdo de un amor perdido antes de que haya podido advenir. Así, el amor siempre será un intento de  suplencia.

Según Mercedes de Francisco Lo que ha entrado en deflación es lo simbólico en su anudamiento con lo real… Las maneras de gozar de cada uno, con sus marcas irrepetibles no copulan y es por ello que desde la perspectiva del goce no podemos hacer lazo con el otro. ES EL AMOR LO QUE PERMITE ESE LAZO.

Ø  EL FINAL DE ANÁLISIS Y LA TRANSFORMACIÓN DEL VÍNCULO AMOROSO

El final de análisis no equivale a una curación ni a la desaparición del malestar, sino a una transformación de la posición del sujeto respecto del deseo, del goce y del Otro. El efecto central es la caída del Sujeto Supuesto Saber: ya no hay un Otro que garantice el sentido del ser o del deseo.

En este punto, el amor se presenta como suplencia de una inexistencia que ya no se desconoce. No se sostiene en el olvido de la imposibilidad ni en un intento de velarlo.

No es necesariamente un amor más feliz, pero sí menos ciego. Nasio en “El dolor de amar” jugara con la palabra enamoramiento: EN-AMOR-MIENTO.

Al final del análisis, Lacan plantea que amar no es encontrar lo que falta, SINO ASUMIR LA FALTA. Su célebre fórmula —“amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”— adquiere aquí todo su sentido: el sujeto ya no espera que el Otro lo salve de su falta estructural, sino que puede sostener un lazo sin negar esa falta. Es sostener un lazo sabiendo que no hay relación sexual, que no hay Uno, y aun así consentir al encuentro.

Ø  EL PARTENAIRE COMO SÍNTOMA Y COMO ELECCIÓN

Cuando Lacan afirma que el partenaire es un síntoma, señala que el vínculo amoroso está ligado de forma estructural al modo singular de goce del sujeto. Antes del análisis, este síntoma suele vivirse como una repetición alienante. Después, puede devenir una elección contingente: una manera de arreglárselas con el propio sinthome sin exigir al otro que lo cure o lo justifique. El partenaire ya no es convocado para escribir la relación sexual inexistente, sino para sostener un lazo que reconoce dicha inexistencia.

El partenaire deja de ser usado como: tapón de la angustia, soporte del síntoma, garante del sentido. El partenaire nunca es el adecuado: siempre hay desajuste. Cada sujeto se relaciona, en última instancia, con su propio goce, y el otro es convocado para hacerlo soportable o decible. No se ama al otro como tal. Se ama al otro en tanto ocupa un lugar en la economía del deseo y del goce propio.

Ø  AMAR DESPUÉS DEL ANÁLISIS

Para Lacan, el final de análisis implica una identificación al sinthome: el reconocimiento del propio modo singular de gozar, dejando de vivirse como un destino impuesto y aprendiendo a saber hacer con él. Esto no elimina la angustia existencial, pero la vuelve más transitable.

El análisis conduce a reconocer que la falta no es un accidente reparable, sino algo estructural. Se trata, entonces, de amar de otro modo: advertidos de la no-relación, separados de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia.

Amar después del análisis implica consentir a dar lo que no se tiene sin esperar que el otro complete la falta estructural. Es un amor que no promete armonía ni fusión, pero que puede sostenerse sin desconocer el imposible que lo fundamenta. Se trata, en definitiva, de un amor, que no niega el vacío estructural (la falta)  sino que aprende a hacer con él.

En Encore, Lacan no aborda el amor como ilusión a disipar, sino como aquello que insiste allí donde la relación sexual no se escribe. El amor no viene a resolver la no-relación; viene a decir algo de ella. Después de un análisis, persiste como respuesta a lo imposible: un amor que sabe que, aun sin creer en el Uno, encore —aún— se ama. Al estar advertido, es más probable que el amor con el otro tenga un lugar más digno, que ponga esta imposibilidad en su justo lugar y no se convierta en una impotencia.

El psicoanálisis no apunta a corregir al partenaire, sino a que el sujeto advierta la función sintomática que este ocupa en su estructura y pueda modificar su relación con su propio goce.

El amor toma una dimensión  ética del no todo: ni todo amor, ni todo gozar, ni todo sentido, quedando menos atrapado en la demanda de ser UNO.

Se trata de amar de otro modo: con más responsabilidad, advertidos de la no‑relación, separados de la ilusión del Todo, capaces de sostener un lazo sin convertir la falta en impotencia. El “nuevo amor”, no niega el vacío estructural (la falta)  sino que aprende a hacer con ella.

           


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