Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola




lunes, 12 de marzo de 2018

"La psicosis ordinaria. El extraño caso del hombre de los lobos" Conferencia de RICARD ARRANZ


"La psicosis ordinaria. El extraño caso del Hombre de los lobos"





El hombre de los lobos es el más extenso de los cinco historiales clínicos que Freud publicó. Editado en 1914 con el título de “De la historia de una neurosis infantil”, ocupa 112 páginas. También es el caso que ha sido más trabajado por los psicoanalistas postfreudianos, ya sea para refutar, para corroborar o para ampliar las hipótesis de Freud. Entre ellos se encuentran Lacan y Miller, quien en su seminario de 1987-88, “El hombre de los lobos. Un seminario de investigación psicoanalítica”, parece dar la puerta de entrada a lo que en los años 2002 y 2003, con las conversaciones clínicas, realizadas en las poblaciones de Arcachon y Anvers, y  publicadas como “Los inclasificables de la clínica” y “La psicosis ordinaria”, nos han llevado al tema  investigación y debate actual en la Comunidad Psicoanalítica: La psicosis ordinaria bajo transferencia.

El objetivo del presenta trabajo es sostener la tesis de que el HL (Hombre de los Lobos) merece el  diagnóstico de psicosis ordinaria. A su vez pretendo establecer una hipótesis de porque no se produjo un desencadenamiento como tal, de manera que el sujeto, pese a algunos momentos de “desenganche” y “fenómenos de franja”, como “vivencias de despersonalización, desamparo y gran soledad”, logró ciertas “funciones de suplencia” a la forclusión del Nombre del Padre y a la falta de la función simbólica del falo y la castración1 manteniendo  cierta estabilidad estructural.

Tomaré como eje una perspectiva fundamentalmente clínica, intentando aislar de la literatura escrita los elementos clínicos, dejando en un segundo plano los elementos y las diferentes interpretaciones teóricas y técnicas, para poder abordar el caso con la máxima frescura posible. Es un modo de simplificar y sintetizar, por otro lado imposible de evitar.

El HL recibe su nombre de un sueño, que tiene en la infancia, pero que es analizado durante su tratamiento con Freud. El sueño es simple. Despierta angustiado y lo recuerda. Se trata de una imagen en la ventana donde inmóviles, sobre un las ramas de un árbol, observa a cuatro o cinco lobos que le miran. Hago aquí un corte. Ya de entrada quiero remarcar un primer aspecto que considero fundamental. El HL tenía un nombre y unos apellidos, pero a partir de su encuentro con Freud, y hasta su fallecimiento, no fue conocido por su nombre común sino por este nombre propio HL, y no solamente por la comunidad psicoanalítica, ya que el sujeto publicaba artículos con su biografía, y vendía cuadros y pinturas que él hacía, firmando con el seudónimo de HL. Era conocido en lo social como el HL. Parte de la documentación que tenemos proviene de este tiempo posterior al tratamiento con Freud.

Serguéi Konstantínovich Pankéyev

En febrero de 1910, Serguéi Konstantínovich Pankéyev acude para pedir tratamiento a Freud a los 23 años. Freud dice que desde los 18 años, ya era un “inválido” incapaz de ser autosuficiente y cuidarse por sí solo de sí mismo.
Antes de que acudiera a Freud, Serguéi había sido tratado por neurólogos y psiquiatras, incluso había ingresado un tiempo en una clínica psiquiátrica del Dr. Kraepelin, uno de los psiquiatras más prestigiosos de la época, que le diagnostica psicosis maníaco- depresiva.

Había seguido los tratamientos habituales de la época, al no existir aun los farmacológicos: baños termales, aislamiento, laborterapia como pintura y fotografía, hipnosis..., que no habían dado resultado.
¿Qué le ocurría a Serguéi? Se sentía incapaz de actuar y decidir respecto al futuro de su vida , no podía acabar los estudios de derecho, y se tenía que hacer acompañar por un enfermero, quien cada cierto tiempo le tenía que dar unas lavativas, ya que tenia estreñimiento grave. Lo que dice Serguéi es que “la vida se le presenta como algo irreal, las personas se le aparecen como muñecos de cera y marionetas con cuerdas con las que no podía establecer contacto”. En ciertos momentos de desesperación el H L “pensaba en el suicidio, no puedo seguir así, decía, y de hecho esta idea no desapareció del todo hasta el final de sus días”2. La vida estaba como “tras un velo”3 y solo podía establecer contacto con los demás cuando la lavativa hacía su efecto posterior al momento de defecar.

Sabemos, por Freud que esto le ocurría desde los 18 años. Pero ¿cuál es el motivo de la demanda de atención a los 23 años? Está en relación a su amada, una enfermera a la que conoció mientras estuvo ingresado en la clínica psiquiátrica de Kraepelin. Hay cierta ambigüedad sobre este punto: al parecer Serguéi se sentía enamorado, pero no lograba decidirse a tener una relación con ella. Esto es importante porque, en una entrevista que le hacen al HL4,  explica que se decidió por la atención de Freud por dos motivos: Uno por la fuerte personalidad de Freud, al que “siempre sentí como un padre...mi padre había muerto poco tiempo atrás y la destacada personalidad de Freud vino a llenar ese vacío” (los efectos de la TF en el HL), y otro porque desde el primer momento Freud le apoyó en la idea de seguir adelante con la relación con la amada.

Puntúo aquí un segundo aspecto muy importante, junto con el de hacerse un nombre con el que insertarse en un vínculo social, y es el de encontrar en su terapeuta una cierta suplencia del padre, que le orienta y apoya  en el deseo sobre la vida. Es el establecimiento de la transferencia que , como veremos, se mantendrá hasta la muerte del HL.

El tema de la ambigüedad respecto a si seguir o no su relación con la amada, tiene su importancia, ya que se puede deducir de la lectura del trabajo de Freud, que la duda de Serguéi no estaba en el plano amoroso, ya que se sentía enamorado, sino en del acceso a la relación sexual como tal. Parece que Serguéi solo podía tener acceso a las relaciones sexuales con las mujeres bajo la modalidad del sexo anal. Se trataría de un modo inconsciente de evitar, o tal vez suplir,” hacer semblante”, del encuentro con la castración y el uso simbólico del falo. Es el tercer aspecto que quiero situar como explicación al no desencadenamiento, una función de suplencia de la función falica, bajo la modalidad de un acceso a un goce propio conocido, pero no a un encuentro con el goce del otro, y una evitación de la función que le podía haber enviado a ocupar la función simbólica de padre para la que no sabemos si estaba preparado.  En las conversaciones clínicas sobre la Psicosis Ordinaria, podemos leer que uno de los desencadenantes puede ser el encuentro con el goce Otro, que se puede producir en el primer encuentro sexual. Sabemos que Serguéi tuvo encuentros sexuales, pero siempre bajo esta modalidad, y nunca tuvo hijos.

Recopilemos lo que tenemos hasta el momento. Se presenta un paciente, cuya anamnesis muestra que ha estado atendido por psiquiatras y neurólogos, que ha ingresado en un hospital psiquiátrico, y diagnosticado entre otras cosas de psicosis maníaco-depresiva. Que presenta un síntoma extraño, cierta dificultad con el vínculo social, un aislamiento importante y que siente que el mundo es irreal, lo que sólo se le pasa si logra defecar. Y con una demanda singular, respecto a la capacidad de decisión y actuación de futuro, lo que bloquea la posible relación de pareja, y le lleva a tener un  “frágil sentimiento de la vida”.

No podemos decir que presente fenómenos elementales claros propios de la psicosis. No hay un delirio como tal, no se cree la mujer de Dios como le ocurría a Schreber (otro de los casos que Freud trabaja). No hay alucinaciones visuales; no es que vea los otros humanos como muñecos, es más bien una sensación difusa de extrañeza que puede criticar racionalmente, pero no puede evitar sentir como tal. No hay alucinaciones auditivas: no explica que sufra de palabras impuestas o que escuche voces en su cabeza. Y presenta un síntoma que convierte en demanda: no puede decidir y avanzar en su vida, ni profesionalmente ni respecto a la relación pareja, pero, a la vez, no aparece un elemento claro traumático, que se pueda ubicar históricamente de esta imposibilidad de avanzar, y la dificultad respecto a la relación de pareja es un tanto particular.

Freud

Freud decide tomar el caso, le atiende en dos periodos, el primero durante cuatro años, y el segundo unos meses. Le diagnostica de neurosis obsesiva mal curada. Y pretende encontrar el elemento traumático histórico de la neurosis infantil causante de los síntomas. Esta decisión hay que tomarla en dos registros. Uno propiamente clínico. Sin duda la neurosis obsesiva es una posibilidad diagnóstica. Y decide dirigir la cura en dos sentidos: por un lado, que su paciente logre tener una relación con una mujer y, por el otro, que sea autónomo, autosuficiente  y  con capacidad de decisión. En ambos objetivos obtiene un logro parcial: Serguéi se casa con su amada, pero no tiene hijos, no hay constancia de que su modalidad de encuentro sexual varíe nunca. Y logra acabar derecho, pero nunca trabaja de abogado, sino que tiene empleos puntuales y precarios de corredor de seguros y tiene que ser  mantenido por las ayudas económicas y apoyos de la comunidad psicoanalítica. Por demanda explicita de Freud, sus discípulas Rut Mack Brunswick, Muriel Gardiner y Kurt Eissler atendieron gratuitamente a Serguéi hasta que este falleció a los 90 años. El psicoanálisis nunca le abandonó,  Serguei vivió siempre en transferencia con Freud y sus delegados.

Pero además hay otro registro histórico, Freud está en tensión teórica con Adler y Jung, quienes se están apartando de la idea de la causalidad sexual en la infancia como provocadora de las alteraciones en la edad adulta. Es por esto que buscará  demostrar la importancia en la infancia del encuentro con la castración para ubicar el trauma. Trata de explicar la importancia del encuentro entre trauma en la edad infantil a través de  lo sexual, la castración y su implicación respecto al diagnóstico estructural. Por ello realiza todo un trabajo de investigación donde procura reconstruir y datar los diferentes momentos por los que pasa Serguéi antes del encuentro con él.

Los problemas de Freud

Desde el punto de vista clínico, los problemas con los que Freud se encuentra, consisten en que su paciente, colabora con el tratamiento, explica los hechos acontecidos y produce cadenas asociativas respecto a los sueños. Podemos decir que es un paciente modelo. “Yo no me sentía tanto en la situación de paciente como la de joven colaborador”5. Pero no cambia nada en la realidad de su vida cotidiana. No avanza. Es como si las palabras y descubrimientos no afectasen al sujeto. De hecho, resulta llamativo que Freud no explique ningún momento de resistencia de Serguéi, ya sea hacia aspectos del material que va surgiendo o hacia la transferencia. De manera que Freud se ve forzado a llevar a cabo una estrategia arriesgada, anticipa un final del tratamiento en un plazo dado. Esto produce algún efecto y el HL se conmueve más por lo que va surgiendo, trabaja más. Y llegado el plazo vuelve a Rusia, su país natal para terminar derecho y casarse con su amada.

Después de la primera guerra mundial Serguéi vuelve a Viena a pedir tratamiento con Freud. Ahora es un hombre pobre, ya que la revolución rusa ha expropiado las propiedades de su familia. Freud explica que quedaban algunos restos transferenciales por trabajar, de los que sólo comenta que se trata de “dominar un fragmento de la transferencia todavía no superado”6 y, tras unos meses en que le atiende gratuitamente, le deriva a Rut Mack Brunswick, que es su analizante. No se puede aclarar con certeza cuál es este punto; algunas interpretaciones apuntan a restos transferenciales paranoides. Lo que es seguro es que, durante el tratamiento con  Rut Mack Brunswick y Gardiner, tuvo recaídas diagnosticadas de “ideas hipocondríacas y de perjuicio” (los efectos de la TF en HL). De hecho, su análisis no terminó nunca, ya que siempre estuvo atendido por algún psicoanalista.

Me parece oportuno insistir aquí en uno de los puntos que he hipotetizado, como explicativos de una psicosis ordinaria no desencadenada. Si damos por válido que Freud cumplió una función de Padre en lo imaginario del HL, y recordemos que no la dejó de ocupar nunca,  podríamos pensar en una función de suplencia del Nombre del Padre, que fue operativa para Serguéi durante toda su vida.

Un segundo problema con el que se encontró Freud es respecto al terreno teórico. Quería demostrar que la enfermedad era consecuencia del encuentro con la castración en la infancia. Y su apuesta era la de que el análisis podría lograr esa asunción de la castración, reduciendo o anulando los síntomas y limitaciones del paciente. Para ello exploró la posición en el tiempo de los diferentes encuentros y situaciones de castración con los que se encontró Serguéi, empleó la fórmula de la retroacción, es decir que lo ocurrido en un momento repercute y reinterpreta lo ocurrido en un momento anterior adquiriendo la capacidad de modificar el valor y la interpretación otorgada en un primer momento. Para poder situarse en el laberinto de fechas con el que se encontró, vamos a pedir ayuda a Miller, pero sinteticemos las dificultades de Freud. La principal dificultad es que el análisis no lograba que, al reactualizar lo ocurrido bajo transferencia, apareciese una significación nueva que permitiera un paso de la frontera en que la castración había dejado. De este modo Freud intenta explicaciones donde en algún momento muestra el encuentro y la aceptación de la castración de Serguéi en la infancia, con otros en que la reniega pese a saber de su existencia. En este punto toma un lugar fundamental el sueño, ya que la interpretación del mismo remite a un encuentro sexual entre los padres visto  por el paciente, en que hay un coito a tergo. La pasividad está presente en la mirada del niño y en la de los lobos del sueño, la amenaza también dado que el sueño angustia y Freud deduce que la desaparición del pene en la escena que vio tuvo que remitir a la amenaza de castración para el niño. Los lobos son el sustituto del padre, al que teme en la amenaza de castración, y la modalidad de satisfacción sexual del paciente reafirma todo esto. Pero como no hay cambios en la vida del  paciente, Freud se encuentra hablando a la vez de conociendo de la castración y de rechazo, de negación tras una asunción inicial,  y de denegación. Allí está su embrollo.

Lacan

Lacan resolverá el tema al explicar que Freud solo dispone del registro imaginario y no del registro simbólico, de manera que una cosa es lo visto y otra diferente lo que puede ser simbolizado. El agente de la castración puede ser el padre, o los lobos, pero de lo que se trata es de la función del Nombre del Padre y de si esta puede ser o no asumida e integrada por el sujeto simbólicamente. Lacan tampoco responde al diagnóstico; habla de algunos elementos psicóticos, pero no de una estructura como tal en el HL. Pero sí toma un concepto de Freud en el trabajo, que formulará como el de “forclusión”. Para resolver esto también vamos a recurrir a Miller.

Miller

En 1987-88 Miller dedica un seminario al HL. Ordena los momentos de la infancia de Serguéi según la  retroacción , y diferencia y separa dos términos de la estructura: la del Nombre del Padre y la de la función fálica. Lacan  pensó el desencadenamiento de la psicósis ante el encuentro de la función simbólica del padre (Nombre del Padre) para el que el sujeto no tenía respuesta como le ocurrió a Schreber. Y apunto a un posible encuentro del goce con el Otro en lo real como una segunda opción de desencadenamiento, al no disponer el sujeto de respuesta e interpretación desde la función fálica, el encuentro  con ese sinsentido reenviaría al sujeto  al vacío y  ausencia primera de la función del Nombre del Padre (forclusión). Es decir, condiciona la existencia de la función del nombre del padre a la posibilidad de operatividad de la función fálica, si no hay función del NP no habrá función fálica.  Miller amplía las posibilidades al hablar de posibles suplencias, no sólo de la función del NP, sino  también posibles suplencias de la función del falo. Separa ambas funciones, la del NP y la función fálica.

Simplifico los episodios de la historia evolutiva infantil del HL:

1. Escena originaria (1,5 años): coito de los padres
2. Escena con Groucha (2,5 años): el HL quiere seducir a la niñera y esta le rechaza
3. Seducción hermana (3,5 años): la hermana le coge el pene y le  intenta seducir para tener juegos sexuales
4. Sueño lobos (4 años)
5. Religión (4,5 años): época de importantes síntomas obsesivos de tipo religioso, como intento de suplencia del NP que sólo funciona un tiempo ya que Serguéi abandona la religión, al sentir que el Dios /padre deja caer, abandona y  sacrifica a su hijo al entregarlo a la cruz.

Resumiendo podemos decir que lo que Miller plantea, no es tanto cómo se manejó Serguéi con la castración, sino de donde encontró los elementos que le permitieron evitarla o bordearla. Identifica cuáles fueron sus “defensas”7.

Para resolver este tema aborda, junto con el registro imaginario, y el registro simbólico,  el registro Real del goce. Miller se ubica en la modalidad de goce del sujeto y propone desde allí, una lectura defensiva tanto del Nombre del Padre como de la función fálica del encuentro con el goce Otro.

Su propuesta es que Serguéi se defiende de este goce al actuar con un semblante de hombre, pero sentirse profundamente identificado como una mujer. Se refiere a su madre, presentada como una mujer beata y sumisa. Es, sin duda, una respuesta diferente a responder al goce Otro como el delirio de ser la mujer de Dios de Schreber. Es una especie de evitación con ese encuentro, esto explicaría el porqué de la no actividad, y la pasividad para actuar y decidir del futuro del HL, porque esta “solución” también tiene consecuencias en la capacidad de actuación de la vida cotidiana. Serguéi no se enfrenta a la función simbólica del N del P (no es padre), no hace un uso del falo que apunte en ese sentido. No se encuentra con el goce Otro, porque encuentra una modalidad de goce que lo mantiene a distancia, pero que, a la vez, lo amarra (el coito anal). Puede acceder a las mujeres, pero no a ellas como sujeto, sino sólo en función de objeto; solo se siente atraído por criadas como Gruscha que están fregando el suelo y vistas desde atrás, por nadie más, es decir del trasero de la mujeres sumisas. No sabemos cómo fue la relación de Serguéi con su mujer, sólo que esta se suicidó. No es buena idea especular con esto. La sugerencia de Miller es que un sujeto puede encontrar al igual que el HL otras soluciones para hacer de semblante y de suplencia del NP y de la función del falo, y lo propone como tema de investigación para el psicoanálisis.

La propuesta

Por mi parte insisto en mi pequeña aportación. El HL no se desencadenó:

1.       Porque encontró un padre imaginario que le sostuvo siempre y opero como NP: Freud por el mismo o por delegación en sus seguidores. Es decir por el mantenimiento de la transferencia.
2.       Porque encontró un modo de nombrarse y hacer vínculo social : el hombre de los lobos en la comunidad psicoanalítica, que le dio protección y por ello podía vender sus cuadros, y publicar sus autobiografías (a propuesta de M. Gardiner) y conceder entrevistas a periodistas con su nuevo nombre HL y no Sergei. Y finalmente,
3.       Porque logró un buen síntoma que le permitió no encontrarse nunca con el goce Otro y la función simbólica de padre como dice Miller. La modalidad de goce sexual.

Antes de terminar este pequeño trabajo, hay que introducir otro elemento que si bien es apuntado por Freud y Lacan, es también Miller quien lo desarrolla. El HL tuvo momentos de cierta desestabilización, antes de la atención con Freud y también después. Antes de Freud a los 18 años, está el contraer la enfermedad de la sifilis, lo cual tenía efectos sobre el funcionamiento del pene y parece que también sobre el estómago. Esta es la causa de su parálisis para seguir estudiando derecho y decidiendo en la vida. Y después de la atención de Freud, cuando le atendía M Gardiner en una semi paranoia autoreferencial en que pensaba que todos se reían de él por un grano que tenía en la nariz. El elemento común que Freud y Lacan destacan es la afrenta narcisista, pero es Miller el que explota el concepto y explica que en la psicosis ordinaria, una afrenta narcisista afecta directamente a toda la estructura psíquica del sujeto. No es un “narcisismo secundario” que toca la castración como podría ser en la neurosis, sino un ataque directo a aquellas identificaciones imaginarias sobre las que se sustenta la estructura del sujeto. Por ello es en estos momentos en que la imagen del sujeto está amenazada, es toda la estructura la que se ve amenazada.  El HL logró bien que mal reestabilizarse recurriendo a los elementos que hemos propuesto. Y tal vez, en este último registro, cumpla una función de cierta estabilización el tema de la defecación –esta es la tesis.

RICARD ARRANZ



NOTAS

1. Los inclasificables de la  Clínica. "Los desencadenamientos en la Psicosis Ordinaria", pp. 18-19. Ed Paidós.
2. ERBETTA, Anahí y VALERA, Jesica: Efectos de la Transferencia en el Hombre de los lobos. Proyecto de Investigación  Facultad de Psicología Universidad de la Plata, www:sedici.unlp.edu.ar .
3. MILLER, J.-A. “El hombre de los lobos. Un seminario de investigación psicoanalítica”. Ed Gredos.
4. OBHOLZER, K., Conversaciones con el hombre de los lobos. Buenos Aires, Nueva Visión, 1996.
5. GARDINER, M., Los casos de Sigmund Freud. Buenos Aires, Ed. Nueva Visión 2002.
6. FREUD, S., Obras completas,  vol.  XVII, Amorrotu, p. 110.
7. MILLER, J.-A., op. cit., p. 172.


                  

miércoles, 7 de marzo de 2018

Reseña de la conferencia de JORGE SOSA: "Adolescencia y psicosis"


Jorge Sosa distribuyó su conferencia en dos batientes, un primer batiente sobre las operaciones primarias del proceso de estructuración psíquica, y un segundo batiente sobre la adolescencia, yendo y viniendo de la neurosis a la psicosis.

TRAGARSE EL VACÍO

Jorge Sosa comenzó señalando un texto temprano de Lacan: “Los complejos familiares en la formación del individuo”. Allí Lacan señala claramente que es la falta del objeto, y no su presencia, lo que moviliza al sujeto, lo que lo empuja a pensar. Cuando el bebé tiene el pecho, se limita a gozar; cuando al bebé se le quita el pecho, entonces piensa, entonces se plantea el problema de qué hacer con la pulsión. El ser humano piensa porque hay algo traumático que rompe su homeostasis. Así empieza a existir el sujeto.

La primera operación de estructuración psíquica es la represión primaria. Resulta fundamental la primera simbolización de la falta. Por ejemplo, en el fort-da, el niño intenta hacerse cargo de la ausencia de su madre, representando esta ausencia en el juego. Repite la desaparición del objeto; pasa de la pasividad a la actividad; se hace amo de la experiencia, subiéndose ya, precozmente, encima del escabel; se hace sujeto. El fort-da es la matriz del fantasma, lo que le permite no estar a merced de lo real. El bebé extrae un significante (ooo, daaa); luego hay otras significaciones que quedan elididas (represión primaria). Simboliza, interioriza la falta. Introyecta un elemento tercero, el significante, entre él y la madre. Allí se establece la alienación primordial. En el fort-da, el sujeto subjetiva algo del deseo del Otro, de ese Otro primordial que no se queda con él, se larga, parece querer otra cosa. En el fort-da hay una primera simbolización del goce del Otro. Tragarse el vacío es lo que le permitirá más tarde pasar por el complejo de Edipo.

EXISTIR, SALIR DE LA POSICIÓN DE OBJETO

En cambio en la psicosis, algo de eso no ocurre, dijo Jorge Sosa.  El sujeto queda atrapado en el circuito, como objeto del goce del Otro. Se trata de un goce mortificante, persecutorio o erotomaníaco: el  Otro o bien le persigue, o bien le quiere. Sea como sea, de él no puede separarse. El sujeto se queda encerrado con la madre, sin un tercer elemento, sin poder sustraer un significante, hacerse representar por un significante y reprimir otro. Si no hay represión, se le presentan todas las significaciones; no adviene el inconsciente. El sujeto queda a merced de lo real. De allí las resonancias, las epifanías, las perplejidades que se producen en la psicosis –intrusiones de lo real, cosas no simbolizadas, a las cuales el sujeto responderá en un segundo tiempo, o bien con el delirio, o bien con el lenguaje de órgano, o bien con la construcción de un borde, etc. El problema es existir, salir de la posición de objeto.

UN DESORDEN EN LA JUNTURA MÁS ÍNTIMA DEL SENTIMIENTO DE LA VIDA

A continuación Jorge Sosa planteó el problema el problema del narcisismo y la identificación primaria, segunda operación en el proceso de la estructuración psíquica. El pequeño neurótico se identifica a las palabras de la madre; desea ser el objeto que colme el deseo de la madre, su falo. En cambio, en la psicosis el sujeto no se pone en el lugar del objeto de deseo del otro, sino como objeto del goce del Otro. No es que en la neurosis el narcisismo del sujeto sea consistente, pero va tirando más o menos. En cambio, en la psicosis hay un defecto narcisístico grave. 

Jorge Sosa señaló una diferencia entre Freud y Lacan. Para Freud, en la psicosis hay una regresión al narcisismo, un plus narcisístico. En cambio, para Lacan, en la psicosis hay un menos narcisístico, “un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”. Por ejemplo, cuando a James Joyce le pegan unos camaradas, a él ni siquiera le importa, no se lo reprocha. El joven James no ama su cuerpo. 

El sujeto psicótico tiene un defecto narcisístico que ha de reparar de alguna forma. Schreber lo hace por medio de la megalomanía –lo imaginario se desata en la psicosis fuera de los límites simbólicos. Joyce lo hace con un ego de suplencia: se construye un ego, se monta la película de que va a ser “el Artista”. Lo cual le permite socializarse, engancharse al Otro. No se limita a escribir y gozar autoeróticamente de la lengua, sino que publica. Se hace representar por su Obra ante el otro. Se inscribe en lo social.

EL PADRE, UN ARTIFICIO PARA RENUNCIAR AL GOCE PERDIDO

A continuación Jorge Sosa planteó la tercera y la cuarta operación de la estructuración psíquica del sujeto: el Edipo y la castración. Si hay complejo de Edipo y de castración (neurosis), la pulsión autoerótica se hace sexual, conecta con otros, conecta con la función fálica. El sujeto subjetiva la pérdida, conectándola con la diferencia sexual. Todos los objetos parciales se ponen en línea con el falo, vienen a representar el objeto perdido, de la falta fundamental.

Hay una diferencia importante entre Freud y Lacan respecto a la concepción de la función paterna. Para Freud, el padre está del lado de la prohibición; el padre prohíbe gozar. “De eso que yo estoy privado, él goza”, piensa el neurótico, creyendo al Otro completo. En cambio, para Lacan, el padre no está del lado de la prohibición, sino del permiso. Es un artificio para renunciar al goce perdido. El padre permite otro goce, el deseo. Da su versión del goce, de cómo gozar de una mujer. El padre socializa el goce, el cual deja de ser autista. Esta versión sirve tanto para el varón como para la mujer, tanto para el heterosexual como para el homosexual –pues para él/ella también está la dimensión heterosexual en juego. Con la función paterna el goce perdido se recupera en la escala invertida del deseo. Para desear hay que perder algo: renunciar a ser el falo para poder tenerlo, o bien para desear tenerlo por medio del hombre o del niño. La mujer necesita del Otro, para poder asomarse al misterio de la feminidad. En definitiva, el padre anuda lo real del goce pulsional con lo simbólico; y permite inscribirse en la cadena simbólica de las generaciones. Mas el goce de la mujer queda forcluido –inefable e insimbolizado. El padre –versión del goce– no es más que un  síntoma: suple la imposibilidad de la relación sexual. Cuando no hay padre, hay otros síntomas. Entramos en el campo de las psicosis. Ojo, precisó Jorge Sosa, la estructura no es la enfermedad, sino que queda revelada con la enfermedad. A continuación, pasó a tratar la cuestión de la adolescencia.

EL ADOLESCENTE, CONFRONTADO AL VACÍO

El tiempo de la adolescencia, en el cual se desatan con virulencia las exigencias del otro social, las de lo pulsional y el cuerpo, es un tiempo de crisis. Exige una nueva armadura, dijo Sosa. ¿Con qué cuenta el adolescente?

Si tiene una estructura neurótica contará con un recorrido: (1) habrá perdido algo, (2) se habrá identificado narcisísticamente con el falo, (3) habrá asumido no serlo (complejo de castración) y (4) podrá contar con la versión del padre, la père-version. Este es el recorrido expuesto en la primera parte de la conferencia; éstas son las operaciones primarias del proceso de estructuración psíquica: represión primaria, identificación primaria, complejo de castración y Edipo.

En cambio, el adolescente con una estructura psicótica se ve confrontado al vacío: ¡tiene que tomar decisiones, tomar la palabra! ¿Cómo?, si el sujeto psicótico no tiene deseo, no se ama a sí mismo más que a cualquier otra cosa, tiene dificultades para hacer el duelo del objeto primordial –que no ha perdido, dijo Jorge Sosa, exponiendo con claridad meridiana la coyuntura de crisis de la adolescencia. Si no se anuda una suplencia, podrá venirse abajo todo el edificio. La catástrofe, el trauma, puede ser grave, vivida como una muerte subjetiva.  Pueden entonces surgir síntomas más o menos discretos: desconexión de los amigos, perplejidad, o bien, finalmente, fenómenos elementales más pesarosos.

Puede el sujeto responder a la catástrofe de formas diferentes. Puede reconstruir su relación con el mundo a través del delirio, la emasculación (en la paranoia); con el lenguaje de órgano, donde un órgano condensa el goce y se separa de él (en la esquizofrenia); construyendo un borde para separarse del otro (en el autismo), como señala Eric Laurent, etc., etc. El autista no quiere saber nada del Otro; no habla. Se defiende de la polisemia del lenguaje, que le abruma. Al no haber represión, escucha todo el lenguaje, todas las significaciones. En el Otro no está el objeto de su deseo; lo tiene él "en el bolsillo". "No quiere nada de ti, él está preocupado con sus cosas...", explicó Sosa de forma llana. Le agradecemos enormemente que vuelva al Grupo de psicoanálisis del Garraf, a explicarnos conceptos muy complejos y abstractos con su estilo tan desenfadado y diáfano, de una claridad y una concreción pasmosas.

Alín Salom

jueves, 11 de enero de 2018

Reunión 19 de enero 2018. Taller de lectura




Taller de lectura:

ANNY CORDIÉ: Los retrasados no existen, 
capítulos IV y V.

Expone: ROSA ANTOLÍN

"Al basarnos en la estructura, pensamos que inclusive el concepto mismo de inhibición se presenta en forma diferente en la neurosis y en la psicosis. En la neurosis, el bloqueo de las operaciones intelectuales está ligado a la prohibición de saber que el sujeto se impone a pesar suyo; en la psicosis, la inhibición se debe a una imposibilidad radical de integración del saber provocada por un gran defecto en la estructuración del sujeto.

(Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1994, p. 230)






miércoles, 20 de diciembre de 2017

INFANCIA Y PSICOSIS. RESEÑA DE LA CONFERENCIA DE JOSEP MARIA PANÉS



     El Grup de Treball Psicoanalític del Garraf se reunió el 15 de diciembre 2017, en torno a la conferencia de JOSEP MARIA PANÉS*  sobre "Infancia y psicosis".  

      No resulta fácil reseñar la conferencia de Josep Maria Panés, por su densidad, su amplitud y la profusión de viñetas clínicas con las cuales ilustró la teoría. Nos limitaremos a señalar algunas de las ideas fundamentales y algunas cuestiones que nos han llamado particularmente la atención. 

Cambio de paradigma clínico

Josep Maria Panés tomó en cuenta el interés de nuestro Grupo por la psicosis ordinaria y lo articuló con el tema del que le habíamos solicitado que nos hablara : el campo de las psicosis en la infancia. Planteó la cuestión de si existían psicosis ordinarias en la infancia. 

Panés comenzó destacando el cambio de paradigma clínico que ha tenido lugar en los últimos años en la clínica lacaniana. Empezó, pues, por señalar que la clínica del primer Lacan era estructuralista; es decir, lo esencial de un caso debía ser referido a una de las tres estructuras clínicas: neurosis, psicosis o perversión. Estas estructuras eran consideradas como estancas y los datos clínicos eran forzados a encajar en ellas, como en lechos de Procusto. Ahora bien, una serie de conversaciones clínicas, llevadas a cabo en Francia, pusieron de manifiesto la existencia de casos difíciles de clasificar en estas tres categorías clínicas. En esos casos, aunque no había un franco desencadenamiento, la relación con lo simbólico aparecía tocada; surgían acontecimientos del cuerpo, pensamientos intrusivos. Había, en definitiva, una efracción en el funcionamiento estable del sujeto; aparecía una discontinuidad biográfica. Estos casos inclasificables, que no se manifestaban como psicosis nítidas, llevaron a elaborar la noción de “psicosis ordinaria”, una psicosis donde una suplencia (al NdP forcluido) había permitido a los sujetos anudar los tres registros RSI (dándole el aspecto de neurosis) y les había permitido evitar así una psicosis “extraordinaria” (entiéndase, schreberiana). Esta articulación conceptual se inspiró en el último Lacan, el cual construye finalmente una clínica continuista. El último Lacan deja de poner el acento en lo simbólico. Ya no cree que la verdad escondida en el síntoma pueda curar al sujeto. Asume que la eficacia de lo simbólico se revela como limitada, tanto a efectos de comprensión como a efectos de curación. El primer Lacan pensaba que al psicótico le faltaba el tornillo del NdP. Para el último Lacan resulta que a todos nos falta un tornillo, dijo con expresión jocosa Josep Maria Panés.

La forclusión generalizada
Todo ser hablante se enfrenta con lo real. Luego todos tenemos que llevar a cabo un trabajo permanente de simbolizar, imaginarizar, semblantizar, tratar ese real –no hay relación sexual–. Con el último Lacan, entramos en el reino de las soluciones particulares, en el reino de la heterogeneidad de las suplencias. Aunque falte el tornillo del NdP, hay otros tornillos, señaló Panés. El NdP no es más que un tornillo, un síntoma; lo real puede ser tratado con otros síntomas. “Las psicosis son diversísimas, afirmó Josep Maria Panés; las neurosis, también”.

Del teatro edípico al reino de las soluciones particulares
En la primera clínica, Lacan formaliza el teatro edípico freudiano por medio de “funciones” que estructuran la subjetividad del niño. El niño –en posición de objeto– es  confrontado al enigma del deseo del Otro: ¿qué quiere el Otro, de qué goza, por qué me ha convocado a la existencia?, etc. Con una primera protosimbolización (fort/da) intenta formalizar la ausencia/presencia de la madre. Pero la operación subjetiva fundamental en esta primera clínica es la introducción de un significante primordial: el NdP –ese Padre que no necesariamente es real, sino que puede ser solamente un elemento en el discurso de la madre, precisó Panés.
En la segunda clínica, se ve que esta operación puede producirse en falso y suplirse con la identificación con el otro. La mímesis del otro, la identificación con un amigo o un hermano, soluciones pseudoedípicas pueden funcionar perfectamente como suplencias. Pueden valer; pero a veces solo, hasta que hacen crisis en la pubertad o hasta un desencadenamiento en la edad adulta.
Panés señaló que los sujetos psicóticos encuentran muchos modos de preservarse de lo real. Una estrategia posible es la siguiente. Por ejemplo, un sujeto con una psicosis franca, inequívoca, puede hablar con desenvoltura de sus encuentros sexuales. ¿Ha evitado la forclusión de la significación fálica? No. Logra defenderse de lo real, pensando que ellas sólo fingen; tiene la certeza de que en el fondo ellas no gozan. Hay muchos sujetos psicóticos, afirmó Panés, que parecen orientarse bien, pero no entienden nada, cuando los demás hablan delante de ellos de afectividad o sexualidad. Ese ubicarse en el eje imaginario plantea sus dificultades. Instalados en un estadio del espejo interminable, algunos paranoicos ordinarios, sufren del hecho de establecer una tensión especular feroz con/contra todos. Sufren de compararse infatigablemente con el otro, de competir con él/ella, de desbaratar sus lazos sociales. Existen suplencias diversísimas; las soluciones son siempre particulares. Van desde la hipertrofia de los lazos laborales, al uso sistemático de refranes, frases hechas, frases de otros, la mímesis de los otros, etc. Otro rasgo interesante que aparece a menudo en psicóticos ordinarios es que no reconocen la angustia; se sienten repentinamente desvitalizados y subjetivan la  angustia en forma de malestar físico.
Las psicosis ordinarias, aunque atípicas, son realmente psicosis, afirmó Panés. No obstante, precisó, la forclusión no es exclusiva de la estructura psicótica. Existe una forclusión generalizada, es decir, todos forcluimos la relación sexual y todos precisamos de algún tipo de suplencia.

Las psicosis en la infancia
¿Hay psicosis ordinaria en la infancia?, se preguntó Josep Maria Panés. Articuló su respuesta del modo siguiente: señaló que de entrada en los Centros de Atención Precoz se atiende a una multitud de niños inequívocamente psicóticos. Algunos deliran francamente, tienen Otros terroríficos; narran relatos de devoración y persecución, relatos con una tonalidad mucho más oscura que las ficciones infantiles neuróticas. Incluso es posible distinguir perfectamente entre paranoias y esquizofrenias infantiles. En la paranoia infantil el pequeño sujeto se defiende de lo real alicatando todo con lo simbólico, interpretándolo todo, instalándose en la certeza, el saber, la megalomanía. Para él todo lo real es simbólico. En cambio en las esquizofrenias infantiles, aparece un déficit de sentido, un anclaje muy frágil en la dimensión del sentido. Para ellos, todo lo simbólico es real. Es decir, se desencadena una verborragia sin límite, una metonimización que nada puede contener, y el lenguaje muestra un carácter “real”, invasivo para el sujeto. El esquizofrénico se queda desnudo ante un goce que se le pega al cuerpo. El cuerpo se le hace incomprensible, un enigma indescifrable. Partes del cuerpo llegan a faltar o les parecen muertos. Hay niños que padecen incluso trastornos psicóticos del humor. Algunos de los que son diagnosticados como TDAH son sujetos afectados por una psicosis maníaca.

¿Hay psicosis ordinaria en la infancia?
Ahora bien, Panés señaló que la psicosis infantil no es irremediable. Si bien han existido psicoanalistas que han considerado la infancia como una etapa psicótica, no es ésta la posición lacaniana. El yo sí que es paranoico, pero la infancia no necesariamente. El goce es siempre autista, pero no todos somos autistas. Algunos de los niños que son atendidos en los Centros de Atención Precoz consiguen hacer una suplencia, una invención, ajustar un tornillo que funciona como el NdP. Consiguen reanudar RSI con una suplencia. En esto consiste el tratamiento. A otros, en cambio, no queda más remedio que derivarlos al CSMIJ. Con los niños, el tratamiento interviene mientras la defensa aún no ha cristalizado; por tanto cabe la posibilidad de incidir en el encuentro entre lalengua y el cuerpo y conseguir un anudamiento. Luego sí hay psicosis ordinarias en la infancia y, más aún, la ordinarización de la psicosis es una buena salida del tratamiento.

Bibliografía
Josep Maria Panés nos recomendó algunos artículos de Jacques-Alain Miller -“Niños violentos”, “El niño y el saber”, “Camino a la adolescencia”-; y, también el artículo “El tiempo de la psicosis ordinaria” de Manuel Fernández Blanco. Señaló más textos aún, que no hemos sido capaces de anotar a tiempo.

Agradecemos a Josep Maria Panés su conferencia y muy especialmente la claridad con la que imbricó la teoría con la clínica.

Alín Salom


* Josep Maria Panés es psicólogo clínico y psicoanalista, miembro de la ELP (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis); ejerce en el CDIAP de St Boi de Llobregat; es miembro de la Associació Catalana d’Atenció Precoç (ACAP) y supervisor clínico de los CSMIJ de Igualada, Molins de Rei y Martorell.

sábado, 7 de octubre de 2017

CONFERENCIA INAUGURAL DE VICENTE PALOMERA: LA TRANSFERENCIA EN LA PSICOSIS

Reseña de la conferencia

            Vicente Palomera centró su conferencia de inauguración  en la problemática de la transferencia en la psicosis. 


      Palomera comenzó su discurso refiriéndose al pesimismo de Freud, claramente expresado en su obra el Compendio del psicoanálisis, respecto a la posibilidad de utilizar la terapia psicoanalítica en sujetos psicóticos. ¡Cuánto han cambiado las cosas! Los sujetos psicóticos abundan cada vez más en las consultas de los psicoanalistas y la perspectiva lacaniana abre una orientación de la cura rigurosa en estos casos. ¿Por qué esta proliferación de sujetos psicóticos? Hay dos posibilidades: o bien hay más sujetos psicóticos en la actualidad, o bien se dirigen con cada vez más frecuencia a las consultas de los psicoanalistas, tras un largo recorrido vano por otro tipo de terapias, ha señalado Vicente Palomera. 

             El problema del narcisismo
           ¿Cuál es la dificultad en juego para una cura cuando hay una posición psicótica? La dificultad radica en que el establecimiento de la transferencia –piedra angular del tratamiento– se ve dificultada por el narcisismo, dijo Palomera. Para que haya transferencia es necesario que la libido circule, que haya apertura al Otro. En la psicosis la libido no circula; en palabras de Lacan, el psicótico tiene el objeto en el bolsillo (lo tiene él, no el Otro). Es lo que se manifiesta claramente en muchos síndromes y fenómenos elementales: en la anorexia psicótica respecto al objeto oral; en el síndrome de Diógenes respecto al objeto anal; en las alucinaciones respecto al objeto invocante; en la sensación de ser mirado respecto al objeto escópico. En todos estos síndromes y fenómenos, se ve cómo el sujeto psicótico no se separa del objeto, cómo hay un cierto autismo en el psicótico. Al límite, el mundo, vaciado de libido, deviene crepuscular y eso es lo que expresa el sentimiento de fin del mundo.

El lugar del analista
No obstante, los sujetos psicóticos no son inmunes a la transferencia, señaló Palomera. Sí desarrollan una transferencia; sí se dirigen a alguien. Pero la transferencia adquiere en ellos tintes erotomaníacos y persecutorios –precisamente por el hecho de la no separación del objeto. Es lo que ocurre en el caso princeps de Schreber en su relación con el psiquiatra Flechsig. Por tanto la primera cuestión que se plantea para el analista, dijo Palomera, es: ¿cómo no ocupar el lugar del perseguidor? Y esta pregunta ordenó su conferencia hasta quedar resuelta en la conclusión. 

Psicosis y libertad
A continuación, Vicente Palomera dedicó su atención a la elucidación de lo que es la psicosis. Destacó dos cuestiones. En primer lugar señaló que la psicosis no es un “trastorno”, ni un déficit, sino una “posición del ser”. ¿En qué consiste esta posición? En el rechazo del inconsciente. El sujeto psicótico, ha dicho, es un “mártir del inconsciente”, del efecto del lenguaje sobre el sujeto. “El lenguaje es una locura”, “es algo perturbador”, afirmó Palomera, con una fórmula impactante. En segundo lugar, señaló que el sujeto psicótico rechaza aceptar la identificación común; no acepta subjetivar el Nombre del Padre; rechaza la impostura paterna. En otras palabras, rechaza la subjetividad prêt-à-porter que ofrece el discurso social. Entonces este sujeto se encuentra en la tesitura de tener que inventar por su propia cuenta todos los parámetros de la subjetividad. En este rechazo, en este separarse de la masa del sujeto psicótico, es innegable que hay una profunda libertad, aunque no se trate de una libertad positiva. Locura y libertad no son excluyentes, dijo Palomera. La locura es el riesgo que hace correr la libertad. El neurótico es básicamente un esclavo; en cambio el psicótico es tan libre que resulta a veces necesario atarlo, encerrarlo.

Las formas de decir “no”
Vicente Palomera señaló a continuación que la noción fundamental para situar la psicosis es la de forclusión y expuso de una forma asombrosamente clara en qué consiste la forclusión. Dijo que el psicoanálisis era básicamente una teoría sobre las formas de decir "no" del sujeto, siendo que el sujeto siempre dice "no" a lo real. El sujeto siempre adopta mecanismos de defensa contra lo real –entendiéndose por "real" aquello que no se puede simbolizar, muerte, sexo, castración, en fin, todo lo angustioso por antonomasia para el sujeto. Existen tres formas de decir "no": la represión, la denegación y la forclusión. La represión es la forma más leve de decir no, dijo Palomera; la denegación es una forma mixta, de decir sí y no a la vez; y la forclusión es el rechazo más extremo. Al negarse a admitir el Nombre del Padre y la castración, el sujeto psicótico rechaza ceder, perder algo de su goce íntimo. Palomera comparó al sujeto neurótico con una lagartija, dispuesta a perder la cola, para escaparse del cazador. Al ceder la cola, deja este objeto a en el Otro; luego lo va tener que ir a buscar en ese Otro. Por eso  el neurótico espera del Otro un significante primordial. De él espera ser reconocido. El objeto a, articulado en el seno de un fantasma, es como una ventana abierta en medio de lo real, ventana por la cual el sujeto [neurótico] puede mirar una "realidad". Mejor dicho, la extracción del objeto permite "constituir" una "realidad", un real simbolizado (que ya no es "real"); permite limitar el goce a través del fantasma. En cambio en la psicosis, el goce queda desregulado; el significante que debía venir del Otro queda forcluido. El sujeto psicótico no pierde nada, luego no pide nada. Rechaza (a) el inconsciente, (b) la identificación, (c) la impostura paterna. En cambio el neurótico no hace más que pedir y pedir, todo el rato.

La transferencia en la psicosis
Volviendo a la cuestión de la transferencia, Vicente Palomera señaló que el psicótico no supone saber al analista. Para el sujeto psicótico el analista no es el que sabe; el que sabe es él. A la suposición de saber subyace el amor; luego el narcisismo del sujeto psicótico no propicia la transferencia. En esta coyuntura, bajo ningún concepto el analista debe pretender ocupar ni el lugar del amo, ni el lugar del ideal ante un sujeto psicótico, lugares que le conducirían sin dilación o bien al delirio erotomaníaco (él me ama), o bien al delirio paranoico (él me odia). Puede ocupar, dijo Palomera, un lugar más modesto: el de testigo, secretario o semejante del psicótico, un pequeño otro, particular, que pueda acompañarlo, hacerse partenaire de sus elaboraciones. El analista no debe interpretar nada, precisó Palomera; pero tampoco limitarse al acompañamiento. Debe hacer algo más: una maniobra que se aplique a orientar el goce, que señale aquello que "no le conviene" al sujeto, que intente asintotizar el goce, limitar un poco lo real con lo simbólico. Toda la cuestión es, pues, mantener anudado RSI, lo real, lo simbólico y lo imaginario. Palomera agregó también que para evitar crear posiciones de amo o ideal, se podía recurrir, en las instituciones, a la pluralización del Otro.

Las cuatro precauciones en el tratamiento de las psicosis
En definitiva, el analista debe abstenerse de cometer cuatro errores. Debe (1) no autentificar lo imaginario; (2) no interrogar la homosexualidad; (3) no hacer resonar la lengua jugando con equívocos; (4) no estirar el sujeto en el diván.

Bibliografía recomendada
Vicente Palomera nos recomendó leer tres artículos:

CASTANET, HERVÉ: "El sujeto en la nebulosa", Los inclasificables de la clínica psicoanalítica.
DEFFIEUX, JEAN-PIERRE: "Un caso no tan raro", Los inclasificables de la clínica psicoanalítica.
MILLER, JACQUES-ALAIN: "Mostración en Prémontré", Matemas I.

           Agradecimientos
          Agradecemos a Vicente Palomera la extremada claridad con la que expuso conceptos teóricos  complejos y su generosidad por acudir a dar una conferencia hasta nuestro rincón perdido de las provincias, sosteniendo así la causa freudiana. Palomera dijo que había que dejarse engañar un poco -les non dupes errent. Nos declaramos, pues, definitivamente dupes, crédulos, después de esta conferencia, persuadidos de pescar gracias a él, con el cebo de la teoría, la carpa de la verdad -preciosa metáfora shakespeareana a la que hizo él referencia en su conferencia.

Alín Salom




jueves, 10 de agosto de 2017

                                                                                                                                                                                               

 

 




MÓDULO DE INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS LACANIANO
ACTIVIDAD DECLARADA EN LA SECCIÓN CLÍNICA DE BARCELONA DEL INSTITUTO DEL CAMPO FREUDIANO

PROGRAMA DEL CURSO 2017-2018

EL CAMPO DE LAS PSICOSIS

 

 

8 de septiembre                     Reunión preliminar y Taller de lectura
                                                ALFREDO ZENONI, “Después del Edipo qué llega a ser la psicosis”
                                                MARIE-HÉLÈNE BROUSSE, “La psicosis ordinaria a la luz de la teoría
 lacaniana del discurso”.
 Exponen:  Patricia Montozzi y Alín Salom

6 de octubre                           CONFERENCIA INAUGURAL a cargo de Vicente Palomera 
                                "El campo de la psicosis"
                                Viñeta clínica : Maika Jiménez

3 de noviembre                      Taller de lectura
                                                JEAN-CLAUDE MALEVAL: La forclusión del nombre del padre, “Introducción”
 Expone: Carme Fernández

15 de diciembre                      CONFERENCIA a cargo de Josep Maria Panés
                                                “Infancia y psicosis”
                                                Viñeta clínico-social: Carme Fernández

19  de enero                           Taller de lectura
 ANNY CORDIÉ: Los retrasados  no existen, caps. IV y V.
                                               Expone: Rosa Antolín

23 de febrero                         CONFERENCIA a cargo de Jorge Sosa
                                               “Adolescencia y psicosis”
                                                Viñeta clínica-educativa: Rosa Antolín

16 de marzo                           CONFERENCIA a cargo de Ricard Arranz
                                “El hombre de los lobos reinterpretado”
                                                Viñeta clínica: Patricia Montozzi

27 de abril                              Taller de lectura
 PHILIPPE LACADÉE: “Apremiado yo por encontrar el lugar y la fórmula”
[Rimbaud, el sinthome]
                                               Expone: Pilar Ruiz

11  de mayo                           CONFERENCIA a cargo de Hebe Tizio

                                               
                               “Lalengua y el discurso en las psicosis
                                                Viñeta clínica: Agnès Wehr

1 de junio                                CONFERENCIA DE CLAUSURA
 a cargo de Marta Serra

                                “¿Todo el mundo es loco?”

Las reuniones del GTPG se celebran en el Centre Cívic de la Geltrú (Plaça de l’Associació  d’Alumnes Obrers, 1, Vilanova i la Geltrú), los días indicados, a las 20.30.h.                                                        
Información : alinsalom@yahoo.es  

 


PROYECTO DE TRABAJO


El campo de las psicosis es el tema que pretendemos retomar, en el Grup de Treball Psicoanalític del Garraf, a lo largo del curso 2017-2018. Las elaboraciones en torno a la psicosis de Lacan y de Miller han abierto un nuevo panorama –apasionante– que no cesa de ampliarse y modificarse en los últimos tiempos. Se trata de poner nuestro trabajo en sintonía con el XI Congreso que pronto va a generar y ya está generando nuevas conceptualizaciones del tema.


 ¿No afloran con cada vez mayor frecuencia casos difíciles de cernir? ¿Cómo afinar el diagnóstico diferencial, cómo reconocer los casos de psicosis ordinaria que aparecen bajo la envoltura de neurosis? ¿Por qué esta dificultad de algunos sujetos en alojarse en el discurso? ¿Cómo dar cuenta de la dificultad, no ya con la orientación sexual, sino con la identidad sexual, cada vez más frecuente en nuestros días? ¿Qué hacer frente a la pobreza discursiva de algunos sujetos, a su desorientación radical? ¿Qué Otro opera para ellos y qué Otro tiene sentido intentar encarnar a su lado? ¿Cómo ayudar a reanudar lo que se ha desanudado? Resulta crucial, si no responder de forma acabada, sí por lo menos orientarse respecto a estas preguntas, tanto cara a la dirección de la cura como a la intervención social o educativa en la actualidad. Por otro lado, si no entendemos, en el Grupo, la afirmación lacaniana de que la psicosis es la estructura por excelencia, no podremos avanzar, ni podremos entender nada de lo que la Escuela elabora teóricamente en la actualidad. 

Intentaremos abordar los interrogantes que hemos planteado y los que vayan surgiendo a través de (a) una serie de conferencias impartidas por miembros de la Escuela, (b) la presentación de viñetas clínicas por parte de miembros del Grupo y (c) un breve taller de lectura donde trabajaremos textos de Jacques Lacan, Jacques-Alain, Miller, Marie-Hélène Brousse y Philippe Lacadée, etc.



BIBLIOGRAFÍA

BROUSSE, Marie-Hélène: “La psicosis ordinaria a la luz de la teoría lacaniana del discurso”, Freudiana, 76 (2016).

LACADÉE, Philippe:  El despertar y el exilio. Enseñanzas psicoanalíticas sobre la adolescencia. Madrid, Gredos, 2010.

LACAN, Jacques: “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros escritos. Buenos Aires, Paidós, 2012.

MILLER, Jacques-Alain:  El hombre de los lobos. Un seminario de investigación psicoanalítica. Barcelona: Gredos, 2011.
           La fuga del sentido. Buenos Aires, Paidós, 2012.
           Todo el mundo es loco. Buenos Aires, Paidós, 2015.

MILLER, Jacques-Alain & otros: La psicosis ordinaria. Buenos Aires: Paidós, 2014.
                                                           Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Buenos Aires: Paidós, 2003.

PALOMERA, Vicente:  Pioneros de la psicosis. Madrid, Gredos, 2014.

SOSA, Jorge:    “Cuando todo lo simbólico es real. Enseñanzas de la esquizofrenia”. Freudiana, 76 (2016).
                            “ Una lectura de la psicosis infantil”. L'Interrogant, 13 (2016).
          “ Trastornos mentales graves y saber escolar”. L’Interrogant, 7.

TIZIO, Hebe:  “El goce de la lengua y el discurso”. Dedalus 04. Boletín multilíngüe del XI Congreso de la AMP (2017).
                          “El uso de las drogas en la adolescencia”. Educación social. Revista de intervención socioeducativa, 29 (2005).


ZENONI, Alfredo:  “Después del Edipo qué llega a ser la psicosis”. Freudiana, 79 (2017).