¿Todo
el mundo delira? ¿Por qué, en qué sentido?
ALÍN
SALOM
Mientras
el nuevo discurso de la hipermodernidad dice que “nadie está
loco”, el discurso psicoanalítico afirma más bien: “todo el
mundo está loco”. Más aún, “todo el mundo delira”. ¿Qué es
un delirio? Y ¿por qué se puede afirmar que todo el mundo delira?
Esas son las preguntas que vamos a plantear.
FREUD:
La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis
En
un artículo tardío (1924), “La pérdida de la realidad en la
neurosis y la psicosis”, Freud comienza al principio por establecer
la diferencia entre neurosis y psicosis con nitidez; acaba, sin
embargo, al final del artículo, acercando las dos estructuras
psíquicas. En el punto de partida, neurosis y psicosis son
diferentes, porque en la psicosis hay pérdida de la realidad (Freud
dice que el sujeto se retrae de la realidad); en cambio en la
neurosis parecería de entrada que no hay pérdida de la realidad: el
yo solo reprime una moción libidinal. Además, en la psicosis hay
una sustitución de realidad, creación de una realidad sustitutiva
que no tendría lugar en la neurosis. Por ejemplo, en el caso de
Elisabeth von R., ella está enamorada de su cuñado. Muere su
hermana. Ella piensa, ante el lecho mortuorio de su hermana que ahora
sí que ella podría casarse con su cuñado. El pensamiento le es tan
intolerable que lo reprime. Ahí arranca toda la sintomatología. Si
Elisabeth von R. hubiera sido psicótica, dice Freud, habría negado
la muerte de la hermana. Hubiera tenido que crear una realidad
sustitutiva: tendría delirios, alucinaciones, recuerdos falsos, etc.
Ahora
bien, ambos mecanismos de defensa –la forclusión en la psicosis,
la represión en la neurosis– se realizan con un coste brutal:
aparece mucha angustia en ambas estructuras clínicas. Y ambas
defensas fracasan parcialmente: lo rechazado tiende a retornar. Ahí
recalca Freud la similitud entre las dos estructuras. Más aún,
Freud dice al final del artículo que “tampoco en la neurosis
faltan tentativas de sustituir la realidad indeseada por otra más
conforme a los deseos del sujeto”1.
El sujeto neurótico deforma la realidad notablemente. La diferencia
es, en el fondo, solo cuantitativa.
LACAN:
“Todo el mundo es delirante”
Lacan
dice en un texto del 79: “todo es sueño, y […] todo el mundo
está loco, es decir, es delirante”2.
Antes de Lacan el delirio nunca se había considerado como
universal. A la idea de que hay un delirio generalizado y que todo el
mundo delira Lacan llega cuando comienza a utilizar el modelo
borromeo de la psique, o sea, cuando va más allá del modelo
estructuralista que distinguía radicalmente entre tres estructuras
clínicas estancas: psicosis, neurosis y perversión.
¿Por
qué “todo el mundo es delirante”? Deffieux lo explica del modo
siguiente: “Todo
el mundo
es
delirante,
porque todo sujeto está irremediablemente separado de lo real por el
lenguaje.”3
O sea, el parlêtre
introduce el lenguaje, inyecta sentido, convirtiendo parte de lo real
en realidad,
pero siempre hay un resto (irreductible). Hay cosas que no se pueden
simbolizar, no se pueden capturar con el lenguaje: la muerte, la no
relación sexual, la mujer… Es decir, es el propio lenguaje el que
genera, al operar, ese resto, esa forclusión generalizada. Y, en el
fondo, la “realidad” fabricada a partir del lenguaje es siempre
un delirio que quiere sustituirse a lo real.
Por
tanto, es necesario distinguir entre dos forclusiones: una forclusión
generalizada a partir del lenguaje y una forclusión restringida,
limitada al NdP (o sea, la ausencia de Edipo), que da lugar a la
psicosis. Deffieux dice que, en la ultimísima enseñanza de Lacan,
lo real va cobrando cada vez más relieve. Y queda claro que el Edipo
no soluciona el problema real; es muy enfermizo.
En
todo caso caso, cada
sujeto tiene que hacer su invención particular, su propio bricolaje
para sostenerse en la existencia. Cada uno tiene que defenderse de lo
real con su propio anudamiento RSI singular. Deffieux dice: El
bricolaje es del orden del semblante, un mixto de lo simbólico y lo
imaginario; y todo semblante es del orden del delirio. Por eso Lacan
dice: todo el mundo delira.
Para
entender esta afirmación también podemos ir a un comentario claro
de Lacan, en el Seminario
16:
“Todo
el mundo está en su mundo,
cada uno tironeado, cuando no tiranizado, entre la universalización
de los significantes y la particularización de las formas de goce.
Se trata, sí, de una locura que siendo universal no es lo que se
distingue clínicamente como la psicosis, sino el delirio que
comienza ya con la palabra, con el saber, con la verdad que tiene
estructura de ficción.”4
Tomemos
buena nota: “El delirio comienza ya con la palabra”. “Con el
saber”. “Con la verdad”. La cual “tiene estructura de
ficción”. La verdad es siempre un cuento. En el Seminario
24, L’insu,
Lacan dice que hasta el psicoanálisis es un delirio5.
En definitiva, ningún discurso goza de garantía.
Entonces
la pregunta que me he planteado es: pero ¿qué es exactamente un
delirio? ¿Qué es un delirio? Fui a consultar La
lógica del delirio
de Maleval6.
MALEVAL:
La lógica del delirio
Delirio
viene etimológicamente de delirare:
salirse del surco, extraviarse (CNTRL).
La
psiquiatría ha intentado describir el delirio tanto desde el punto
de vista del contenido como desde el punto de vista formal. Desde el
punto de vista del contenido, el delirio es
una
construcción intelectual no conforme a la realidad, inverosímil.
Desde el punto de vista formal, la característica fundamental del
delirio es que el sujeto aporta una creencia inquebrantable. Certeza
de hormigón. El delirante es totalmente impermeable a las
refutaciones tanto de la experiencia como de la lógica. Lo que es
interesante es que es imposible quedarse con la definición del
delirio como un pensamiento “no conforme a la realidad”,
“inverosímil”. Es una ingenuidad. Existen delirios que reposan
sobre una idea verdadera: la pareja de un delirante celoso puede ser
infiel de verdad; el paranoico perseguido puede haber sido perseguido
realmente (Rousseau, por ejemplo6).
Además, con ese criterio, las obsesiones y las fobias deberían ser
consideradas como delirantes. Y lo son delirantes, en cierto sentido.
Otras
veces la psiquiatría habla de “desviación de una norma cultural”.
Pero es un criterio muy poco serio. Si solo se trata de “norma
cultural” para definir la realidad, casi que queda justificada la
despatologización exigida por la postmodernidad. Al fin y al cabo,
la norma cultural no es sagrada, los individuos tienen derecho a
desviarse.
Maleval
dice: “No debe vacilarse en afirmar que no existe un criterio
decisivo para caracterizar una idea delirante”7.
No hay idea delirante en sí; hay sujetos delirantes, afirma. Maleval
da muchos ejemplos. La misma idea que en un siglo es considerada como
sana e incluso sabia, es considerada como delirante en otro siglo.
Por ejemplo, Cicerón, gran filósofo, estaba convencido de leer el
porvenir en las vísceras de los animales. Aunque tuviera una idea
delirante, no era un sujeto delirante. Maleval señala que incluso en
la ciencia surgen a veces ideas delirantes: la lingüística de Marr7
o la biología de Lysenko8.
Maleval
señala también que hay tendencia a pensar la psicosis del lado del
déficit, de la debilidad. Es un error. Hay que invertir la
perspectiva. No hay déficit, debilidad intelectual en el delirio.
“El delirio es compatible con el ejercicio de las más altas
facultades de la conciencia”. Rousseau escribió sus mejores obras
en pleno período de delirio paranoico. John Nash fue un excelente
matemático, premio Nobel de economía en 1994, a pesar de sus brotes
psicóticos. Su vida ha sido relatada en la película A
beautiful mind, Una mente prodigiosa.
Maleval insiste en que un sujeto delirante puede ejercer toda clase
de actividades profesionales. También está el ejemplo del gran
matemático Bolyai. Descubrió la primera geometría no-euclidiana
mientras, al mismo tiempo, elaboraba “una doctrina de la salvación
universal” mediante una lengua perfecta.
O
sea, la clave del delirio no está en el contenido del delirio sino
en la forma. El delirio tiene dos características: (a) convicción
inquebrantable; (b) pensamiento xenopático. ¿Qué es el pensamiento
xenopático? Es un pensamiento en el que el sujeto no reconoce como
propios y personales ciertos sentimientos, pensamientos,
representaciones. Piensa que son producto de una acción exterior.
Cecilia Hoffman nos había dado el ejemplo siguiente. El niño
neurótico diría: “tengo ganas de ir al zoo a ver a los
elefantes”; en cambio, el niño psicótico dirá que los elefantes
lo llaman.
El
delirio psicótico no es meramente una cuestión de saber; además
fija el goce. Maleval insiste en la idea freudiana de que el delirio
(psicótico) es una tentativa de curación, o sea, es
“autoterapéutico”. No se debe pretender suprimir de una manera
demasiado activa”; eso llevaría al sujeto a la depresión o al
pasaje al acto. Hay que acoger y respetar el trabajo subjetivo en
acción en el delirio. No es que se trate de favorecer las
construcciones del delirio, ni delirar junto al paciente –al estilo
de la antipsiquiatría o el surrealismo–. Más bien, hay que
orientar el trabajo defensivo hacia formas lo menos autodestructivas
como sea posible. Y hay que entender que hay formas crónicas del
delirio.
Maleval
intenta establecer las diferencias entre delirio psicótico y el
delirio neurótico al que da el nombre de delirium.
Señala que se ve, en la clínica actual, deliriums
neuróticos en grandes histerias, mal diagnosticadas como
esquizofrenias. Podríamos sintetizar las diferencias en el cuadro
siguiente:
DELIRIO
PSICÓTICO – WAHN
|
DELIRIUM
NEURÓTICO - DELIRIUM
|
Ideaciones
sistemáticas.
Un
proceso de significantización.
|
No
hay una ideación sistemática, ni una significantización. El
sujeto queda cautivo de experiencias de un
imaginario desenfrenado.
Aparecen
construcciones oníricas invasivas- pesadillas diurnas.
Cuadro confusional.
[Viñeta
clínica: sujeto histérico que entra en crisis de angustia por
“pensamientos intrusivos” donde a veces se ve violado, otras
veces se ve violando]
|
No
hay significación fálica. El objeto a se pone a pulular.
Invade la neorealidad delirante.
|
El
delirium queda enmarcado en la significación fálica. En
todo caso hay una presentificación fálica angustiosa.
|
Delirio
menos impresionante para el clínico
|
El
delirium resulta mucho más impresionante, más dramático
para el clínico (gritos de terror, angustia paroxística)
|
Certeza
|
Suposición
|
Neologismos
(se percibe claramente que inicialmente un elemento de la cadena
significante, una palabra, se ha desconectado, ha perdido su
significado, lo cual genera perplejidad y angustia en el sujeto)
|
No
hay neologismos
|
Empuje
a la mujer.
|
No
hay empuje a la mujer.
|
Muerte
del sujeto.
|
No
hay muerte del sujeto.
|
El
delirio psicótico es un intento de curación.
El
enfermo imagina una explicación racional de sus fenómenos
elementales, sufrimientos, inquietudes… encuentra la fórmula
de su delirio.
|
El
delirium neurótico no es un intento de curación.
|
Retorno
de lo forcluido está en los fenómenos elementales. (Ej. el
hombre de los lobos:
alucinación
de una mutilación.)
Pasajes
al acto (ej. Van Gogh).
|
Retorno
de lo reprimido originario, que suscita una vacilación del
fantasma.
Desgarradura
del fantasma que ya no contiene el goce; no protege del goce del
Otro. Sentimiento de despersonalización.
|
Es
importante distinguir entre delirio y delirium,
porque cambia la orientación de la cura. En el caso del delirium,
en un primer tiempo solo hay que mitigar el goce del Otro, esperar
que se apacigüe. En un segundo tiempo, el delirium
permite una construcción del fantasma, para que cumpla con su
función defensiva respecto al deseo del Otro. En el caso del delirio
psicótico, conviene no precipitarse a deconstruir el delirio, lo
cual puede llevar a un pasaje al acto, a la melancolización, a
fenómenos elementales, alucinaciones, etc. Hay que escuchar con
benevolencia el delirio, intentar mitigar, regular el goce del Otro,
y dejar al sujeto la posibilidad de elaborar una solución original a
sus dificultades. A veces el delirio va encogiéndose hasta
desaparecer cuando el sujeto consigue elaborar una suplencia9.
Otras veces, el sujeto conserva el delirio; entonces hay que intentar
hacerlo compatible con la vida social. En todo caso, lo importante es
no construir la cura en función de ideales normativos.
En
definitiva, “todo el mundo delira” no quiere decir que no haya
diferencia entre una psicosis o una neurosis desencadenadas y una
psicosis o neurosis ordinarias. Sería una frivolidad pensar así.
Hay muchas psicosis y neurosis estabilizadas con sus suplencias, sus
compensaciones, sus sinthomes.
Como
dice Schejtman, somos “borromeos polisinthomados”10.
O sea: No es lo mismo un delirio con el que se puede vivir, sostener
los lazos sociales, “compatible con la vida social”, que un
delirio con el cual el sujeto queda ingresado de por vida. Todo
el mundo delira,
pero no hay que frivolizar tampoco confundiendo delirios y delirios.
Lo que no se debe hacer es una clínica de amo.
Notas
Obras
Completas,
Madrid, Biblioteca Nueva, 1982, vol. III, p. 2747. Freud ya había
dicho en Tótem
y tabú
que “una histeria es una caricatura de una obra de arte,
que una neurosis obsesiva es una caricatura de una religión
y que un delirio paranoico es una caricatura de un sistema filosófico
deformado. Tales deformaciones se explican en último análisis por
el hecho de que las neurosis son formaciones asociales que intentan
realizar con medios particulares lo que la sociedad realiza por medio
del esfuerzo colectivo.” O.C.,
op.
cit.,
vol. II, p. 1794.
2
“Lacan a favor de Vincennes”, Ornicar?,
n.º 17-18, 1979, p.
278.
3
Deffieux, Jean-Pierre, Hebdo-Blog
(de la ECF y la ACF),
n.º 204, 17 de mayo de 2020.
4
Lacan,
Jacques. El
Seminario, libro 16, De un Otro al otro,
Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 176.
5
Clase del 19 de abril de 1977.
6
Maleval,
La
logique du délire,
Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2011.
8
Marr fue un lingüista georgiano-ruso. Tenía toda una teoría
delirante sobre el origen de las lenguas. Sostenía que todas las
lenguas del mundo se reducen a cuatro elementos, cuatro exclamaciones
difusas: sal,
ber,
yon,
y rosh.
Que existieron lenguas jaféticas antes de la llegada de las lenguas
indoeuropeas. Decía que el etrusco,
el euskera
y los idiomas
caucásicos tenían un origen común. Y que las lenguas
modernas tenderían a fundirse en una sola lengua en la
socie-dad comunista debido
precisamente a que la meta del comunismo era la supresión de
las clases
sociales y las variantes idiomáticas dependían realmente
del estrato social del sujeto. El marrismo fue apoyado inicialmente
por Stalin; luego tuvo que ser abandonado.
9
El
biólogo soviético Lisenko no aceptaba la teoría genética,
porque pensaba que la idea de la herencia genética era burguesa.
Afirmó que la adaptación al medio se transmitía de generación en
generación y determinaba la evolución. A pesar de ser un delirio,
esta biología tuvo éxito en la URSS, porque levantaba el ánimo de
los campesinos, haciéndolos sentirse partícipes y responsables del
gran experimento revolucionario soviético con el que iban a mejorar
las especies.
10
No
obstante, otros teóricos afirman que el delirio psicótico nunca
cede del todo; solo queda enmarcado, contenido (Guy Briole,
comunicación personal).
11
Schejtman,
F., “Clínica nodal, fallas y reparaciones…”, Entrevista
realizada por Sebastián Llaneza al Dr. F. Schejtman, Revista
Conclusiones analíticas,
n.º 3, 2016, p. 107. Disponible on-line