Associació per l'estudi i la difusió de la psicoanàlisi d'orientació lacaniana, fundada per Cecilia Hoffman. Quadern de bitàcola




martes, 22 de febrero de 2022

 TRANSEXUALISMO EN LA INFANCIA 


Alexandre Stevens, LE BANQUET DES TRANS


Por Xavier Renau


El Título

Remite a un festín, en donde cada comensal tiene a su disposición un buen número de platos. También el título recuerda al Banquete de Platon, que el autor citará en dos ocasiones, en donde los invitados enuncian por turnos su particular versión sobre el amor.

Este es el tema central del escrito; el amor, que en este caso encontramos en el enamoramiento de dos preadolescentes transgénero.

Posibles implicaciones psicóticas

Los dos preadolescentes enamorados presentan relaciones de inconsistencias y de procesos psicóticos por la parte paterna. Stevens compara además la posición actual general de los trans con el proceso de feminización psicótica del caso Schreber, en el que su destino de transformación en mujer le viene impuesto como un mandato divino del cual no puede sino someterse, aunque vaya en contra de su voluntad. Muy diferente es la posición actual de los trans, que ven su sexo asignado de nacimiento como un error de Dios o de la Naturaleza que se ha de corregir: hay una certeza.


Orientación del deseo y del amor: caso de Laura y Marc

Laura y Marc son dos transgéneros de 8 y 12 años que se conocen y se enamoran en un hospital de Buenos Aires. Antes se llamaban Hubert y Cecilia. Laura escribe cartas de amor a Marc que éste guarda como un tesoro valioso.

La hipótesis central del caso es la siguiente: se podría considerar que Laura y Marc aman a su propio cuerpo en el cuerpo del otro?. Esta trayectoria no se ajusta a la que Lacan nos indica en el amor hacia el propio cuerpo, al menos directamente. Para Lacan la adoración es la única relación que tiene el parlêtre con su propio cuerpo. Así se establece el llamado amor propio, que en nuestro caso es un amor propio en el otro, que es el mismo pero invertido.

Todo el proceso de enamoramiento puede ser considerado en la diferencia que existe entre tener un cuerpo y ser un cuerpo, y confrontado, en el caso de ser un cuerpo a las fantasías de goce cuando se confunden con un significante. Solución que para Laura y Marc se acerca a la de Joyce.

En nuestro caso, los procesos de identificación del sujeto a un sexo no coinciden con la elección del objeto deseado, no buscan los objetos de amor directamente hacia el propio cuerpo sino dando un rodeo por el cuerpo del otro; lo valioso, la adoración, el tesoro hacia el propio cuerpo son puestos en valor en el otro.

Este paso de más, esta maniobra que queda parcialmente velada, produce el efecto del reconocimiento del amor que el sujeto deseaba hacia sí mismo, pero que fue inicialmente rechazada?

Si la decisión del cambio de género dependen de las relaciones que existen con el Otro de la cultura, nos tendríamos que plantear, caso por caso, cómo han sido estas relaciones en el entorno familiar o social y qué modelos de goce imaginarios ha ofrecido la cultura para que el sujeto, acuciado por su malestar, decida llevar a cabo un cambio tan sorprendentemente drástico.

Comentario sobre el texto de D. Roy.

Cuatro perspectivas sobre la diferencia sexual 

Por Patricia Montozzi

 Lacan , seminario 18,

"Su pasión, la del transexual, es la locura de querer librarse de ese error común que no ve que el significante es el goce y que el falo no es más que el significado. El transexual ya no quiere ser significado por falo, por el discurso sexual que, lo enuncio, es imposible. Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje a lo real": 

Esta falta es común y no privativa del transexual. No hay inscripción de hombre ni de mujer, porque la relación sexual no existe y no existe para todos. Por ello, Lacan afirma, irónicamente, que se trata de "un error común".

 -Nací en el cuerpo equivocado- ; es el significante que aparece en los niños que desean hacer el proceso trans.

 Hay algo que nos pueda decir que tengamos  el cuerpo adecuado o que dicho cuerpo pueda ser bueno o malo..? Evidentemente algo ha venido a deslizarse entre el cuerpo y las palabras del niño que es insoportable. De qué se trata..?  Muchas veces , se los ignora antes de escuchar la explicaciones que da el propio niño. Nací en un cuerpo equivocado es el pasaporte para lo transgénero; esto abre casi de forma automática el protocolo de transición.

Pero del lado del niño, vernos que esta expresión trae un apaciguamiento casi inmediato. Cómo entenderlo? Lo transgénero, -esta nominación reconocida por otros-, personas de autoridad, inscribe al niño en un discurso el cual – él es hablado- . No se miden las consecuencias, son los padres quienes las toman a su cargo y es una carga muy pesada.

No hay camino normativo para la sexuación: Sabemos que el niño se enfrenta a una desarmonía entre el cuerpo y la palabra. Hay muchas identificaciones a lo largo de la infancia  y son libres pero están fuertemente determinadas por las divisiones pulsionales.. O sea por un lado el cuerpo y por otro las palabras . Este es un momento de soledad y de crisis para en infant. Porque,  además pasan muchas cosas, es también el momento donde  se dan cuenta que los padres no tiene respuesta para todo, porque además es el tiempo de separarse de la dependencia de ellos, pero a la vez todavía no tienen todas las claves para entrar o entender los modos de goce femenino o masculino .

Lo trans sería una identidad que viene de exterior y generará una nueva dependencia y es una dependencia mucho más implacable. Lo trans designado por un adulto da una normativización al goce para el niño es una identificación impuesta que bloquea el espacio de separación que le es necesario.

Hay niños que flirtean con ropas o formas del otro sexo. Otras veces desean cambiar el nombre a otro del otro sexo y se lo exigen a los padres. Para nosotros se trata de examinar la singularidad de este pedido. En realidad , no deja de ser un rechazo de algo que ha recibido del otro- la palabra que lo nombra no es efectiva-, el cambio de  nombre da  un cambio hacia el otro social.

Como entender esto? Volvemos a la crisis. Hay niños que en esta etapa no encuentran los recursos hay una falla y ponen en cuestión la marca recibida por el otro a riesgo de quedar más dependiente de la misma, Por eso hay que respetar ese momento. La sexuación es un camino solitario  no debe depender del otro. No es tiempo para el niño definir su sexuación.

En una época en la cual todo lo auto se impone, la autodeterminación del sexo, el consentimiento autoinformado, la voluntad procreacional, el autopercibimiento que refuerza el 'Yo soy libre', ¿No habrá que mostrarle al sujeto sus ataduras? ¿Los lugares en los cuales está determinado por las marcas del Otro? Frente a esa aparente libertad, ¿no habrá que recordarle a los padres que los hijos les pertenecen?

No podemos dejar a los niños y adultos que ellos reciban de la autoridad legal a través de las intervenciones médicas una identificación sexual nueva y estable en efecto nadie tiene el poder.



jueves, 6 de enero de 2022




La deconstrucción

 del género en

 nuestra época:

 a propósito de

 P. B. Preciado y los

 ‘monstruos

 hablantes’


Ester Astudillo



Introducción

Como tema de estudio de las actitudes y cambios que atraviesan nuestra época y dan forma a nuestro zeitgeist, es obligatorio pasar por el género y prestar atención a cómo está siendo afectado tanto por las diversas olas feministas ˗de forma en absoluto monolítica˗ como por los avances farmacológicos y médicos, que están permitiendo la modelación del y la intervención sobre el cuerpo hasta extremos inconcebibles hasta muy recientemente. Por supuesto, todo ello sucedido a la par de los cambios que desde la ideología, la sociología y la tecnología se imponen sobre la subjetividad: hoy toda subjetividad pasa por la auto-asignación de una identidad de género, aunque se trate de la identidad de género asexual. Lo cual resulta, cuando menos, chocante.

Por su parte, no podemos obviar, también como elemente integrante del zeigeist, qué posiciones están tomando los terapeutas ante esta verdadera revolución, en concreto, el cada vez más fragmentado cuerpo de psicoanalistas. Yo no soy psicoanalista, ni siquiera psicóloga. Así que los textos los he leído desde la perspectiva de alguien con mera curiosidad intelectual, o como mucho, en calidad de analizanda. Expondré las ideas que he considerado más destacables y dejo el campo abierto a la discusión, matización y elaboración por parte del foro con pleno dominio de la teoría y la práctica psicoanalíticas.

Y debo dar cuenta de lo que probablemente sea un error de apreciación: desde mi postura amateur y no clínica, me he centrado más en el discurso de la deconstrucción del género que en el discurso de los psicoanalistas en cuanto al pase, que es probablemente lo que debía ser el centro de la discusión. He leído con más atención y devoción a Preciado y a Missé y sus alegaciones trans, porque me interesaba más lo que decían, que los breves -y por otra parte difíciles- textos de Maleval y Laurent. Y eso tal vez haya sido un error del que me di cuenta tarde.

Preciado y los ‘monstruos hablantes’

El libro de Preciado, Yo soy el monstruo que os habla, reproduce el discurso que, al parecer del autor, se le negó el derecho de pronunciar íntegramente durante las Jornadas de la Escuela de la Causa Freudiana de París en diciembre de 2019, a las que fue invitado en calidad de trans, filósofo, analizado y performer activista de la causa queer. Preciado alega que su ataque directo al colectivo de psicoanalistas y, en concreto, al psicoanálisis como obsoleto y adyuvante en la hegemonía del heteropatriarcado cis, fue la causa de ser ‘vetado’, y es por ello que posteriormente editó el libro con el texto íntegro que había preparado para el evento, a fin de evitar mayores tergiversaciones de sus palabras.

En primer lugar, convendría aclarar lo que para Preciado significa ser un monstruo: monstruo es aquel que está permanentemente en el cruce, que no se adscribe a ninguna de las ‘categorías’ de género pre-establecidas, sobreentendamos binarias. Preciado es abiertamente rupturista, y deposita toda la responsabilidad nociva del ‘sistema’ en la estructura heteropatriarcal cis-normativa, sobre la cual se asienta luego, al modo marxista de estructura - superestructura, la institucionalización del resto de redes de poder, un poco a la manera como las entendía Foucault. Si disolvemos ese binarismo tóxico, artificial, falaz, parece desprenderse de su texto, todo lo demás (el colonialismo, el racismo, el obrerismo y clasismo…) caerá en efecto dominó.

Conviene aclarar también que el alegato de Preciado no es en favor de la transexualidad, del tránsito de un sexo a otro. Para él no existen los sexos ni los géneros, sino una horquilla infinita de posibilidades con la que experimentar gracias a ‘la hormona’ (la testosterona), así lo nombra literalmente: “un agenciamiento maquínico con la hormona o con algún otro código vivo”. Él defiende el sexo fluido, o la fórmula queer, un tránsito sin fin, un cruce que no acaba, la monstruosidad perpetua. Y este es un punto relevante en que hace énfasis Laurent en su artículo sobre la norma trans, diferenciando lo trans de lo transexual. En realidad, definiéndose ambas posiciones como políticas, reivindicativas y feministas, el fenómeno trans como lo defiende Preciado menosprecia a los transexuales en tanto que han hecho una migración no solo innecesaria, sino inicua en tanto que mimetizan la norma cis y refuerzan las normas de género, perdiendo entonces su potencial transformador y revolucionario. Sobre este punto incidiré de nuevo más adelante.

Preciado apuesta por la fórmula queer como vía de lucha revolucionaria para acabar con el sistema social y sus servidumbres. Es fundamental subrayar este extremo: que no se puede entender el fenómeno trans separadamente del feminismo y de lo político. Lo trans es político en esencia, es una afrenta directa a los pilares de nuestra civilización, que se sustenta en la fórmula del matrimonio-pareja y que está atravesada por la reproducción. Operación que, a mi modo de ver, es claramente sublimatoria por parte del autor: la transformación de sus dificultades y conflictos personales en otra cosa que brille más, le inscriba en las filas de la lucha colectiva y sea leído en clave política, desenmascaradora y libertadora.

Otro punto a destacar de entrada: la importancia de ese hablar que figura en el título de su discurso/libro: Preciado, si bien monstruoso, toma la palabra, habla, subvierte así el diagnóstico psicótico al que le han condenado una multiplicidad de analistas y a tenor del cual, el enfermo no sabe de su enfermedad ni puede hablar sobre ella. Preciado da la vuelta a esa norma implícita del psicoanálisis: es él, el enfermo psicótico, quien toma la palabra y se dirige a los analistas. “Yo, … al que ni la medicina, ni la ley, ni el psicoanálisis reconocen el derecho a la palabra, ni la posibilidad de producir discurso o una forma de conocimiento sobre sí mismo, … estoy aquí para dirigirme a ustedes.” (p. 19). Desafía así el diagnóstico, desacredita al cuerpo psicoanalítico: si es capaz de saber de sí, de dar cuenta de lo que le sucede, no puede ser un psicótico. Ergo es perentorio modificar el saber psicoanalítico, que además se rige por la regla de hierro según la cual ningún analista puede ser trans (puesto que se infiere que sería psicótico y no neurótico, y un psicótico no puede bajo ningún concepto ejercer de analista: no sabiendo sobre sí, ¿cómo puede ayudar al otro?).

Para Maleval, la época exige una apertura también en el psicoanálisis, como ya dictaminara Lacan. Siguiendo una clínica continuista en lugar de estructuralista, no habría en realidad frontera entre neurosis / psicosis / perversión, sino un continuum que cabría interpretar según sus diferentes anudamientos: borromeo, anudamiento simple, por el borde (en el caso del autismo), etc. Maleval trae a colación el caso de psicoanalistas de éxito que han conseguido el pase AE siendo autistas. Si los autistas lo han hecho, ¿por qué deberían ser excluidos los transexuales / transgénero? No haría bien el psicoanálisis si obviara las críticas que se le dirigen desde los discursos del momento actual simplemente porque le son adversas.

Preciado contra el psicoanálisis

Aclarado el título, vayamos al contenido del libro. La tesis de su texto, o mejor las tesis centrales, en cuanto al psicoanálisis se refiere, pueden resumirse como sigue:

- La diferencia sexual no existe más que como discurso y como ficción. Es necesario acabar con el binarismo sexual, una norma en cuya perpetuación los psicoanalistas son cómplices. La diferencia sexual en realidad es un régimen político en que nos inscribimos por medio de relaciones de poder: los hombres y las mujeres, con los roles asignados a cada cual que sobradamente conocemos y con cuotas de poder claramente asimétricas. Si derribamos la diferencia sexual como régimen caerán también las asimetrías de poder, parece querer argüir, puesto que ya no habrá hombres contra mujeres, seremos todos lo mismo, situados en algún punto concreto del continuum del género fluido.

Como fórmula para solucionar el problema me parece un tanto delirante, diría que es empeñarse en buscar la solución más difícil al problema. No sé si Preciado es o no psicótico, pero sí sé que delira. Claro que Lacan ya sentenció que todos estamos locos en tanto que todos deliramos… Aunque yo añadiría que todavía hay grados y grados.

- El psicoanálisis es coadyuvante en la erección de esa ficción, aunque en sus orígenes naciera con intención subversiva y feminista. Nació justamente en el tiempo en que cronológica y epistemológicamente empezaban a existir dos cuerpos anatómicos distintos, el masculino y el femenino, gracias a los avances médicos y científicos, lo cual no pudo ser casualidad.

- Los psicoanalistas son cómplices de la perpetuación del binarismo y de la patologización de los disidentes o ‘subalternos sexuales’, como Preciado los denomina. Ilustra el dato con la prohibición que hasta hace poco regía dentro de la Escuela (y que todavía rige en la IPA) de que ningún analista pudiera tener la condición de homosexual. “El psicoanálisis es un etnocentrismo que se ignora…: sus presupuestos (las segmentaciones que establece entre naturaleza y cultura, por ejemplo) son también patriarco-coloniales y no difieren con respecto a la naturalización de la diferencia sexual.”. (p. 40)

- El psicoanálisis hoy solo ejerce la función de ‘paliar’ la angustia que sufren esos disidentes sexuales disconformes con su sexo anatómico, tratando de ayudarles a recuperar la ‘funcionalidad’ en sus vidas privadas (cuando no regresarlos a la norma del género que anatómicamente les corresponde). En realidad, no ejerce ninguna función subversiva ni antinormativa: nada a favor de la convención en lugar de en su contra. El relato psicoanalítico se funde con el psiquiátrico, según el cual, desafiar el binarismo es entrar de pleno en la psicosis.

- En palabras de Preciado, Lacan intentó salvar el escollo de la naturalización de los géneros introduciendo el lenguaje y el discurso en el eje del psicoanálisis: el sujeto es transformado enseguida en parlêtre en Lacan. Para él, el lenguaje nos encierra en una jaula ineluctable, que distancia el goce humano del animal y de la cual no cabe eximirse. Sin embargo, Preciado parece creer que es posible zafarse de ese límite también, además del biológico, y que el goce sería así ilimitado. Maleval cita a la Preciado de Testo Yonky en la p. 1 de su artículo:

él postula un cuerpo gozante “capaz de zafarse de la toma del significante”, lo que lo incita a “apuntar la correlación de la verdad y del goce”, en una búsqueda de “desalienación total”. La existencia de un cuerpo biológico natural, no golpeado por el lenguaje, está en el principio de sus hipótesis; de ahí, él lo concibe como abierto a todas las construcciones posibles. En su perspectiva, el mismo Paul hoy en día, Beatriz ayer, el goce está apenas limitado por elecciones identitarias voluntarias, temporales, reversibles y se despliega hasta el infinito.

Hay que leer ahí una resistencia a inscribirse en la función fálica, a aceptar la castración, la pérdida, la enfermedad, la muerte y toda la negatividad implícita en la vida, hecho al que también se refiere Laurent en la p. 3 de su artículo, en crítica abierta a Butler y apoyándose en palabras de E. Marty:

La norma de la vida vivible, que atraviesa todas las identidades concebidas como un modo de goce, es un punto crucial de la geopolítica de la norma, como lo destaca Éric Marty. Ella elimina el lazo vida-muerte que introduce el sexo. “El concepto de Norma, en tanto que ello se opone al de la Ley y lo sustituye es, en este sentido, el concepto positivista por excelencia, sin exterior, sin trasfondo, sin secretos, sin oscuridad, sin más allá, una pura serie de positividades que regulan la vida, en lugar de albergar la muerte”.

En cualquier caso, en opinión de Preciado, Lacan fracasó en su intento introduciendo el lenguaje debido a su apego personal por el heteropatriarcado y a su transfobia.

Lo que Preciado afirma y lo que desvela sin decirlo (y sin querer)

La exposición de Preciado discurre desde lo personal hacia lo general. Nace de lo particular y busca hacer de ello, por extrapolación ˗en verdad, a mi juicio, por necesidad personal, para autojustificarse˗, una nueva genealogía de libertarios sexuales. Toda la narración de su tránsito se convierte, así, probablemente sin él quererlo deliberadamente, en una epopeya surgida de un malestar muy específico y personal que acabará investida, en un movimiento plenamente sublimatorio y megalómano, de visión política, valor revolucionario y propósito casi-mesiánico. Hay que tener presente que fue escrito para ser pronunciado oralmente ante un público muy concreto, y que tiene francos dejes de reprimenda.

El texto, para empezar, está repleto de generalizaciones y prejuicios muy comunes en cierto feminismo: p. e. “… porque para ser reconocido de verdad como un hombre yo debería callarme y fundirme en el magma naturalizado de la masculinidad, sin revelar nunca ni mi historia disidente ni mi pasado político.” (p. 22) ¿Qué otras disidencias no esconderán otros hombres? ¿U otras mujeres? ¿Serán de menor o de mayor importancia? ¿Por qué asumir que la política tenga nada que ver con el género? ¿O con el malestar de género? ¿No es esa una tergiversación torticera? Tal vez sin la política no habría visibilización de la cuestión, pero ¿deberían ir disconformidad de género (por no decir disforia) y política de la mano? Esta es una pregunta para discusión en el foro.

De todas formas, en cuanto a la visibilización y democratización del fenómeno transexual de las dos últimas décadas, cabe destacar que también ha traído sus peligros. No en vano, el texto de Laurent sobre la norma trans informando del freno a los protocolos de tránsito precoz en los países del norte de Europa, habida cuenta de los riesgos que se han constatado a medio y largo plazo. También el activista trans M. Missé en nuestro país tiene diversos textos en los que pone en tela de juicio la felicidad con que se alienta en España el tránsito en lugar de buscar alternativas que no sacrifiquen al cuerpo, que no se basen en el lema de ‘el cuerpo equivocado’, que en el fondo es profundamente patologizante y retrógrado. El malestar está anclado en el cuerpo, pero no necesariamente se origina en él, ni es exclusivo de las personas trans. Pareciera que España se acompleja todavía de ese país cañí que acarrea a la espalda y se apunta rauda y feliz a cualquier política que tenga la apariencia de ultra-modernidad para sacudirse viejos complejos de su mochila post-franquista.

Missé argumenta que el problema es la rigidez de los modelos de género, que generan un malestar que, si bien no es exclusivo del colectivo trans, la norma trans tiende a interpretar como pertenencia al género anatómicamente opuesto, y desata tempranamente protocolos de cambio de género y sexo. Así, muchos menores que inician el tránsito podrían haber lidiado con su malestar, si realmente se les hubiese dado opción, conservando su cuerpo y desarrollando sencillamente inclinaciones homosexuales o expresiones de género contrarias a su sexo anatómico.

El discurso de la norma trans ha ganado hegemonía y adeptos desde que mediáticamente se dio carta de naturaleza a los llamados ‘menores trans’ y los medios se hicieron eco de los casos de suicidio que se han sucedido en nuestro país. La norma antepone el riesgo de suicidio para justificar la perentoriedad de una intervención de tránsito lo más precoz posible. Es necesario volver al texto de Laurent, que señala que el norte de Europa ya ha empezado a desconfiar de esa norma intervencionista. En realidad, por más modernidad y progresismo de que pretenda investirse, ese paradigma es profundamente retrógrado, da un paso atrás y vuelve a transformar la transexualidad, es decir el género, en algo esencial: si no en una patología, como en el s. XX, sí resultado de un hecho fisiológico, un baño de hormonas erróneo durante la etapa fetal, algo irremediable contra lo que no cabe más que una intervención radical sobre el cuerpo lo más temprana posible. Contra esa visión biomédica restrictiva, el género debe entenderse como una construcción social, y la transexualidad, por ende, también: nada es irremediable ni irreversible.

Missé alega que, como en los desórdenes alimentarios, es la presión social y mediática la que empuja a desear la convergencia de la imagen propia con el estándar social del grupo al que uno se afilia, y que en los entornos terapéuticos de género hubo desde su nacimiento adherencia total de los profesionales por canalizar el malestar de los transexuales hacia la intervención sobre el cuerpo en lugar de buscar vías alternativas para vivir la sexualidad desde un cuerpo intacto ˗o al menos máximamente intacto˗, sin tacharlo de ‘equivocado’. Quizás de ahí que hoy muchos jóvenes que se reconocen transexuales se opongan a la cirugía, a veces incluso a la hormonación, y que al mismo tiempo se nieguen a que el fenómeno se denomine travestismo, como era costumbre en España antes de que existiera la posibilidad quirúrgica: se trata de una misma realidad, la transexualidad, de un mismo malestar anclado en el cuerpo, pero gestionado desde una presunción diferente y con armas menos lesivas e intervencionistas. De hecho, Missé señala que, aunque la transexualidad haya existido siempre a mayor o menor escala, nunca hasta el s. XX implicó ningún tipo de intervención de ni modificación sobre el cuerpo.

Merece llamar la atención, sin embargo, de que se suscita aquí un posible punto de encuentro / desencuentro entre las posturas trans y transexual: a saber, si el dilema desde esa posición ‘alternativa’ a la norma trans, máximamente intervencionista, es decidir el punto en el que parar el tránsito ˗o siquiera si empezarlo˗, en realidad se está apelando, aunque de forma indirecta, a la fluidez del género: no como objetivo en sí, es cierto, sino pragmáticamente, como la solución menos mala para las personas transexuales que no desean sacrificar su cuerpo. Aquí se abre también un punto interesante de debate para el foro, me parece entrever:

a) ¿pesa realmente tanto lo imaginario para que uno pueda sentirse suficientemente y satisfactoriamente una mujer aun en un cuerpo de hombre? Missé parece alegar que sí, y conozco indirectamente casos de jóvenes del entorno de mis hijos que se inscriben en esa onda, ignoro si para su entera satisfacción;

b) y por otra parte, aunque puedan coincidir en algún punto de ese quimérico continuum de género, ¿podrían llegar a entenderse esas dos posturas políticas, la trans y la transexual, que parten de presupuestos antagónicos y cuyos objetivos no coinciden? El mismo Missé da cuenta de los conflictos que se han dado entre activistas trans y transexuales dentro del activismo barcelonés.

Para Preciado, sin duda el fenómeno trans, que no el transexual, es la primera línea de la lucha política contra el sistema normativo: “… dejé de ser una mujer. ¿Por qué no podía ser el abandono de la feminidad una de las estrategias fundamentales del feminismo?” (p. 27). ¿En serio? ¿Podemos aceptar que el feminismo pase por abandonar la condición femenina? Será una broma, ¿no? Al fin y al cabo, si no va a haber géneros, ¿a cuentas de qué será necesario el feminismo?

Un poco más adelante, Preciado escribe: “No, yo no quería convertirme en un hombre como los otros hombres. Su violencia y su arrogancia política no me seducían.” (p. 28) ¿Qué arrogancia no será la suya cuando se permite tal tipo de generalizaciones y calificar de política, con ese deje claramente despectivo, la de los otros por el mero hecho de tratarse de ‘hombres’? Su texto destila odio hacia lo masculino, algo también común entre ciertas feministas. No parece quedarle a Preciado, en efecto, mayor alternativa que el centro, es decir, el cruce: odiando a los hombres y el lugar de las mujeres, elije la tierra de nadie. Aunque luego lo disfrace y sepa llevarse el agua a su molino, a la dialéctica de la revuelta política, y, de ahí, a la necesidad de acabar con ambos extremos para un supuesto mayor bien común. A saber, el de acabar con la angustia y el displacer que la rigidez del binarismo patriarcal genera entre nosotros y alentar el goce máximo e ‘ilimitado’ que advendrá con el régimen trans. ¡Delirio grande el suyo!

Su discurso, efectivamente, está teñido de ira, odio y resentimiento, y no escasean los párrafos megalomaníacos ˗i. e. él como ejemplo paradigmático del universo al que se adhiere: los subalternos sexuales, raciales, coloniales… con la misión auto-impuesta de transformar el universo-jaula que habitamos, a todas luces necesitado de menospreciar a los cis y ‘normativos’, ergo a los analistas, por su lerdo adocenamiento y ceguera˗:

Si no me hubiera dado igual el mundo ordenado y supuestamente feliz de la norma, si no hubiera sido porque me repugnaba el paraíso de la familia y de la nación, si no hubiera preferido mi fetichismo a vuestra heterosexualidad normal, si no hubiera optado por mi desviación de género frente a vuestra salud sexual, nunca hubiera podido escapar … o, para ser más preciso, nunca hubiera podido descolonizarme, desidentificarme, desbinarizarme. (p. 42)

Mi vida fuera del régimen de la diferencia sexual es más hermosa que cualquier cosa que ustedes y su psicología hubieran podido prometerme como recompensa por la aceptación de la norma. (p. 43)

Calificar la vida propia de hermosa siempre parece un tanto excesivo; ¿no será resultado de una necesidad de denostar a los otros, de acaparar todo el brillo para uno mismo, de inscribirse en una estela de mesianismo?

o párrafos abiertamente delirantes:

Hacer una transición de género es inventar un agenciamiento maquínico con la hormona o con algún otro código vivo: puede ser un lenguaje, una música, una forma, una relación con una planta, un aminal u otro ser vivo. Hacer una transición de género es establecer una comunicación transversal con la hormona, hasta que esta borre, o mejor, eclipse eso que ustedes llaman el fenotipo femenino y permita despertar otra genealogía. Ese despertar es una revolución. Es un levantamiento molecular. Un asalto al poder del yo heteropatriarcal, de la identidad y del nombre propio. Es un proceso de descolonización. (p. 45) [donde debemos leer colonia como complementario de imperio; es decir, se está refiriendo a los órganos femeninos como colonias para la reproducción]

Pero los órganos que no tuvimos nunca podrán ser enterrados. Nuestros órganos utópicos vivirán para siempre. Serán los guerreros eternos del cruce. En medio de esta guerra patriarco-colonial, la transición de género es una antigenealogía. Se trata de activar los genes cuya expresión había quedado cancelada por la presencia del estrógeno al conectarlos ahora con la testosterona, iniciando una evolución paralela de mi propia vida, desatando la expresión de un fenotipo que de otro modo hubiera quedado mudo. Ser trans es aceptar la irrupción triunfal de otro futuro en todas las células de mi cuerpo1. Hacer una transición es entender que los códigos de la masculinidad y de la feminidad que conocemos en nuestras sociedades modernas son anecdóticos2 comparados con la infinita variación de las modalidades de existencia de la vida. (p. 49)

Iniciando una evolución paralela de mi propia vida…

Órganos utópicos, el adjetivo lo dice todo, no hacen falta comentarios.

Cuando es aceptada como un proceso de tecnochamanismo activado por la presencia del lenguaje y de la testosterona, la experiencia trans desata un torbellino de códigos políticos y culturales vivos que no reconocen la diferencia entre ayer y hoy… (p. 50)

Hibridando los términos con el desconcertante resultado de tecnochamanismo es cierto que el ayer y el hoy desaparecen de un plumazo. Pero es una trampa del lenguaje.

y/o paranoicos:

[descripción de los baños para hombres y del asco que le producen]

Hasta que me di cuenta de que esa suciedad y esa pestilencia correspondían a una forma de relación estrictamente homosocial: los hombres habían creado un círculo fétido para ahuyentar de él a las supuestas mujeres y dentro de ese círculo, en secreto, eran libres de mirarse los genitales, libres de tocarse, libres de bañarse en sus propios fluidos, fuera de toda representación heterosexual, los hombres iban allí para olvidarse de su heterosexualidad por un momento y afirmar un escondido goce de estar solos, sin esos extraños álter egos que eran las mujeres y de los que se acompañaban después socialmente para ejercer una función reproductiva y heteroconsensual. (p. 37)

Esta descripción rebosa en cada línea odio por lo masculino.

El cuerpo trans es odiado, pero sus órganos maldecidos son los más deseados y se consumen en cada esquina: con la puta trans el machito hetero puede meterse una polla en la boca sin correr el riesgo de pensar que es gay. (p. 47)

Pero los órganos que no tuvimos nunca podrán ser enterrados. (p. 49)

¿No será precisamente esta percepción producto de una proyección de Preciado, de sus particulares resquemores? ¿A quién odia en realidad Preciado?

No hay órganos sexuales sino como enclaves coloniales de poder. El cuerpo trans es una colonia sobre la que se asientan las instituciones disciplinarias, los medios de comunicación, la industria farmacopornográfica, el mercado… (p. 48)

Por último, en cuanto al escollo de la reproducción, ese ‘pequeño particular’ solo posible a través de órganos explotados como enclave colonial de poder y que con la revuelta política que propugna se iría al traste ˗al menos la reproducción natural más al uso todavía˗, Preciado no ofrece solución alguna ˗debemos leer entre líneas que el tecnochamanismo, como la hormona, vendrá a asistirnos˗. Sin embargo, sí es suficientemente avispado para mencionar, como de pasada, que sus relaciones de filiación ˗y ahí ya da una pista˗ quedan substituidas por sus ancestros políticos: feministas, bolleras, maricas y obreros que le han precedido y que han sido sometidos a exterminación, violencia y control en el acceso a los saberes y conocimientos subalternos de los movimientos de lucha, transformación y resistencia anteriores.

Me permito solo un último apunte a colación del fin de la reproducción que avisto leyendo a Preciado, llamar la atención sobre un detalle: todo lo que conocemos de la reproducción tecnochamánica, por usar su jerga, lo sabemos por la literatura, y los textos que se han extendido sobre la cuestión no son precisamente utópicos, sino todo lo contrario. ¡Casi un siglo desde que salió a la luz Un mundo feliz! ¡El delirio de Preciado no ceja!

Y cabe traer a las mientes aquí a M. Barros, a quien escuchamos en conferencia hace un año y en cuyo texto La madre se refiere a la maternidad como experiencia libidinal y ‘pétrea’ del sujeto contemporáneo, para apuntalar mi opinión de cuán errado va Preciado en su creencia de que esa otra forma de reproducción despojada de la ‘crianza’ está ya a la vuelta de la esquina:

La maternidad -y con ello designamos una experiencia libidinal- se nos presenta hoy como un residuo de la experiencia tradicional de la vida, más allá de las innovaciones técnicas que la hagan posible. Pero esa experiencia no es, como creen los progresistas, el patriarcado, ni nada “patriarcal”. La experiencia tradicional de la vida es la castración. Y esto significa: “hay sexualidad, hay muerte”. (Barros, p. 12)

La familia persiste porque la madre persiste. Una mujer con su hijo ya constituyen una familia. Por eso es ante todo la prescindencia de la madre lo que aparece como rasgo sobresaliente en la utopía que Aldous Huxley soñó en Brave New World. (Barros, p. 14)

Padres, madres, ¡en guardia!: somos los últimos de una saga. Estamos en peligro de extinción si tipos como Preciado se salen con la suya. Queden advertidos.







NOTAS

  1. Esta cursiva no reproduce la tipografía original, está añadida con el propósito de enfatizar el contenido.

  2. Ídem.





Referencias bibliográficas

Barros, M. La madre. Buenos Aires, Grama Ediciones, 2018

Laurent, E. “Biopolítica de la norma trans”, Lacan Cotidiano, núm. 932, 27 de junio de 2021

Maleval, J.-C. “Cuando Preciado interpela al psicoanálisis”, Consecuencias, núm. 23, diciembre de 2019

Marty, É. Le Sexe des Modernes. París, Seuil, 2021

Missé, M. A la conquesta del cos equivocat. Barcelona, Egales, 2019

Preciado, P. B. Yo soy el monstruo que os habla. Barcelona, Anagrama, 2020




 

martes, 21 de diciembre de 2021

 

LA RESPONSABILIDAD DEL SUJETO EN EL ABUSO SEXUAL

Por Vanesa Postigo 


Sin perder de vista el título que abre esta reunión de trabajo se propone el comentario del artículo “Ceder no es consentir” de Clotilde Leguil, psicoanalista en París, miembro de l’Ecole de la Cause Freudianne y de la AMP, AE hasta 2021. Para situar el discurso de la época.

En su artículo Clotilde Leguil pone en tensión los términos consentir y ceder. Conceptos que son utilizados en el discurso legal y social en casos de abuso sexual. Pone dos ejemplos para ilustrarlo, uno más contemporáneo que otro. El forzamiento del Sr. K al que Dora abofeteó y el de V. Springora, que se enfrenta a la ambigüedad del consentimiento mediante la escritura. Dora seria acusada hoy en día de haber consentido a lo que había cedido…

Clotilde apunta, en el libro “El consentimineto” de Springora a que se abre algo nuevo en relación al discurso de la época sobre los abusos sexuales diferente de la denuncia del movimiento metoo de los años precedentes, como ejemplo la toma de palabra de la actriz Adele Haenel, que abandonó la gala de los Cesar exclamando “Vergüenza” ante la otorgación del premio al mejor director a Roman Polanski, acusado por varias mujeres de violación.i

El movimiento social metoo da cuenta de la masividad de los casos de abuso y acoso, sin embargo, no tiene en cuenta la complejidad de la posición femenina. Dice Leguil en otro artículo sobre el libro de V. Springora: “no es porque se trata de acoso o abuso que no está en juego la dimensión del deseo en femenino, la dimensión de la sexualidad femenina en tanto que diferenciada de la sexualidad masculina, la del amor y sus abismos.ii” Leguil da cuenta de la voluptuosidad de la situación de consentimiento.

Al leer “El consentimiento” captamos lo que significa consentir a algo que sobrepasa aquello a lo cual creímos consentir. Y es que consentir a la femineidad es siempre un franqueamiento para una mujer.


Dar consentimiento implica una elección.

Responsabilizar a alguien en lo que dice no es lo mismo que culpar, así como hace el discurso legal cuando pregunta una y otra vez sobre lo acontecido y vivido como traumático. En el tratamiento analítico hay que dar la palabra para propiciar otra elección. “Yo consentí porque era el escritor,” nos cuenta Sringora. Dar cuenta de esto permite a la autora del libro una salida. El sujeto muchas veces no puede dar las razones de su hacer, de porque vuelve una y otra vez al lugar donde “va a ser abusado”. Algo encuentran allí, hay un misterio que desvelar.

Ella consintió. Para dar algo de luz a estas razones (causas) recurrimos a la teoría. “No podemos negar nuestro consentimiento a la verdad” dice Miller en el capítulo 7 del Curso “Causa y consentimiento” donde recuerda que Lacan hace lugar entre causa y consentimiento a la verdad como causa, que no se acopla como evidencia, si no que hace falta una incidencia propia del sujeto, una implicación.

En la teoría de la causalidad freudiana la represión es el elemento central siendo necesaria una doble causa, la primera es la fijación como causa primera sexual incompleta y determinante. La segunda causa es la represión o causa escondida, para dar lugar a los síntomas que valen como retorno de lo reprimido: fijación y represión constituyen la causalidad que propone el incidente sexual como determinante de la neurosis. Freud busca esa causa que perjudicó al sujeto en el orden sexual y determinó sus síntomas. En Lacan lo vemos como retrocausa o efecto de retroacción, una causa que actúa sobre la primera causa y que produce el “efecto síntomai.”

De la verdad que esconde el síntoma no queremos saber…está escondida y no se acopla con la evidencia. Los efectos persisten bajo la condición de que la causa este velada o perdida. “Cuando la causa partió, los efectos bailan”, dice Lacan en el seminario 11 Cuando se levante la represión como causa, o sea, cuando aparezca la verdad que aquella conlleva, los efectos desaparecerán. Los síntomas son siempre efectos indirectos de la represión, vía la verdad y el sujeto. No hay consentimiento común, con lo cual no tiene ningún sentido la noción de tratamiento directo del síntoma que supone que hay una relación directa entre causa y efecto. El sujeto no es objeto y de esto da buena cuenta Miller en su curso planteando un argumento no mecanicista.

EL sentido común, dice MHB en una de sus conferencias,ii considera traumático un acontecimiento no predecible, que implica una efracción en aquellos que están sometidos a dicho suceso. El tratamiento del síntoma que propone lo social o lo conductual, no digamos lo legal! lleva a aquellos sujetos traumatizados a repetir/verbalizar una y otra vez el trauma, a reabrir la herida tal como Freud comprobó cuando se puso a escuchar a los soldados con heridas psíquicas de guerra, era terrible! Actualmente atribuible a los recursos de atención a víctimas de emergencias o catástrofes, u otros recursos de atención a víctimas de VM mal orientados. Las consecuencias de “hacer hablar son catastróficas.”

Para dar cuenta del sentido traumático Freud introduce la represión como ficción que interpreta un fenómeno de cuerpo que se le atribuye a otro responsable (el otro me...lo que sea!) Así, no todas seducidas o abusadas, hay trauma en relación al fantasma que es la interpretación de aquello que no pudo ser nombrado. El fenómeno de cuerpo es interpretado para dar cuenta del goce, que no satisfacción, que surge y que el fantasma viene a responsabilizar a un otro de ello.

Siguiendo con el artículo se tratará ahora de escudriñar el concepto de CEDER que Lacan diferencia en dos tiempos:

  • En la ética del psicoanálisis se trata de CEDER EN (su deseo)-Renunciar. Ceder en su deseo es huir de la angustia engendrada por el deseo.

  • En el seminario de la Angustia, CEDER A (pulsión.) Desaparecer en tanto sujeto y ser confrontado a la pulsión, la del otro y la propia. “No estamos en el registro dialéctico del Sí y el No.” Se trata de una cesión subjetiva que conduce al desamparo, cuando el sujeto cede a la situación cedió algo de su cuerpo que no recuperará jamás.

Cito: “En una situación que por su carácter coagulado nos presenta su condición de inarticulable… lo que se ha producido es algo que da su verdadero sentido al cede d una el sujeto- es literalmente una cesión.” iii

Así, Cuando el cuerpo cede, se trata de un acontecimiento traumático que deja al sujeto “fuera de sí.” La emoción experimentada lo confronta con un forzamiento del cuerpo, parte de goce que lo ha hecho desaparecer y de este Hilflosigkeit (desvalimiento/desamparo) da cuenta el relato de Springora, “Nadie había en la ciudad para verla volatilizarse, evaporarse, desaparecer.”

Consentir entonces es una forma de desposeimiento, es tomar el riesgo de confiar en el deseo del Otro. Decir sí, para hacer la experiencia de un sentimiento de riesgo absoluto. Tal como consentimos al no saber en un análisis…

Hubo trauma, en tanto hubo una confrontación con el goce del Otro. También consentimiento, cesión que implica al sujeto con su goce, del que nada quiere saber y de ahí la dificultad en asumirlo como propio siendo vivido como ajeno, ¿Cómo acceder a la responsabilidad subjetiva? Ese trozo de cuerpo cedido, eso que es gozado será lo que habrá que asumir como responsabilidad subjetiva en el abuso.-


Bibliografía


iMiller (2019) Capítulo 7 “Causa y consentimiento”

iiConferencia MH Brousse ¿Qué es lo traumático? https://www.youtube.com/watch?v=FwwH8eZYTx4&t=1947s

iii Lacan, J.(2004) Seminario X: la Angustia.

i https://elpais.com/gente/2020-03-15/adele-haenel-la-nueva-heroina-del-metoo-frances.html

ii Cf. Leguil, Clotilde: “Ambigüedad del consentimiento, potencia de la escritura. Sobre El consentimiento de Vanessa Springora”, Lacan Cotidiano, nº863







LA RESPONSABILIDAD DEL SUJETO EN EL ABUSO SEXUAL

CAUSA, CONSENTIMIENTO Y RESPONSABILIDAD


Por : Rosa Lahoz Juan


Lacan enlaza la causa y el sujeto. Elije el término consentimiento para que figure al lado del término causa, como complemento en relación a la posición subjetiva.

En “Los Escritos” dirá: “toda causalidad viene a dar testimonio de una implicación del sujeto”. Avanza en el término causalidad más allá de lo que explica el síntoma des de la teoría de la represión. La causalidad no suprime al sujeto, el psicoanálisis aloja la causa por lo que Miller plantea que se le tiene que hacer un lugar en la teoría.

El psicoanálisis se fundamenta en la concepción del sujeto como sujeto del inconsciente, este hecho apunta a una nueva perspectiva sobre la responsabilidad ya que concibe al sujeto como responsable de su deseo y de su acto. La responsabilidad opera como fundamento de la clínica psicoanalítica en la medida en que marca su posibilidad misma y su direccionamiento ético.

Aquí es donde Miller con el ejemplo del pupitre (del que habla Lacan en los escritos) hace una crítica profunda a la psicología del yo, del yo de la consciencia que no deja de ser un espejismo. Lacan habla que el hombre puede hacerse pupitre, tomando el ejemplo del hombre jorobado que deja que su espalda sea utilizada como pupitre. En este caso el hombre está adaptado a la “función operacional” que le asigna quien lo emplea, es decir al amo que lo pone en marcha.

El hombre pupitre no es sujeto más que en el momento que se vuelve pupitre. No se hizo jorobado pero sí pupitre. Es decir, que dio sentido y usó la joroba que recibió de la naturaleza en relación a la respuesta que da a eso a lo que es convocado en relación al otro que le da “un uso” (implicación subjetiva).

Es aquí donde el término consentimiento queda convocado, “mantener una posición adecuada al consentimiento que pone en ello” en tanto que el consentimiento es convocado al lugar donde tiene cabida formular un sí al significante AMO.

En hacerse propia la pulsión, aún si esa pulsión se articula con un sujeto acéfalo, debemos reconocer la instancia del consentimiento. Para Freud, la pulsión de muerte también puede articularse como demanda, como demanda de muerte lo cual implica intrínsecamente el movimiento mismo de la pulsión. Ahí debe insertarse en la posición subjetiva de la demanda. El consentimiento tiene su lugar en la relación misma con el goce, en el cuerpo.

El Crack propio de los tiempos modernos, intercambios de mercado, en el cual se encarnan para todos los límites de la libertad, a los cuales seguimos estando atados. El mercado está formado por decisiones, elecciones y órdenes de los operadores. Se forma el OTRO del mercado, al cual cada uno está atado. Cada una da órdenes pero nadie es el amo, todos están atados. Este es el motivo por el cual cabe reemplazar la orden del sujeto por el ordenador –computer- estamos atrapados en la MATRIX.

El mundo del LGTBIQ, sería un ejemplo de ello, estamos sumergidos en el discurso y solo a pre cup sabremos algo de las consecuencias. Aquí es lo que Lacan denomina el carácter


 perfectamente calculable de un sujeto reducido a la fórmula de una matriz de combinaciones significantes.

LA RESPONSABILIDAD DEL SUJETO

Freud es implacable al referirse a la responsabilidad del sujeto; no sólo da a los sueños y a las mociones psíquicas el estatuto de actos que suponen una intencionalidad inconsciente, y de los cuales el sujeto ha de hacerse cargo en el curso de un análisis, sino que lleva este planteamiento hasta sus últimas consecuencias, responsabilizando al sujeto de sus modos de satisfacción, que aun cuando le son desconocidos, dan cuenta de la paradoja de una elección en el propio padecer.

Tenemos aquí las dos vertientes sobre la RESPONSABILIDAD, en relación al estar comprometido en:

  • Causa y responsabilidad inconsciente en la que el sujeto está implicado, consentimiento, goce…

  • La responsabilidad de la que el sujeto deberá hacerse cargo en el transcurso de su análisis.

CONCEPTO DE DEFENSA, FUNDANTE DE LA DIVISIÓN SUBJETIVA

La noción freudiana de defensa permite un primer acercamiento a la idea de la responsabilidad en psicoanálisis. Al situar esa otra escena que determina al sujeto y de la cual este no sabe, juega y se la juega, sin saber a qué juega y qué se juega. El psicoanálisis cuestiona en su fundamento toda idea de verdad en tanto verdad objetiva.

Freud ubica a la defensa como partiendo de un empeño voluntario de olvido ante el advenimiento de una representación de orden sexual inadmisible para el yo, el cual tiene la función de juzgar y decidir el acceso a la conciencia de los pensamientos de acuerdo con su contenido. Lo interesante es que una vez acontecido el arribo de esa representación y del afecto penoso y displacentero asociado a ella, no hay manera de borrarla; sólo se la puede tramitar a través de la defensa.

El empeño de olvido deriva en la separación de la representación inconciliable y su monto de afecto, de tal suerte que la primera es segregada de la cadena asociativa conformando el núcleo del inconsciente, y el segundo es enlazado a una formación sustitutiva que aparece a la conciencia como síntoma.


La defensa entonces funciona como un mecanismo psíquico que funda al inconsciente, y del cual se sabe a raíz de su fracaso evidenciado en el síntoma en tanto cuerpo extraño que se impone al sujeto como algo ajeno, pero que sin embargo es un sustituto de aquello que se ha querido olvidar. El síntoma, por más absurdo y desconectado que aparezca a la conciencia del sujeto, le compromete etiológicamente en sus fibras más íntimas.


LAS NOCIONES DE TRAUMA Y SÍNTOMA, Y LA PARTICIPACIÓN ACTIVA DEL SUJETO EN SU PADECIMIENTO

 Freud, en un primer momento ubica la causalidad del trauma en una escena de seducción acontecida realmente y agenciada por un adulto sobre un niño que posteriormente devendría neurótico, sin embargo, rápidamente abandona tal suposición, indicando que dichas escenas cuyo recuerdo es despertado durante el análisis, no tienen en la mayoría de los casos una ocurrencia efectiva real, sino que dan cuenta de la fantasmática inherente a cada sujeto.


En los relatos de estas fantasías se descubre la participación activa del sujeto; aun en tanto fantasías, dichas escenas cobran un valor traumático, y en la medida en que comprometen al sujeto como cuerpo erógeno (en relación al goce), tienen para Freud el valor de actos psíquicos fundantes.


Con Lacan puede pensarse que más allá del registro originario de la seducción

real o fantaseada sobre el que Freud elucubra en sus primeros trabajos, lo que se pone en juego allí ES EL HECHO DE QUE EL INGRESO A LA SEXUALIDAD ES TRAUMÁTICO PARA TODO SUJETO.


La sexualidad implica un anudamiento entre el orden significante y la experiencia del cuerpo (goce), en una suerte de encarnación traumática que no ocurre sin la participación del sujeto; este se aliena al significante en detrimento de la vivencia perdida de una pretendida completud (como mito) del ser de goce.


EL CONSENTIMIENTO TIENE SU LUGAR EN LA RELACIÓN MISMA CON EL GOCE. No podemos negar nuestro consentimiento a la verdad, esto ya hace lugar entre causa y consentimiento, a la verdad, de la cual Lacan dirá que lo que en psicoanálisis tiene de característico es el hecho de que se la toma como causa.


La verdad cuando emerge, se muestra. La verdad tiene necesidad de consentimiento. Sigue haciendo falta una incidencia propia del sujeto, aun en la demostración más ajustada. (2 más dos igual a 4) Implicación del sujeto.

La verdad está a favor del rebelde, está del lado de aquel que se rehúsa al consentimiento común. La verdad no se acopla a la evidencia y aquí el concepto de represión adquiere todo su acento de censura.



“EL EFECTO SÍNTOMA”

La teoría de la causalidad freudiana siempre se trata de la causa del síntoma, la represión es un elemento mismo de la teoría de la causalidad. A menos que dispongamos de una doble causa (lógica de una doble causa), no podemos dar lugar a la represión.

La incidencia, la implicación del concepto de represión entre la causa y el efecto traduce el conflicto, contradicción entre la causa y el efecto en el psicoanálisis. Lejos de estar en continuidad, la causa y el efecto se encuentran como separadas por una discontinuidad.

Ahora bien, al relacionar el trauma con el síntoma, Freud introduce la idea de una temporalidad retroactiva, según la cual las escenas como tales no tienen un valor traumático;

 lo adquieren sólo cuando en la vida adulta una ocasión relacionada con la sexualidad despierta su recuerdo anudado a un displacer no abreaccionado (descarga de emociones y afectos) antes.


En esa causalidad donde el sujeto está implicado ocurre que los efectos persisten sólo bajo la condición de que la causa esté velada o perdida.

Lacan dirá que toda causalidad propiamente dicha entraña una implicación subjetiva. Seminario 11 “cuando la causa partió, los efectos bailan”. En psicoanálisis, los efectos sintomáticos supone que hay represión. Cuando se levante la represión como causa, o sea, cuando aparezca la verdad que aquella conlleva, los efectos desaparecerán. De ahí se deriva la no relación directa entre causa y efecto.


Los síntomas son siempre efectos indirectos de la represión, vía la verdad y el sujeto. No hay consentimiento común, con lo cual no tiene ningún sentido la noción de tratamiento directo del síntoma que supone que hay una relación directa entre causa y efecto. En psicoanálisis la discontinuidad entre causa y efecto es fundamental ya que se interpone la represión, sólo una vez que hay algo reprimido, la causa sexual se interpone como tal. Existe un par freudiano formado por la fijación y la represión, por lo cual en Freud los efectos sintomáticos jamás don efectos puros de la fijación. Los síntomas valen como retorno de lo reprimido.

Freud articuló una doble causalidad, da a la fijación como causa primera el estatus de precursora de la represión, de condición necesaria pero no suficiente. Sólo a partir de la fijación (causa primera) y de la represión (causa segunda) se constituye, en sentido estricto la causalidad. Esto lo veremos en Lacan como efecto de retroacción (retrocausa), una causa que actúa sobre la primera causa. Sólo cuando en que la retrocausa actúa sobre la primera causa se produce lo que cabe llamar “el efecto síntoma”.



CAUSA I

Trauma sexual->

CAUSA II

Despertar del recuerdo-->


Síntoma

FIJACIÓN

REPRESIÓN

RETORNO DE LO REPRIMIDO



Si traducimos en términos de significante la doble causa, el hecho que el segundo término sea un significante hace que el primero también deba serlo y entonces ¿Qué es lo que se reprime?

La primera tesis de Lacan es que lo que se reprime es el significado. Cuando él articula esa teoría de la causalidad como metáfora y de que la metáfora implica un surgimiento de significado… La significación siempre está por fuera de la consciencia.


ANALISIS Y RESPONSABILIDAD DEL SUJETO


Miller dirá: Al final de un análisis tenemos en nuestro bolsillo un billete de tren pero aún y así debemos querer tomarlo. Debe haber tanto al principio como en el fin de análisis un consentimiento.


La tarea del analista es justamente apuntar a que el sujeto se haga responsable de esa otra escena que a toda costa ha querido ignorar, pero que paradójicamente ha determinado y comandado su destino.


Es por esto que allí la posibilidad de cura queda planteada del lado de la recuperación de esas representaciones desagradables, de cuyo advenimiento nadie más sino el sujeto es responsable directo.


En este marco, en su “Intervención sobre la transferencia” Lacan postula al psicoanálisis como una relación intersubjetiva que en modo alguno está mediada por la objetivación. Al reconocer al sujeto como constituido por un discurso, el análisis se plantea como una experiencia dialéctica susceptible de ser desglosada en desarrollos de la verdad a partir de inversiones dialécticas sucesivas agenciadas por el analista.


Como correlato de este planteamiento, Lacan afirma que el análisis apunta al surgimiento de la palabra plena, esa palabra que –en oposición a la palabra vacía– se hace portadora de la verdad del inconsciente, reordenando las contingencias pasadas y otorgándoles un sentido con miras al desciframiento del síntoma. Así pues, ubicando a la verdad en el centro del análisis, la palabra plena viene a superar las barreras imaginarias, poniendo al sujeto en relación con su deseo


El sujeto no sólo ha de hacerse cargo de esa escena inconsciente a ser descifrada para dar sentido a su devenir subjetivo, sino que además está comprometido en lo que se juega en él bajo la forma de la pulsión de muerte. En el transcurso del análisis el sujeto sabrá a qué jugó y qué se jugó en lo que jugaba.


Para Lacan, la rectificación subjetiva implica un cambio dialéctico en la posición

del sujeto, ocasionado por una interpretación que parte de los decires del mismo, para retornar a ellos de otra forma. Miller desarrolla esta idea, planteando que dicho retorno de la interpretación a los decires del sujeto implica una transformación de la persona en un sujeto que toma distancia en relación con el dicho.


La responsabilidad subjetiva no equivale a la culpa


Tal movimiento se verifica en la clínica en el paso de la queja por los otros a la queja por sí mismo, como el modo privilegiado de implicación del sujeto en lo que le sucede. Se advierte entonces que la rectificación subjetiva es otro nombre de la responsabilidad freudiana, que va

 más allá del engañoso sentimiento de culpa, comprometiendo al sujeto con la dimensión de su deseo.


El psicoanálisis sin duda apunta a responsabilizar al sujeto de la culpa por ese acto comandado por una ley desconocida por el yo. Como puede notarse, la idea de responsabilidad subjetiva no equivale al sentimiento de culpa, más bien alude al sujeto que se hace cargo de lo que lo compromete en relación con su singularidad más radical.


Un análisis (tal como es definido por Lacan en su Seminario de la Ética del Psicoanálisis) es precisamente la posibilidad de experimentar una relación más ética con el deseo. Es una experiencia paradojal ya que deseo implicaría su satisfacción. No puede tomarse ligeramente.


La relación lógica entre el deseo y la culpa, es una proposición lacaniana En este sentido, Lacan afirma que de lo único que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo, y delimita el campo de la ética del psicoanálisis como una ética conforme al deseo de cada cual. Se trata de propiciar el encuentro del sujeto con su deseo para que actúe de conformidad con él, rescatando siempre allí su diferencia radical.

El acto en el psicoanálisis está del lado del analista, quiere decir que es su responsabilidad. Por el contrario desculpabilizar implicaría intervenir sobre la acción que ha sido llevada a cabo. La primera objeción es lógica y tiene que ver con el circuito: desculpabilizar desresponsabiliza. La segunda, es ética: la acción de desculpabilizar es altamente tentadora en la ilusión de que el analista procede de ese modo a “liberar” al analizante de algo en especial, alejándolo en consecuencia, de la hoja de ruta de su deseo, cuando en verdad, solo la emisión del sujeto libera el sentimiento de culpa, di-luyéndolo. Negar o pretender anularla no podría dar lo mismo que el acto en que se di-luye.

Queda pendiente retomar toda la cuestión de la articulación entre fantasma i fijación en la construcción fantasmática que cada sujeto construye. Doble teoría de la fijación, la primera es la fijación en el síntoma, la segunda es la fijación en el fantasma, y las dos lógicas de estas fijaciones disuenan. Ya que el sujeto es capturado por el Otro de la ley y del lenguaje y a la vez que amenazado por lo real, tiene culpa. Por eso mismo puede hacer hablar a la culpa y ocuparse responsablemente de su implicación subjetiva.


REFLEXIONES DE UNA HISTORIA:

Algunos apuntes sobre la historia de AMELIA TIGANUS Autora del libro: LA REVUELTA DE LAS PUTAS

La escuché en un programa de radio hablando del tema del sometimiento y el consentimiento. Me llamó la atención cómo tras un recorrido en análisis pudo dar cuenta de algunas de las cosas que la llevaron al camino de la prostitución. Con el máximo respeto a su historia apuntaré algunas de las cuestiones que tal vez nos ayuden a pensar sobre el hecho de la causa y de la responsabilidad en situaciones de per se traumáticas. Son anotaciones extraídas de su libro, en la parte que habla de algo de su historia

Tal vez la lectura de algo de la biografía de esta mujer nos puede ayudar a pensar en los “efectos” del análisis en cuanto a saber de la implicación del sujeto en su historia.

Amelia Tiganus nació en Rumania, en 1984, (pag 17) nunca pasó hambre ni frio pero emocionalmente pasó hambre, sed y frio… De ella misma dirá: “soy heredera de una educación autoritaria, con graves castigos físicos y psicológicos”

Fue violada en dos ocasiones.

Tras ser puta, y ejercer la prostitución, recorriendo prostíbulos de toda España consigue salir de este “mundo” y se convierte en activista en pro de la abolición de la prostitución.

Someterse para sobrevivir no es consentir…consentir es demasiadas veces sinónimo de sobrevivir y nos convierte en culpables”.

Aprendiendo me hallo. Identificando, aceptando, domando y utilizando la rabia i el dolor para (re) construir (me) y dejar de destruir (me).

El padre: Lo que yo veía y sentía era un padre ausente, ensimismado, haciendo cosas de manera automática, como un robot y una madre que me sofocaba con su control, sus castigos…sus desprecios

La madre: He intentado comprender que ocurre a nivel macro para que una madre sea capaz de verter sobre su hija la violencia verbal, los comportamientos sádicos i despreciativos, la repulsa afectiva, las exigencias excesivas o desproporcionadas para la edad… a lo que hay que sumar maltrato físico

En casa no se hablaba casi nunca de nada más allá de lo básico y fundamental. La disciplina a través de la violencia física y psicológica empezó a dejar huella en mi corta vida…

Reproché y acusé a mi madre de todos mis males. Me pegaba, se avergonzaba de mí. Solo quería que la obedeciera.

Solo pensé en vengarme de ella. Le propongo a un chico follar, no sé lo que es follar…Sólo sé que está prohibido y que a mi madre la puede matar. Así que lo voy a hacer. La voy a matar.

Me arrepiento de haberlo hecho, esto no era así en mis sueños. Ni cuando en los recuerdos de la infancia mi tío se frotaba contra mi cuerpo y me decía que era su preferida… una cosa sé: mi madre no volverá a tener el control sobre mí. Pase lo que pase. Abandono el nido y me lanzo al mundo. Ese mundo del que nada sabía ni nada quería contarme…

Pensaba en suicidarme pero no por acabar con mi vida sino por acabar con el dolor y la incertidumbre. No lo hice. Por amor. Por amor a mi hermana y por el amor que mi hermaname demostraba. Ella veía en mi a un ser admirable cuando para todos los demás solo era una puta, un desecho, y me agarré a esa mirada como un clavo ardiendo y seguí buscando la paz en el infierno.




BIBLIOGRAFIA

  • Causa y consentimiento, Jacques Alain Miller, Cap 7 Consentimiento

  • La responsabilidad subjetiva. Actualidad del planteamiento freudiano. Megdy David Zawady Matallana. Desde el Jardin de Freud, núm 5 Bogota.

  • La revuelta de las putas. Amelia Tiganus. Ed. Sinequanon